Cuando el hacker reemplaza al ladrón: la nueva amenaza en la logística
La digitalización impulsa eficiencia logística, pero los ciberataques exigen estrategia, resiliencia y cultura de seguridad
La digitalización ha multiplicado la eficiencia del transporte y la cadena de suministro, pero también ha abierto nuevas puertas a los ciberdelincuentes. Expertos de Cybertix y Lãberit advierten de que el verdadero reto ya no es solo tecnológico, sino estratégico: garantizar la continuidad del servicio en un entorno cada vez más conectado y dependiente de los sistemas digitales.
Durante años, los grandes riesgos del transporte fueron visibles y tangibles: crisis de suministros, bloqueos en rutas estratégicas, subidas del combustible o conflictos internacionales. Hoy, sin embargo, una amenaza menos visible puede generar un impacto igual o mayor: un ataque informático capaz de detener almacenes, bloquear sistemas de gestión o inutilizar flotas completas.
Jordi Ubach, Consultor Senior OT-GRC en Cybertix, explica que «las amenazas que enfrentamos hoy en el sector logístico han mutado dramáticamente. Ya no hablamos solo de virus tradicionales, sino de ataques dirigidos con precisión quirúrgica contra infraestructuras críticas».
Uno de los casos más paradigmáticos fue el sufrido en 2017 por la segunda mayor compañía naviera y de transporte marítimo de contenedores del mundo, Maersk. Un ciberataque paralizó operaciones en decenas de puertos y provocó pérdidas millonarias. Desde entonces, los delincuentes han perfeccionado sus métodos. El ransomware –el secuestro digital de sistemas y datos– sigue siendo una de las amenazas más habituales, pero ahora incluye una presión añadida: además de bloquear la información, los atacantes la roban y amenazan con publicarla si no se paga un rescate.
Del error informático a la interrupción del servicio
En el ámbito logístico, el impacto de un ciberataque trasciende lo tecnológico. No se trata solo de ordenadores bloqueados, sino de mercancías que no se mueven.
Pablo Boix, gerente de la Unidad de Negocio Supply Chain de Lãberit, advierte que «en la cadena de suministro un ciberataque ya no es un problema informático, se convierte en una interrupción de servicio».
Si un sistema de gestión de almacén deja de funcionar, si la planificación de rutas se bloquea o si los datos de seguimiento desaparecen, la operativa se detiene. «La más habitual –incide Boix– es la parada operativa de almacenes y transporte que, como consecuencia nos lleva a la degradación del OTIF (entrega de pedidos completos a tiempo)».
El efecto dominó es inmediato. Retrasos en entregas, clientes insatisfechos, penalizaciones contractuales y costes extraordinarios para recuperar la actividad. Tras el incidente, las empresas suelen verse obligadas a activar planes de contingencia: horas extra, transporte urgente alternativo o contratación de servicios adicionales no previstos.
Ubach añade otra dimensión como es el daño reputacional. «En logística, la reputación lo es todo. Un cliente que pierde un envío crítico por tu ciberataque probablemente no vuelva». La pérdida de confianza puede tardar años en repararse, especialmente en sectores sensibles como el farmacéutico, el tecnológico o el de productos de alto valor.
Una red de actores interconectados
La logística moderna es un entramado complejo de actores interdependientes: operadores, transportistas, agentes de aduanas, navieras, aerolíneas, plataformas digitales y proveedores tecnológicos. Esta interconexión, clave para la eficiencia, multiplica también los riesgos.
«En la cadena de suministro debemos hacer un doble enfoque, el de la ciberseguridad de cada uno de los eslabones y la resistencia de la cadena total», señala Boix. No basta con proteger los sistemas propios; es imprescindible evaluar qué ocurriría si uno de los socios estratégicos sufre un ataque.
«Evaluar ‘¿Qué pasaría si mi operador logístico fuese hackeado y no me pudiese servir en 48 horas?’ de la misma forma que evaluamos ‘¿Qué consecuencia tendría un conflicto en el canal de Suez?'», apunta.
La comparación no es casual. Así como las empresas analizan riesgos geopolíticos o logísticos, deben incorporar el riesgo digital a su planificación estratégica.
IoT, automatización y nuevos puntos vulnerables
La transformación digital ha introducido miles de dispositivos conectados en la cadena logística: sensores de temperatura en contenedores, sistemas de localización GPS, lectores automáticos, robots de almacén y vehículos conectados.
Ubach tiene claro el escenario. A su juicio, «estamos en un punto de inflexión crítico. La convergencia de digitalización, IoT, 5G y automatización está creando una superficie de ataque exponencialmente mayor».
Cada sensor o dispositivo mal configurado puede convertirse en una puerta de entrada. Además, muchos equipos se instalan y quedan fuera del inventario tecnológico, sin mantenimiento ni actualizaciones de seguridad.
Para Boix existen dos grandes riesgos emergentes como son los elementos tipo IoT desactualizados (…) y comportamientos de riesgo de las personas. «En el primer caso, –puntualiza– el problema es técnico, en el segundo, humano».
Empleados con altos niveles de acceso que trabajan en remoto, utilizan redes públicas o caen en correos fraudulentos pueden facilitar, sin intención, el acceso a los atacantes. La digitalización ha aumentado la eficiencia, pero también ha ampliado los puntos vulnerables.

Pablo Boix, gerente de la Unidad de Negocio Supply Chain de Lãberit
Medidas prácticas: proteger sin complicar
Aunque la terminología técnica pueda resultar compleja, las bases de la protección son comprensibles. Se trata, fundamentalmente, de limitar accesos, segmentar sistemas y monitorizar continuamente.
«No hace falta ser técnico: la clave es tratar estas infraestructuras como activos críticos del negocio y que un ataque a una parte de la cadena no bloquee a las demás», afirma Boix. Esto implica evitar que todos los sistemas estén interconectados sin control y establecer barreras internas.
Por ello, Boix considera imprescindible «controlar quién accede a qué y evitar que todo esté conectado con todo».
Ubach insiste en la importancia de medir y detectar rápidamente cualquier anomalía. Cuanto antes se identifica un incidente, menor es su impacto. «La visibilidad es fundamental ya que no puedes proteger lo que no puedes ver», concreta.
Resiliencia: saber operar en modo degradado
Un aspecto clave es la capacidad de continuar operando, aunque sea de forma limitada, durante un incidente.
Boix propone diseñar procesos que permitan trabajar temporalmente sin sistemas digitales. Es decir, «diseñar un proceso resiliente basado en operación degradada offline (sin conexión) que básicamente podría ser preparación en papel, comunicación por canales externos y otras soluciones similares», resume.
Puede parecer un paso atrás, pero en situaciones críticas puede marcar la diferencia entre una interrupción total y una ralentización controlada.
Ubach sintetiza la estrategia en tres pilares como son «la resiliencia, la visibilidad y la cultura». Sistemas capaces de recuperarse con rapidez a través de monitorización constante y una organización preparada.
La cultura de seguridad como ventaja competitiva
En muchos casos, el punto de entrada de un ataque es un simple correo electrónico fraudulento. Por ello, la formación es un elemento central.
«La formación es fundamental. Pero no puede quedarse en la mera teoría», advierte Boix. Por ello, recomienda realizar simulaciones internas para entrenar a los empleados y reforzar la alerta frente a técnicas cada vez más sofisticadas.
Ubach añade que los atacantes utilizan métodos cada vez más elaborados, incluyendo mensajes personalizados que imitan la identidad de directivos o proveedores habituales.
La concienciación no solo protege, también refuerza la cultura corporativa. Una empresa que integra la ciberseguridad en su día a día transmite confianza a clientes y socios.

Jordi Ubach, Consultor Senior OT-GRC en Cybertix
Regulación y exigencia creciente
La normativa europea está elevando los estándares mínimos de seguridad para sectores considerados estratégicos. Esto obliga a muchas empresas a revisar sus protocolos y reforzar controles.
Además, las aseguradoras comienzan a exigir requisitos concretos antes de conceder pólizas de ciberseguro. La prevención ya no es solo una cuestión técnica, sino también financiera.
Para Ubach, la regulación puede tener un efecto positivo si eleva el nivel mínimo de protección sin frenar la innovación. Para Boix, el foco debe seguir siendo el mismo: proteger la continuidad del servicio.
De la tecnología al negocio
Las empresas deben ser conscientes de que la ciberseguridad ya no es un asunto exclusivo del departamento tecnológico. Es una variable estratégica que afecta directamente a la competitividad.
Proteger datos es proteger mercancías. Garantizar la integridad de los sistemas es garantizar que los productos lleguen a tiempo. Y asegurar la continuidad digital es asegurar la continuidad del negocio.
Como advierte Ubach: «En OT logístico, no se trata de si serás atacado, sino cuándo. La preparación lo es todo».
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.











