¿Cuántas veces habéis utilizado la expresión «la empresa y los trabajadores»?
Mayte Carvajal, Mentora de Negocio y RRHH para empresarias
La jornada organizada por la Fundación Mujeres al Timón junto a la Fundación Vicky Foods -de la mano de Mariola Juan– el pasado 16 de enero en las instalaciones de Vortex Coworking, no fue solo un encuentro sobre liderazgo y turismo sostenible. Fue, sobre todo, una lección de vida articulada a través de la historia del líder masái William Kikanae, nacido en Masái Mara, que ha convertido una experiencia personal marcada por la dificultad en un proyecto de transformación social con impacto real en su comunidad.
Su relato comienza en la sabana, caminando cada día kilómetros para llegar a la escuela, entre elefantes, búfalos y leones. «Ir a estudiar era peligroso, pero rendirse lo era aún más», explicó ante un público que escuchaba atento. No había comida suficiente, ni material escolar, ni garantías. Pero sí una convicción temprana: la educación era la única vía para cambiar su destino y el de los suyos.

La presidenta de la Fundación Mujeres al Timón y socia directora de Economía 3, Elisa Valero, durante la presentación
William creció en una sociedad donde las aspiraciones solían reducirse a ser guerrero o pastor. Sin embargo, él empezó a cuestionar ese marco. «En mi comunidad querían que fuéramos doctores o guerreros, pero yo quería empoderar a las mujeres», recordó. Aquella idea, que hoy parece evidente, fue durante años una negativa. Le dijeron que era imposible. Que no funcionaría. Que no era el camino.
Su madre, en cambio, sí creyó en él. Vendió una cabra para que pudiera estudiar, le sostuvo y le enseñó algo que marcaría su vida: cuando una mujer tiene recursos, toda la familia prospera. «Ayudar a las mujeres es devolverle a mi madre todo lo que hizo por mí», afirmó con serenidad.
Uno de los momentos que más impacto causó durante la jornada fue cuando el líder masái relató que rechazó una beca para estudiar en Estados Unidos. Una oportunidad que para muchos habría sido irrenunciable. «No quería irme a otra vida y olvidar a mi pueblo», explicó.
Aquella decisión marcó definitivamente su liderazgo: no se trataba de salvarse él, sino de construir futuro para los demás.
A partir de ahí comenzó un largo camino de viajes a Nairobi, de reuniones, de puertas cerradas y promesas incumplidas. Hasta que conoció a Rosa Escandell y juntos empezaron a transformar un sueño en realidad: una escuela, una cooperativas de mujeres, formación, empleo.

El líder masái William Kikanae
William Kikanae no concibe el liderazgo como una posición jerárquica, sino como una responsabilidad permanente. «Un líder debe estar preparado para cualquier problema y nunca abandonar a su gente», señaló. Para él, liderar es escuchar, resolver, sostener. Y, sobre todo, permanecer.
Hoy su proyecto se articula en torno a tres pilares: educación, mujer y empleo. La escuela acoge a centenares de niños. Más de 1.400 mujeres masái participan en cooperativas productivas y los antiguos guerreros se han formado para trabajar en turismo sostenible, con salarios dignos y un futuro profesional.
Uno de los grandes aprendizajes que William compartió en la jornada es cómo el turismo puede convertirse en una herramienta de desarrollo real, si se gestiona desde la comunidad y no desde fuera. El campamento Sawa Mara, gestionado mayoritariamente por masáis, canaliza los beneficios directamente hacia la educación y los proyectos sociales.

Rosa Escandell, cofundadora del proyecto ADCAM
«Somos únicos porque cuando vienes no solo ves animales, conoces a nuestra gente, nuestra cultura y nuestro modo de vida», explicó. No se trata solo de observar la sabana, sino de comprenderla desde dentro.
Y añadió una reflexión que sintetiza su visión: «La educación es la clave del desarrollo. Si queremos cambiar una comunidad, tenemos que empezar por ahí».
La historia de este líder trasciende el contexto africano. Interpela directamente a cómo entendemos hoy el liderazgo empresarial y social: no como acumulación de poder, sino como generación de oportunidades; no como éxito individual, sino como progreso colectivo.
Su mensaje es claro: no hay transformación sostenible sin educación, sin mujeres empoderadas y sin empleo digno. Y, sobre todo, no hay liderazgo auténtico sin compromiso con la propia comunidad.
Como él mismo resumió al cierre de su intervención: «No soy líder porque mande. Lo soy porque no me fui cuando era más fácil irse».
Sara MartíCoordinadora editorial. Graduada en Periodismo por la Universidad Jaume I, estoy especializada en contenido web y ediciones digitales por el Máster en Letras Digitales de la Universidad Complutense de Madrid. Mi experiencia en el mundo de la comunicación abarca desde el institucional hasta agencias y medios de comunicación. Al día de la actualidad empresarial y financiera en Economía 3 desde marzo de 2021.
Mayte Carvajal, Mentora de Negocio y RRHH para empresarias