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Miguel Ángel Juan y José Miguel Rosell se conocieron en la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universitat Politècnica de València (UPV). Su primer contacto fue como profesor (Miguel Ángel) y alumno (José Miguel). “Al finalizar el proyecto fin de carrera, que me dirigió Miguel Ángel, en 1990, de las tres o cuatro ofertas de trabajo que tenía, decidí quedarme en Unión Naval de Levante”, explica Rosell. “Trabajé a las órdenes de nuestro actual director Económico-Financiero, Vicente García, que era la persona de confianza del presidente de la empresa, Fernando Abril. El primer proyecto en el que participé fue en la selección de un sistema de CAD-CAM para el diseño de buques en tres dimensiones. UNL fue el primer astillero español que tuvo un sistema de diseño asistido”. Estuvo 12 años en el astillero. “Fue una experiencia profesional espectacular, porque construir barcos como los que se hacían allí era como hacer toda una ciudad en un espacio reducido”.

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Estando en el astillero, dio clases de informática en la Facultad de Económicas de la Universitat de València (UV), “pero me di cuenta de que aquello no era lo mío”. Y también estuvo dirigiendo proyectos de ingeniería como profesional por cuenta propia, “hasta que una madrugada, volviendo de una dirección de obra, tuve un accidente de tráfico serio y comprendí que no podía seguir a ese ritmo, atendiendo tres actividades profesionales diferentes”.

Dejó el astillero en 1999, “poco antes de la venta al Grupo Boluda, y se incorporó a Tissat como director de Explotación, “para llevar lo que en aquel momento se llamaba Infocentre, que daba soporte tecnológico a GVA y a los centros de emergencias 112 de la Comunidad Valenciana y Murcia entre otros proyectos”. En Tissat estuvo tres años, “y aprendí mucho, porque el equipo técnico era muy bueno y trabajábamos en proyectos interesantísimos”.

En Tissat empezó a profundizar en los temas de seguridad informática. “Allí conocí a quien hoy es nuestro director de Seguridad, Antonio Villalón, un número uno en ciberseguridad”. A caballo entre 2002-2003 “decidí dejar Tissat, pues por cuestiones internas de la empresa, ya no estaba cómodo allí dentro”.

“Como ha contado José Miguel, coincidimos en la Escuela”, explica Miguel Ángel Juan, “pues cuando obtuve la titulación decidí quedarme dando clases. Durante tres años di clases de Tecnologías de Programación y de Técnicas de Representación Gráfica y trabajando en el grupo de investigación denominado Automática e Informática Industrial”. En 1989 “salió a concurso la plaza de profesor que yo ocupaba, pues en aquella época la UPV estaba creciendo a marchas forzadas y si hacías las cosas bien y tenías buena preparación era casi seguro que obtenías plaza de profesor titular. Pero en ese momento me plantee si quería ser profesor universitario toda mi vida o intentarlo en la empresa privada y opté por lo segundo”.

Miguel Ángel Juan concurrió a un proceso de selección de IBM para la fábrica de la Pobla de Vallbona, “y me ofrecieron trabajo en agosto de 1989. El primer año estuve con unas máquinas de control numérico para mediciones de piezas en el área de calidad. Este proyecto me dio la oportunidad de ir a Dallas (EE.UU.), con 24 años, a formarme en productos que tenía IBM sobre el tema”. Poco después, en 1991, “me ofrecieron volver a EE.UU. pero a trabajar en el laboratorio de Endicott, en el Estado de Nueva York, la cuna de IBM. Estuve un año allí y otro en el laboratorio de Poughkeepsie”. Estos dos años fueron “una de las etapas más interesantes que he tenido en el ámbito profesional pues, además de conocer el país y su cultura, hice muchos contactos con personas de IBM que estaban trabajando en esos laboratorios”.

Volvió a la planta de Pobla de Vallbona en 1993, al área de Desarrollo de Nuevos Productos, “que era la parte más parecida a I+D que tenía la fábrica”. Vivió la transición de IBM a MSL, y en 1998 “la empresa hizo una spin-off con el área de Redes de Comunicaciones, que era muy técnica, transformándola en una empresa independiente, Fringes. Me ofrecí voluntario para ir allí, pues no acababa de ver mi carrera dentro de MSL, que se dedicaba a fabricar para terceros, con menor componente de investigación”.

Cuando se incorporó a Fringes, “ya estaba valorando lo de montar mi propia empresa, pero tenía un problema: no conocía a nadie; mis contactos profesionales estaban en Estados Unidos y en IBM. Aproveché la etapa en Fringes para ir haciendo agenda de contactos”. Al año, en 1999, “me establecí por mi cuenta; al principio, como freelance. Lo que hacía era vender mi tiempo gestionando proyectos de desarrollo de software en otras empresas. No tenía claro el proyecto empresarial más allá de eso, porque entonces no había nadie que te ayudase para ser emprendedor o empresario”, explica Miguel Ángel Juan. “A mi favor tenía un buen nivel de conocimientos en el desarrollo de software, mucha experiencia e ideas para hacer las cosas mejor de lo que veía a mi alrededor. No solo era un buen programador y dominaba prácticamente todos los lenguajes de programación al uso entonces, sino que también dirigía equipos de programadores”.

– ¿Cuando se produce el reencuentro entre ustedes dos?

JMR. Nos perdimos la pista cuando Miguel se fue a EE.UU., pero, casualidades de la vida, como vivíamos en el mismo barrio, un día, en 1998, coincidimos en un videoclub del barrio. Yo aún trabajaba en UNL y él estaba ya en Fringes. En el astillero teníamos que contratar la instalación de la red de fibra óptica y se la encargamos a ellos. Desde entonces, ya no perdimos el contacto.

Cuando Rosell dejó Tissat, “comenzamos a hablar de lo que podríamos hacer juntos”. Miguel Ángel Juan ya tenía su empresa, “pero reformulamos el proyecto de arriba abajo y creamos lo que hoy es S2”.  

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