Los guías de turismo denunciarán a empresas por intrusismo
El colectivo profesional alerta del aumento de visitas guiadas sin habilitación en plena temporada alta y exige más inspección y control para proteger la legalidad y la calidad del servicio
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Los profesionales denuncian un incremento de grupos guiados sin acreditación en los principales enclaves turísticos y preparan acciones legales contra empresas que operan al margen de la normativa
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El conflicto reabre el debate sobre convocatorias, control administrativo y competencia en precio en un contexto de presión creciente por los free tours y la temporada alta
Los guías de turismo habilitados en Comunitat Valenciana han anunciado que denunciarán a distintas empresas por intrusismo y malas prácticas, al considerar que el volumen de visitas guiadas realizadas sin acreditación -y el incumplimiento de la normativa- va en aumento. La iniciativa, impulsada desde el colectivo profesional, llega a las puertas de la temporada alta y reabre un conflicto recurrente en el turismo urbano: quién puede guiar, dónde, bajo qué requisitos y con qué controles.
Para el sector, no se trata solo de competencia en precio. Está en juego la reputación del destino y la legalidad del servicio: «Es como si tú tienes la licencia de taxi y de pronto te aparecen un montón de VTCs», resume Marta Templado, directora ejecutiva de Turiart, una de las firmas valencianas con más trayectoria en turismo cultural y contratación de guías oficiales.

Marta Templado, directora ejecutiva de Turiart, en una de las mesas de debate celebradas en Economía 3.
Una profesión regulada: no son “guías turísticos”, son “guías de turismo”
«Lo primero que tienes que saber es la legislación y la comunidad autónoma», arranca Templado. «El título de la Comunitat Valenciana es guía de turismo… no son guías turísticos, sino guías de turismo». Con ese matiz, introduce la base del conflicto: en la Comunitat Valenciana la actividad de guía de turismo está vinculada a una habilitación administrativa que permite ejercer en determinados espacios y contenidos.
En particular, explica, la profesión «lo que limita es enseñar los bienes de interés cultural», es decir, los BIC. Y en ese marco, la habilitación funciona «como si fuera un carnet de conducir. Porque no es un título que tú saques, es como una licencia». La forma de obtenerla, añade, es mediante un examen convocado por la administración autonómica.
La regulación, además, no es homogénea en España. «Hay diferentes requisitos según qué comunidad autónoma. Hay comunidades donde el ejercicio de guía de turismo es libre», señala. Pone como ejemplo Madrid (con excepciones en determinados espacios patrimoniales), mientras que en la Comunitat Valenciana la habilitación es necesaria «para poder guiar cobrando» en el marco regulado.
Este punto, aparentemente técnico, explica por qué el debate se enciende cada cierto tiempo: profesionales que han invertido años en esperar convocatorias, prepararse y superar pruebas compiten en la calle con personas que ofrecen visitas sin ese «carnet».
El cuello de botella: convocatorias que tardan años y una demanda de idiomas desigual
La habilitación depende de convocatorias públicas que no siempre son frecuentes. «La convocatoria muchas veces tarda años en salir… a veces han pasado cuatro o cinco años y no han convocado», sostiene Templado. El resultado es un embudo: hay quienes aseguran que quieren habilitarse, pero no encuentran una vía ágil para hacerlo.
Según explica, una de las razones es el coste organizativo para la administración: «Convoca y cualquiera se puede presentar al idioma que le dé la gana… con que tengas a uno de lenguaje de signos, a otro de ruso, a otro de rumano… es muy caro«. Ese diseño, pensado para cubrir un abanico lingüístico amplio, acaba dificultando la periodicidad.
Y, sin embargo, la demanda existe y cambia rápido. «Hay muchos idiomas… se va a promocionar la Comunitat Valenciana en el mercado polaco. ¿Pero cuántos guías de polaco hay?», plantea. Ese desajuste entre demanda (mercados turísticos emergentes) y oferta (guías habilitados en determinados idiomas) es uno de los puntos donde algunas empresas justifican recurrir a perfiles no habilitados.
Templado reconoce el dilema desde el lado empresarial: si una agencia trabaja con un mercado concreto y no encuentra guía disponible en ese idioma, la tentación es «coger a unos… los formas y a trabajar». Y ahí surge el choque con los profesionales habilitados: «Los otros guías dicen: ‘No, eso no, me tienes que contratar a mí’».
Free tours y precios: “ha llegado un momento en que se ve mucho”
Para Templado, el detonante que ha multiplicado la tensión en los últimos años se resume en dos palabras: «free tours». «De pronto surgen los free tours… empiezan a trabajar personas sin tener esa habilitación», afirma. Y lo conecta con un contexto de trabajo estacional y precariedad estructural: «Hay meses en los que hay menos trabajo, hay más dificultad… porque la mayoría son autónomos».
«Yo te diría que el 90% de los guías de turismo son autónomos. Muy pocos están contratados con nómina», subraya. Esa condición —autónomos que dependen de volumen y tarifa— hace que la competencia por precio sea especialmente corrosiva.
La diferencia de costes se traslada al mercado: «Hay empresas o agencias que, como no trabajan con guías oficiales, los precios de las visitas guiadas son muy baratos. Porque a lo mejor lo hacen con estudiantes…». En el caso del free tour, además, el modelo de pago voluntario (tú luego le das lo que tú quieres) deforma la comparación y empuja a la baja el precio percibido del servicio guiado profesional.
Según su experiencia, el fenómeno ya es visible en la calle: «Los guías los ven todos los días… trabajando en el centro histórico de València, de Castelló de la Plana, de Alacant… y de pronto se encuentran con gente que está llevando un grupo» sin acreditación. Ese «lo vemos a diario» es lo que, en su opinión, ha llevado al sector a pasar a la acción y preparar denuncias.
Falta de inspección y un protocolo que busca coordinar controles
El colectivo profesional apunta desde hace tiempo a la necesidad de inspección y coordinación entre administraciones. Templado lo expresa sin rodeos: «El ayuntamiento y la Conselleria deberían poner inspecciones o controlar… pero no hay suficiente control. No se le da importancia».
En ese sentido, el Ayuntamiento de València aprobó en 2024 un protocolo con la Generalitat Valenciana para colaborar en acciones contra el intrusismo y la competencia desleal en la profesión de guías. El papel, sin embargo, no siempre se traduce en una percepción de control efectivo sobre el terreno, especialmente cuando el volumen turístico crece y aparecen nuevos operadores y formatos.
De hecho, dentro del propio sector se asume que el conflicto es cíclico: «Esto es cíclico. Cada poco se ponen así, pero es la defensa de su profesión», afirma Templado.
La perspectiva empresarial: habilitación sí, pero calidad del servicio también
Templado introduce un matiz incómodo para el sector: la habilitación es necesaria, pero no garantiza por sí sola la calidad. «Nosotros llevamos 25 años trabajando el turismo cultural… contratamos todos los días a guías oficiales», explica. Pero añade: «No todos los guías oficiales que tienen carné son buenos profesionales».
Pone un ejemplo recurrente: el idioma. «He tenido reclamaciones del nivel de idioma de un guía… porque le han convalidado un B2 que se lo sacó cuando era joven y ahora su nivel no es bueno».
Su analogía vuelve al «carnet de conducir». «Tú te sacas el carnet, pero luego es un peligro público… puede pasar igual». En otras palabras, el sistema de habilitación funciona como filtro legal, pero el mercado exige profesionalidad real: comunicación, solvencia histórica, gestión de grupos, idiomas y capacidad de adaptación.
Este punto es relevante para entender por qué algunas empresas buscan atajos. Si el mercado presiona por precio, y además hay problemas de disponibilidad en ciertos idiomas o franjas horarias, el incentivo a operar al límite (o fuera) de la norma crece. Pero para los guías habilitados la línea roja es nítida: si la actividad está regulada, el cumplimiento debe ser exigible.
Por qué el conflicto escala ahora: brecha entre autónomos y asalariados
Más allá de la norma, Templado conecta el malestar con una dinámica social y laboral: «Hay una diferencia tan grande entre autónomos y personas por cuenta ajena… hay una brecha social cada vez más grande». En su lectura, esa brecha endurece la defensa corporativa: «Los autónomos cada vez más van a ser totalmente intransigentes con la defensa de su profesión».
A ello se suma la inflación y el coste de la vida: «Ahora están subiendo todos los precios… la gente necesita cobrar más». Si los guías habilitados suben tarifas para sostener ingresos y aparecen operadores ofreciendo el servicio «por menos de la mitad», el choque es inevitable: «Pasa lo que pasa».
Y vuelve la idea de inversión: preparar y esperar convocatorias supone tiempo y coste de oportunidad. «El que se lo ha sacado dice: ‘Oye, perdona, que yo estuve esperando dos años… me ha costado mucho, me he tenido que preparar… y eso ahora es mi trabajo’. Es como la licencia del taxi… necesitan amortizar esa inversión».
Qué puede pasar: denuncias, sanciones y un debate que seguirá abierto
A medio plazo, el debate vuelve a preguntas estructurales que el sector lleva tiempo arrastrando y que ahora reaparecen con más fuerza: cómo garantizar inspección suficiente en los puntos de mayor presión turística, cómo lograr que las habilitaciones se convoquen con mayor periodicidad sin que el coste organizativo lo haga inviable.
También la necesidad de cubrir idiomas de mercados emergentes sin abrir una puerta trasera a la informalidad y, en paralelo, cómo elevar los estándares de calidad del servicio más allá del “carnet”, sin que eso se traduzca en desregular una profesión que, precisamente, se protege por su impacto en el patrimonio y en la experiencia del visitante.
Maria ToldràGraduada en Periodismo por la Universitat de València, está especializada en periodismo de datos tras cursar el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización de Unidad Editorial. Ha crecido profesionalmente en El Mundo y Europa Press. Desde 2026 es redactora en Economía 3 y bucea entre cifras económicas.
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