¿Por qué el mar del Norte puede ser el «salvavidas» energético de Europa?
La eólica marina se consolida como uno de los grandes proyectos industriales y energéticos de la Unión Europea, con inversiones multimillonarias, interconexión eléctrica transfronteriza y oportunidades para la industria española.
Europa está intentando reinventar su sistema energético desde el mar. En las aguas poco profundas del mar del Norte se está gestando uno de los mayores proyectos industriales del siglo XXI en el continente: un gigantesco despliegue de energía eólica marina llamado a reforzar la autonomía energética europea, reducir la dependencia de combustibles fósiles y reindustrializar parte de la economía.
La ambición es enorme. Gobiernos, empresas energéticas y operadores de red trabajan para convertir esta región en lo que la ministra alemana de Economía y Energía, Katherina Reiche, ha definido como «el mayor nodo energético del mundo», una auténtica central eléctrica offshore capaz de abastecer a millones de hogares e industrias europeas.
La pregunta, sin embargo, sigue abierta: ¿puede realmente la eólica marina del mar del Norte convertirse en el «salvavidas» energético de la Unión Europea?
El megaproyecto energético del mar del Norte
La eólica marina no es nueva en Europa, pero sí lo es la escala del despliegue que se está planteando ahora. Tras la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania, la seguridad del suministro se ha convertido en una prioridad estratégica. «El conflicto evidenció la necesidad de mayor autonomía energética y estratégica para reducir la dependencia de fuentes externas», explica Juan de Dios, director técnico de la Asociación Empresarial Eólica (AEE).
Europa ya contaba con planes para instalar alrededor de 120 gigavatios (GW) de eólica marina en el norte del continente antes de 2030, aunque las previsiones más realistas apuntan a unos 70 GW. La nueva estrategia pretende consolidar ese crecimiento mediante un ritmo sostenido de instalación.
Según la AEE, el objetivo planteado en el marco de la cooperación del mar del Norte es instalar aproximadamente 15 GW anuales de eólica marina hasta 2030, con al menos 10 GW contratados cada año.
No se trata solo de parques eólicos aislados, sino de un sistema energético interconectado entre países. El modelo incluye infraestructuras híbridas, redes eléctricas submarinas e «islas energéticas» capaces de distribuir electricidad a varios Estados simultáneamente.
Un ejemplo de este enfoque es la Isla Energética de Bornholm, impulsada por Alemania y Dinamarca, con el objetivo de producir tres GW de energía eólica marina para 2030 y transmitir la electricidad a ambos países mediante nuevas conexiones eléctricas.

¿En qué consiste el proyecto?
La magnitud del proyecto del mar del Norte se entiende mejor cuando se observan los objetivos conjuntos de los países integrantes. Alemania, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Reino Unido, Francia, Irlanda, Luxemburgo y Noruega han fijado una meta común de alcanzar alrededor de 300 GW de eólica marina en el mar del Norte para 2050, lo que convertiría esta región en el mayor polo de generación renovable offshore del mundo. Para que se entienda, el equivalente a la potencia de 300 reactores nucleares funcionando al mismo tiempo.
Actualmente, Europa cuenta con unos 37 GW de eólica marina instalada, lo que implica multiplicar la capacidad casi por diez en las próximas décadas. Solo el mar del Norte concentra ya más del 80% de la capacidad offshore europea, consolidándose como el núcleo del desarrollo tecnológico e industrial del sector.
El llamado Pacto de Inversión del mar del Norte establece un calendario industrial más preciso: los gobiernos se comprometen a instalar en torno a 15 GW anuales de eólica marina entre 2031 y 2040, con al menos 10 GW adjudicados cada año mediante contratos estables de largo plazo. Este flujo continuo de proyectos es clave para dar visibilidad a la cadena de suministro y reducir costes financieros.
La escala económica del despliegue también es inédita. La industria eólica europea estima que el desarrollo offshore en la región puede movilizar hasta un billón de euros en inversiones acumuladas hasta 2050, incluyendo fabricación de turbinas, infraestructuras portuarias, redes eléctricas marinas y buques especializados.
El sistema energético proyectado va más allá de los parques eólicos individuales. El objetivo es crear una «malla energética offshore europea» capaz de transportar electricidad entre varios países y reducir la volatilidad del mercado eléctrico.
Un ejemplo de esta lógica de integración es el proyecto danés-alemán de Bornholm, pero también iniciativas como la isla energética del mar del Norte en Dinamarca, diseñada para actuar como nodo de conexión entre varios países y facilitar la evacuación de grandes volúmenes de electricidad renovable.

Una inversión industrial de escala histórica
Más allá de la transición energética, el proyecto del mar del Norte representa una apuesta industrial de primer orden. La inversión necesaria para cumplir los objetivos de eólica marina en la región se estima en torno a 110.000 millones de euros, según la AEE.
A nivel europeo, el impacto económico de la energía eólica ya es significativo. La industria eólica aporta 54.400 millones de euros al PIB europeo y sostiene 363.000 empleos, con una cadena de valor industrial ampliamente consolidada.
La eólica marina destaca especialmente por su efecto multiplicador: cada gigavatio instalado genera unos 4.400 millones de euros de actividad económica en Europa.
Además, la Comisión Europea estima que la Unión necesitará alcanzar 425 GW de capacidad eólica total en 2030 para cumplir sus objetivos climáticos, frente a los 231 GW actuales.
Seguridad energética y mercado eléctrico europeo
El desarrollo de la eólica marina no responde únicamente a criterios ambientales, sino también a la estabilidad del sistema eléctrico europeo. La eólica offshore tiene un perfil de generación más constante que la solar o la eólica terrestre, lo que la convierte en una fuente renovable especialmente útil como energía de base. «La eólica marina tiene un perfil de generación bastante constante, interesante como energía de base renovable», señala Juan de Dios.
El modelo del mar del Norte también introduce un cambio estructural en el mercado eléctrico europeo: la interconexión transfronteriza de la generación renovable.
Este enfoque permite compartir infraestructuras, reducir costes y mejorar la resiliencia del sistema eléctrico. Según la estrategia presentada por Alemania, la región puede convertirse en una «central energética de Europa» que garantice seguridad de suministro y precios más competitivos.
Oportunidades para la industria española
Aunque España todavía no tiene parques eólicos marinos operativos, su industria ya participa en el desarrollo offshore europeo.
España cuenta con el 100% de la cadena de valor de la eólica terrestre -es decir, nuestro país tiene la capacidad de realizar absolutamente todos los procesos necesarios para convertir el viento en electricidad, sin depender de otros países- y, aproximadamente, el 35% de la cadena de valor de la eólica marina, pese a no tener proyectos en operación en su territorio.
El mar del Norte se ha convertido en un mercado clave para las exportaciones industriales españolas vinculadas a la eólica marina.
Empresas españolas como Navantia, Windar Renovables o Dragados Offshore ya participan en la construcción de subestaciones eléctricas y estructuras marinas para parques eólicos del Reino Unido, mientras compañías como Iberdrola o Siemens Gamesa operan en el desarrollo y la tecnología de proyectos offshore.
A ello, se suman oportunidades en construcción naval, servicios portuarios e ingeniería energética. El crecimiento de la eólica offshore está impulsando la diversificación industrial del sector energético español, con un aumento de las exportaciones ligado al desarrollo europeo.
España: potencia eólica terrestre y aspirante offshore
España sigue siendo uno de los grandes actores de la energía eólica en Europa, especialmente en el ámbito terrestre.
En 2024, el país alcanzó 31.679 MW de potencia eólica instalada, convirtiéndose en la primera tecnología del mix eléctrico español, con el 24% de la demanda eléctrica cubierta por el viento.
Ese mismo año, la energía eólica generó 59.378 GWh de electricidad, evitando importaciones de combustibles fósiles por valor de 2.829 millones de euros.
El impacto económico del sector también es notable. Según datos de la AEE, 3.274 millones de euros de contribución al PIB, 37.070 empleos directos e indirectos y casi 2.000 millones de euros en exportaciones.
Además, la eólica permitió reducir el precio del mercado mayorista de electricidad en casi 20 €/MWh en 2024, generando un ahorro anual de 4.641 millones de euros para el sistema eléctrico.

Los retos del gran despliegue offshore
A pesar del potencial, el desarrollo de la eólica marina enfrenta desafíos técnicos, financieros y regulatorios.
Uno de los principales es la planificación a largo plazo. La construcción de parques offshore implica inversiones intensivas, largos plazos de desarrollo y coordinación entre países, operadores eléctricos y autoridades portuarias. «La eólica marina es una infraestructura crítica que requiere grandes inversiones y planificación a largo plazo», subraya Juan de Dios.
También existen retos en redes eléctricas, almacenamiento, mantenimiento en alta mar y desarrollo de puertos industriales capaces de soportar turbinas de un tamaño cada vez mayor.
La regulación será otro factor decisivo. La industria reclama marcos normativos estables, procesos administrativos más ágiles y mecanismos de financiación como los contratos por diferencia (CfD), que están demostrando eficacia en proyectos de gran escala.
¿El salvavidas energético de Europa?
La eólica marina del mar del Norte no resolverá por sí sola todos los problemas energéticos de la Unión Europea, pero sí puede convertirse en uno de sus pilares estratégicos.
La energía eólica ya ha evitado en Europa 142 millones de toneladas de emisiones de CO2 y miles de millones en importaciones de combustibles fósiles, consolidándose como una de las tecnologías clave de la transición energética.
El desarrollo offshore añade una dimensión industrial y geopolítica a esta transformación. No se trata únicamente de producir electricidad renovable, sino de construir una nueva infraestructura energética europea basada en interconexión, innovación tecnológica y cadena de valor industrial propia.
Sara MartíCoordinadora editorial. Graduada en Periodismo por la Universidad Jaume I, estoy especializada en contenido web y ediciones digitales por el Máster en Letras Digitales de la Universidad Complutense de Madrid. Mi experiencia en el mundo de la comunicación abarca desde el institucional hasta agencias y medios de comunicación. Al día de la actualidad empresarial y financiera en Economía 3 desde marzo de 2021.













