Pons, un gran impulsor del movimiento cooperativo

– Durante casi 20 años usted estuvo fuera del negocio familiar, participando de forma activa en el desarrollo del movimiento cooperativista valenciano. ¿Qué le hizo salir del negocio familiar y qué le hizo volver?

– Son decisiones que se toman en función del momento por el que atraviesa la persona, pero no es del todo cierto decir que estuve fuera del negocio familiar, porque nunca abandoné el Consejo de Administración ni sus reuniones mensuales. Lo que sí es cierto es que, durante esos años, no desempeñé funciones ejecutivas en Importaco.

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De joven participé activamente en Acción Católica y movimientos cristianos de base, y a principios de los 70, junto con unos cuantos amigos, iniciamos el desarrollo del movimiento cooperativo en Valencia, inspirados por lo que estaba pasando en el País Vasco. El primer logro fue la Cooperativa de Viviendas Populares, que tuvo bastante éxito, y luego en el año 75 arrancamos Consum, con una tienda en Alaquàs.

A mi me asignaron la responsabilidad del proyecto Consum, y cuando ya teníamos tres establecimientos, pues después de Alaquàs vinieron Catarroja y Quart, yo no podía mantener el ritmo de las dos empresas, aunque en aquella época hacer jornadas de 14 y 15 horas no era extraño. Opté por Consum, donde me nombraron director general.

– Pero su participación en el movimiento cooperativo valenciano no se limitó a Consum.

– El movimiento siguió su desarrollo paulatino. Después de la Cooperativa de Viviendas Populares y Consum vino Caixa Popular, donde estuve algunos años como presidente, y también impulsamos la puesta en marcha de Escola La Florida. Fueron años de mucha actividad en el desarrollo del movimiento cooperativista, pero mi dedicación principal siempre estuvo en Consum.

– Y participó activamente en el intento de fusión entre Eroski y Consum.

– El proyecto de integración de Eroski y Consum era bonito, pero complicado, Nació de la necesidad de concentración de la distribución moderna y, en ese marco, tuvimos la idea de unir las dos cooperativas. Aunque Eroski era mucho más grande que Consum, tanto Eroski como Consum necesitaban cambios para ganar en eficiencia y mercado.

Antonio Cancelo, el principal impulsor del proyecto por parte de Eroski, y yo en representación de Consum, nos entendimos bien y desarrollamos un proyecto empresarial que funcionó; con muchas dificultades, pero que avanzaba. Pero a mediados de los 90, Antonio se retiró de Eroski para presidir el Grupo Mondragón, y yo cada vez me encontraba más incómodo con la situación que estaba creándose. En el 96 decidí volver a Importaco. A los pocos años me enteré de que el proceso de integración estaba estancado porque no había entendimiento entre las partes, y como la fusión jurídica nunca llegó a producirse -había sólo acuerdos estratégicos de coordinación-, la decisión de seguir cada cual su camino fue posible. Es una lástima y pienso que fue una decisión equivocada. El proyecto debería haber continuado, pues había más a ganar que a perder.

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