Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3
Durante décadas hemos hablado de tecnología en términos de productividad, innovación y crecimiento económico. Hoy esa mirada resulta insuficiente. La inteligencia artificial, los drones, los sistemas autónomos, los datos y la ciberseguridad se han convertido también en elementos estratégicos. La capacidad tecnológica ya no determina únicamente qué empresas liderarán los mercados, sino que está modificando las relaciones de poder y la propia naturaleza de la defensa.
La OTAN reconoce que tecnologías como la inteligencia artificial, los drones y los sistemas autónomos están transformando la forma en que se desarrollan los conflictos. De hecho, la Alianza identifica actualmente nueve áreas tecnológicas prioritarias, entre ellas IA, sistemas autónomos, tecnologías cuánticas, espacio, sistemas hipersónicos y redes de comunicaciones de nueva generación.
Europa también está acelerando sus inversiones. En abril de 2026, la Comisión Europea anunció 1.070 millones de euros para 57 nuevos proyectos del Fondo Europeo de Defensa, con iniciativas relacionadas con inteligencia artificial, ciberdefensa, drones y sistemas antidrones. Desde la entrada en funcionamiento del Fondo en 2021, los compromisos acumulados de la Comisión alcanzan ya aproximadamente 6.500 millones de euros en investigación y desarrollo de defensa.
Pero, quizá el mejor ejemplo de hasta qué punto está cambiando la tecnología sea el dato. En septiembre, el Ministerio de Defensa británico anunció que hasta doce empresas del Reino Unido podrán acceder a datos obtenidos en el campo de batalla ucraniano para desarrollar modelos de IA destinados a nuevas generaciones de enjambres de drones. Se trata de imágenes y vídeos captados por sistemas no tripulados mediante sensores térmicos y diurnos que servirán para entrenar y evaluar modelos de inteligencia artificial.
Incluso el programa de trabajo 2026 del Fondo Europeo de Defensa incluye una convocatoria específica, dotada con 23 millones de euros, para investigar el uso de IA en el análisis de situaciones tácticas mediante enjambres de pequeños robots y drones.
Estos datos muestran una transformación que va mucho más allá del sector militar. Muchas de estas tecnologías tienen naturaleza dual: una innovación desarrollada inicialmente para usos civiles puede adquirir aplicaciones de seguridad o defensa y viceversa. La propia OTAN sitúa precisamente las tecnologías de doble uso en el centro de su estrategia de innovación.
Y aquí aparece la cuestión que considero verdaderamente importante: cuanto mayor es la capacidad de la tecnología, mayor debe ser nuestra reflexión sobre sus límites.
La IA puede automatizar una fábrica, diagnosticar patrones, optimizar una empresa o mejorar servicios públicos. Pero tecnologías similares pueden utilizarse también para vigilancia, manipulación informativa, ciberataques o sistemas militares. De hecho, la estrategia de IA de la OTAN identifica expresamente la desinformación y las operaciones de información habilitadas por IA entre los riesgos que deben abordarse.
Por eso el debate tecnológico del siglo XXI no puede limitarse a preguntarnos qué somos capaces de hacer. También necesita preguntarse, bajo qué condiciones se desarrolla y se utiliza esa capacidad, qué responsabilidades implica y dónde situamos la intervención humana.
De estas y otras muchas cuestiones debatiremos en el próximo Congreso de Tecnologías Emergentes que se centra en abordar el papel estratégico de la IA ante el nuevo orden geopolítico mundial el 12 y 13 de noviembre.
Como escribió el filósofo Hans Jonas, la civilización tecnológica obliga a ampliar nuestra idea de responsabilidad hacia las consecuencias futuras de nuestras acciones. Esa reflexión resulta especialmente idónea hoy: el verdadero avance tecnológico no puede medirse solo por la potencia de las herramientas que creamos, sino también por nuestra capacidad para comprender y gobernar sus consecuencias.
Nuria Lloret, presidenta de AECTA (Asociación Empresas de Tecnología, Consultoría e Innovación de la Comunitat Valenciana) y City Lead de Women in AI València
Elisa Valero, Socia-directora de Economía 3
Raúl Romera, CEO en Iwantic
Elisa Valero, Socia-directora en Economía 3
Juan José Fernández-Figares, Director de Gestión de Instituciones de Inversión Colectiva en Link Securities