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Martí (Uría): “Los clientes prefieren la abogacía preventiva: buenos contratos y pocos pleitos”

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El despacho de abogados Uría Menéndez celebra este año dos décadas de actividad profesional en Valencia. Un tiempo en el que ha pasado de tener tres abogados a una plantilla de 60 profesionales, de los que 40 aproximadamente son abogados y el resto personal de apoyo que ocupan un edificio recién remodelado en la calle Colón. De los 20 años de trayectoria hablamos con el socio director de la firma en Valencia, Jorge Martí.

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– En estos 20 años que Uría lleva establecido en Valencia, ¿cómo ha evolucionado el cliente y cómo lo ha hecho la práctica de la abogacía?

– Cuando me hice cargo del despacho hace 20 años recibí una acogida muy buena. Buscaba para ofrecer como valor diferencial la internacionalización.

La empresa valenciana se ha caracterizado siempre por su dinamismo de cara al exterior y la globalización de la economía permitía aprovechar las oportunidades.

Los años del gran desarrollo

Fueron unos años de gran desarrollo, tanto para la internacionalización como para la llegada de inversiones extranjeras a Valencia.

Nuestros clientes siempre han sido empresas valencianas de solera, grandes y medianas, que valoran la calidad de los servicios jurídicos; que les gusta invertir más en abogacía preventiva que en abogacía patológica. Es decir: tener buenos contratos y tener pocos pleitos.

– En estos años, ¿qué nuevos servicios se han incorporado al despacho?

– Desde que empezamos hemos estado permanentemente ampliando las ramas de derecho. Inicialmente ejercíamos mercantil, en un sentido amplio; luego añadimos procesal y arbitrajes; más adelante entramos en urbanismo por el potencial enorme que tenía Valencia. Y más tarde, fiscal, laboral, administrativo, medioambiente y ya, el último, el año pasado incluímos protección de datos. Próximamente añadiremos derecho de la competencia, para lo cuál estamos formando a una persona del despacho.

Nuestro objetivo es ir formando a gente que no se dedique en exclusiva a un tema, pero sí que concentren todo el know how y colaboren con las sedes de Madrid y Bruselas.

– ¿Qué novedades normativas han incidido más en la práctica profesional?

– La Ley de Sociedades de Capital y, antes, las modificaciones estructurales.

– También en estas dos décadas hemos asistido a la invasión de las nuevas tecnologías que han cambiado la forma de trabajar y de pensar. Para la práctica de la abogacía esto ¿ha supuesto una ayuda o un quebradero de cabeza?

– Las TI y las nuevas herramientas nos han ayudado mucho. Ahora, con los dispositivos móviles tienes acceso a tu correo, a tus documentos… Puedes aprovechar los viajes para trabajar. Tiene el lado oscuro de que siempre estás conectado, pero tiene la ventaja de que tu oficina va contigo.

Trascendiendo lo individual, la tecnología nos ha sido de gran ayuda en la gestión del conocimiento. Tenemos todos los cursos de formación archivados y podemos consultarlos cuando hay necesidad, repasar temas que no son muy habituales… por poner un ejemplo, adquisición de buques o derecho marítimo.

Buenas notas e inglés

– ¿Qué perfil profesional es el que encaja en Uría Menéndez?

– Nuestro proceso de selección se dirige a graduados. Es muy raro que busquemos gente con experiencia previa. Preferimos formar a nuestros abogados.

Ahora, con la Ley de Acceso a la Abogacía, todo esto está cambiando. Antes fichábamos licenciados en Derecho, con buenas notas, con un carácter adecuado para esta profesión –porque no todo el mundo sirve– y con un elevado conocimiento de inglés.

En muchos casos venía gente con másteres, con doble licenciatura, con más idiomas, pero no era un requisito de admisión.

Con el cambio de la licenciatura al grado hemos tenido que ir adaptándonos a las nuevas circunstancias. Ahora nos dirigimos a los graduados que, cuando acaban el máster de abogacía, se incorporan.

En Valencia, dependiendo del año, estamos seleccionando entre cuatro y seis candidatos, más o menos uno por cada área de derecho que ejercemos en Uría Menéndez.

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Crisis y bonanza

– Como socio director del despacho en Valencia de Uría Menéndez, ¿qué espera de los próximos diez años?

– Como dicen los disclaimer de los folletos de fondos de inversión, “rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras”, pero, la verdad, nuestra profesión reacciona bien ante la crisis.

Se tiene mucha necesidad de nuestros servicios. La naturaleza de nuestros servicios no es igual de agradable en tiempos de bonanza que en tiempos de crisis. No es lo mismo estar en un proceso de internacionalización que con refinanciaciones, recortes, ERE o concursos.

Dicho esto, nuestro nivel de actividad en los últimos doce años ha sido apasionante.

¿De cara al futuro? Una gran incertidumbre, pero hemos funcionado bien en tiempos de bonanza y en tiempos de dificultad. Yo confío en que vaya bien.

¿Cuáles son los indicadores que me facilitan una lectura positiva del futuro? Pues que a los valencianos nadie nos tiene que enseñar a exportar. Mientras haya partes en el mundo que les vaya bien, nosotros iremos allí a vender.

La internacionalización es una baza por la que hay que apostar. Exige un ejercicio de introspección para conocer tus fortalezas. Hay que considerarla como un mecanismo para dilucidar estas incertidumbres, no necesariamente la conclusión va a ser “me voy a internacionalizar”, pero lo que sí que tienes que hacer es ese análisis.

Creo que con la internacionalización, con el negocio inmobiliario que va a volver, con el clima, el turismo y los servicios tenemos unos ejes sobre los que construir un bienestar que, a lo mejor, no es el que disfrutamos a mediados del año 2000… fue bonito mientrás duró y “que nos quiten lo bailao”.

Se critica mucho la construcción, pero trajo mucho bienestar. Es cierto que se hizo de una manera desordenada.

También se ha producido una mayor regulación empresarial.

La reglamentación es fundamental. No es una vacuna, pero sí una medida de diligencia. Ahora los temas inmobiliarios se estudian mucho más antes de tomar la decisión de invertir. Actualmente ya no se acepta sin pensar ser consejero de una empresa, porque eso tiene consecuencias; el tema del compliance, pero no solo penal, en riesgos laborales, temas medioambientales, de recursos humanos… Esto va a hacernos mejores a todos.

A mí me parece bien que haya esta sobrerregulación que nos ha dado trabajo y nos lo seguirá dando.

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