Juan Amirola, Rafiki África: "Nuestra meta es no ser necesarios algún día"
El presidente de la ONG defiende un modelo de cooperación integral, eficiente y con vocación de autonomía, capaz de transformar comunidades de Uganda desde la educación, la salud, la agricultura y el emprendimiento femenino
Hay personas que, al llegar a una etapa de la vida en la que podrían elegir la calma, deciden ponerse al servicio de los demás con más convicción que nunca. Juan Amirola, presidente de Rafiki África, pertenece a esa categoría. Con mirada serena, sentido práctico y una implicación que emociona por su discreción, ha contribuido a levantar en Uganda un proyecto que no se limita a asistir, sino que busca transformar de raíz. Escuelas, internados para niñas, microcréditos, agricultura, salud o alimentación forman parte de una labor guiada por una idea sencilla y poderosa: ayudar a que las comunidades puedan sostenerse por sí mismas.
– Para quienes no conocen Rafiki África, ¿cómo explicaría qué es la organización y cuál es su razón de ser?
Rafiki África es una ONG que trabaja exclusivamente en Uganda. Nació para responder a una realidad de pobreza extrema y, desde el principio, entendimos que no se trataba solo de aliviar necesidades puntuales, sino de ayudar a las comunidades a salir de esa situación de miseria. Esa es nuestra razón de ser: actuar de manera integral para que esas personas puedan tener una vida digna y, con el tiempo, sostenerse por sí mismas.

– ¿Cómo nace la entidad y qué momento o experiencia personal le impulsó a implicarse en este proyecto solidario?
Yo me impliqué de una forma casi casual, en una boda, justo cuando me había jubilado y estaba dejando atrás mis responsabilidades profesionales. Me hablaron del proyecto, vi que tenía sentido y que podía ser algo verdaderamente útil. A partir de ahí nos juntamos cuatro o cinco amigos, todos con experiencia en gestión y empresa, y decidimos ayudar a poner orden, estructura y eficacia a una iniciativa que merecía la pena.
Sembabule y Hoima
– Su trabajo se centra en Uganda, concretamente en zonas como Sembabule y Hoima. ¿Por qué eligieron este territorio y cuáles son sus principales necesidades?
Empezamos allí porque había personas de confianza sobre el terreno que podían ayudarnos a impulsar el proyecto. Son zonas muy pobres, con presencia de refugiados procedentes de países limítrofes, y con enormes carencias básicas. Hablamos de comunidades donde faltan oportunidades, servicios sanitarios, formación, recursos agrícolas y también protección para las niñas. Era un territorio con muchas necesidades y, al mismo tiempo, con margen para que un trabajo bien enfocado pudiera tener impacto.
– Uno de los rasgos diferenciales de Rafiki África es su enfoque: trabajar «con» las comunidades y no «para» ellas. ¿Cómo se traduce esto en el día a día de los proyectos?
Desde el primer momento quisimos hacer algo distinto. Entendimos que, si solo solucionas un problema aislado, alivias una necesidad, pero no sacas a una población de la miseria extrema. Por eso actuamos sobre todos los factores al mismo tiempo: educación, salud, agricultura, alimentación, emprendimiento y protección de la mujer. Y lo hacemos siempre con personal local. Nosotros solo tenemos dos voluntarios españoles sobre el terreno como coordinadores; el resto, más de 80 personas, son de allí: profesores, sanitarios, formadores o personal de apoyo. Esa es la clave, trabajar con ellos y no sustituirlos.

Internado para niñas, uno de los proyectos más transformadores
– La organización ha impulsado iniciativas en educación, sanidad, agua o desarrollo agrícola. ¿Qué proyecto considera más transformador hasta la fecha y por qué?
Hemos hecho una escuela de primaria, otra de secundaria, una escuela de costura, una de agricultura, un ambulatorio, un pequeño hospital de 20 camas y distintos programas de microcréditos. Pero probablemente uno de los proyectos más transformadores ha sido el internado para niñas. Allí vimos una realidad durísima: niñas que con 10 años ya trabajaban, con 11 se quedaban embarazadas y con 12 estaban casadas. Sacarlas de esa rueda y darles educación, seguridad y expectativas de futuro lo cambia todo.
– Han apostado por fórmulas como los microcréditos en especie para fomentar el emprendimiento local. ¿Cómo funciona este modelo y qué impacto real está teniendo en las comunidades?
Funciona muy bien. Nosotros no damos dinero directamente, sino microcréditos en especie: gallinas, cabras, cerdos, colmenas o semillas. Nos centramos en pequeñas economías familiares y, sobre todo, en mujeres. Solo damos microcréditos a mujeres porque allí son las más responsables y las que verdaderamente sostienen a la familia.
Además, los organizamos en grupos de cinco. A cada mujer se le da un recurso distinto, pero las cinco responden solidariamente del grupo. Si una falla, las demás responden. Es un sistema que está funcionando muy bien porque genera compromiso colectivo.
Las gallinas, por ejemplo, han sido un cambio enorme. Cuando empezamos a dar de comer a los niños del colegio vimos que faltaban proteínas, pero los huevos eran carísimos. Montamos una granja, demostramos que las gallinas no se morían si se vacunaban y se cuidaban bien, y ahora muchas familias quieren tenerlas. También damos cabras, cerdos y colmenas modernas. En el caso de la miel, pasar de sistemas rudimentarios a colmenas más avanzadas ha permitido vender un producto mejor y cobrarlo hasta tres veces más.
Creación de una pequeña cooperativa
– ¿Les ayudáis también a comercializar esa producción?
Sí, ese es ahora uno de los pasos más importantes. Después de siete años levantando la base del proyecto, estamos trabajando en la creación de una pequeña cooperativa para que puedan vender juntos la miel, los huevos, el maíz y comprar también de forma conjunta. Ahí nos está ayudando Cáritas de Alicante, que tiene experiencia en este tipo de estructuras. La idea es que ganen escala, capacidad de negociación y estabilidad.
– En el ámbito de la economía social, la sostenibilidad es clave. ¿Cómo se financia la organización y qué papel juegan los socios, donantes y colaboradores?
Nos financiamos con ayudas de amigos, empresas y colaboradores, además de alguna convocatoria puntual a la que nos hemos presentado. El gran impulso llegó hace dos años, cuando el Banco Santander nos concedió 40.000 euros para microcréditos y nos reconoció como una de las mejores iniciativas sociales. Ese apoyo fue muy importante.
Luego hemos seguido sumando colaboraciones concretas. Por ejemplo, en educación nos ayudan entidades como el colegio Lope de Vega de Benidorm, y en alimentación contamos con el apoyo del grupo Magic Costa Blanca. Este año vamos a dar más de 320.000 comidas, unas 1.000 al día en números redondos. Son cifras muy significativas allí.
Por su parte, TM Grupo Inmobiliario financiará dos proyectos clave para el desarrollo de la comunidad. Por un lado, se impulsará la renovación y expansión del programa de microcréditos agropecuarios a mujeres, favoreciendo la puesta en valor de la figura de la mujer y la generación de ingresos recurrentes a más de 130 familias.
Por otro lado, el acuerdo contempla también el mantenimiento y consolidación de la Escuela de Formación Agraria de Kenziga, un centro educativo que ofrece capacitación técnica a jóvenes y adultos de la comunidad para mejorar sus conocimientos en técnicas agrícolas y ganaderas sostenibles. El centro, que en agradecimiento a la colaboración recibe el nombre de Escuela de Secundaria José Luis Serna, posibilita que 105 estudiantes continúen desarrollando su labor formativa, contribuyendo al desarrollo económico de la región y generando un impacto directo en más de 70 familias.

Gestión con mentalidad profesional
– Rafiki África destaca por destinar prácticamente todos sus recursos a proyectos sobre el terreno, con una estructura muy eficiente. ¿Cómo se logra ese equilibrio entre impacto y gestión?
Porque lo gestionamos con mentalidad muy profesional. Siempre digo que es una ONG, pero en el fondo funciona como una empresa: con objetivos muy definidos, control de resultados, eficiencia y medición constante. Todos los que impulsamos el proyecto venimos del mundo de la gestión y eso se nota. Queremos que cada euro rinda al máximo y que todo lo que se hace tenga una utilidad concreta y medible.
– ¿Qué papel tiene el empoderamiento de la mujer dentro de sus iniciativas y por qué es estratégico en el desarrollo de estas comunidades?
Es absolutamente central. Allí las mujeres son las que sacan adelante a las familias. Si no fuera por ellas, aquello habría desaparecido. Por eso los microcréditos van dirigidos solo a mujeres, y por eso también hemos apostado tan fuerte por los internados femeninos.
Cuando abrimos el primero, muchas familias no querían enviar a sus hijas porque las necesitaban en casa para recoger leña, cuidar niños o ayudar a sus madres. Pero cuando vieron que esas niñas empezaban a vivir de otra manera, a estudiar, a no quedarse embarazadas siendo casi niñas, a no casarse prematuramente y a imaginar un futuro como enfermeras, costureras o profesionales, todo cambió. De hecho, ahora han sido los propios padres quienes nos han pedido un segundo internado para niñas de primaria. Eso demuestra que el cambio cultural ya ha comenzado.
– También han trabajado en agricultura. ¿Qué avances destacaría en este ámbito?
La agricultura es fundamental porque allí viven básicamente de eso, pero cuando llegamos vimos que no tenían apenas formación. Por eso montamos una escuela de agricultura y contamos con el apoyo de la Universidad Miguel Hernández de Elche, cuyos especialistas viajan varias veces al año para ayudarnos a mejorar técnicas y cultivos.
Uno de los avances más importantes ha sido introducir semillas de maíz más resistentes al calor. Habían perdido cosechas enteras por el aumento de las temperaturas, y con estas nuevas semillas ya no las pierden. Además, estamos trabajando para que puedan obtener dos cosechas al año en lugar de una. Si eso se consolida, puede suponer un cambio trascendental para la economía de la zona.
Consolidar lo realizado
– Mirando al futuro, ¿cuáles son los principales retos y próximos proyectos de Rafiki África? ¿Dónde le gustaría ver la organización dentro de cinco años?
Nuestro objetivo no es crecer sin límite ni abrir proyectos por abrirlos. Queremos consolidar bien lo que estamos haciendo en estas dos zonas y lograr que sea autosuficiente. Esa es nuestra meta de verdad: que dentro de unos años ellos puedan mantenerlo todo por sí mismos y nosotros podamos retirarnos. Sería la mejor señal de éxito.
Nos gustaría que este modelo se demostrara eficaz, medible y replicable, tanto por nosotros como por otros. Si conseguimos que en dos o tres años más se vea que funciona, que es sostenible y que puede copiarse en otros territorios, habremos hecho algo importante. Lo que buscamos no es dependencia, sino autonomía.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.













