Huelga del taxi en València: paro 24h y marchas por el centro
El sector detiene el servicio desde las 6:00 de hoy miércoles hasta las 6:00 del jueves y recorre en columnas varias grandes avenidas para reclamar a la Generalitat "equilibrio" frente a las VTC.
València afronta este miércoles 25 de febrero una jornada de paro total del taxi durante 24 horas, con afectación directa en la movilidad urbana y en los nodos de entrada y salida de la ciudad. La convocatoria arranca a las 06:00 y se prolonga hasta las 06:00 del jueves 26, con manifestaciones y una concentración ante el Palau de la Generalitat prevista para concluir alrededor de las 14:00.
En un contexto en el que el taxi opera como servicio esencial para traslados al trabajo, citas médicas, turismo y conexiones intermodales, el paro introduce fricción en la «última milla» y eleva la presión sobre alternativas como el transporte público o el vehículo privado.
Además, los propios convocantes sitúan el conflicto en un debate regulatorio de fondo: cómo ordenar la convivencia entre taxi y VTC y qué reglas deben aplicarse para evitar, según denuncian, una competencia desleal.
Qué se va a notar hoy en la ciudad
La protesta está diseñada para hacerse visible en los ejes de circulación. Según el programa difundido, desde las 08:00 se activan concentraciones en cuatro entradas y se inicia la marcha ocupando carriles en grandes avenidas, lo que puede traducirse en retenciones y tiempos de viaje más altos de lo habitual en franjas punta.
El recorrido se organiza en distintas columnas que pasan por vías como Tarongers, avenida de Catalunya, Tres Cruces, Cortes Valencianas, avenida del Cid, Ausiàs March, Aragón y plaza de España. Desde ahí, la marcha continúa por plaza de España, San Vicente, Guillem de Castro y Torres de Serrano, para finalizar ante el Palau de la Generalitat.
En paralelo al componente de tráfico, el paro impacta en puntos donde el taxi tiene un papel crítico: aeropuerto y estaciones (Joaquín Sorolla, València Nord y Estación de Autobuses). La ausencia de servicio —junto con la presencia de piquetes informativos— complica la logística de viajeros, especialmente para quienes llegan con maletas, horarios cerrados o conexiones ferroviarias/aéreas. En la práctica, el coste se traslada a más tiempo de espera, más dependencia de reservas previas o mayor uso de otros medios.
El trasfondo: decreto pendiente y pulso taxi-VTC
La huelga no se plantea como una protesta aislada, sino como un mensaje regulatorio. El sector reclama a la Generalitat que «devuelva el equilibrio» entre taxi y VTC y denuncia que, pese a anuncios previos, no dispone todavía de «texto ni plazos» claros para las medidas que, a su juicio, deberían reforzar la viabilidad del taxi como servicio público.
En este punto, cobra relevancia el anuncio institucional del 10 de febrero de 2026, cuando el vicepresidente tercero y conseller Vicente Martínez Mus comunicó la intención de aprobar un decreto del Consell para «proteger y asegurar la viabilidad del taxi como servicio público esencial». La lectura del sector es que el calendario y el contenido concreto del decreto son determinantes para frenar la incertidumbre actual.
El otro lado del tablero también se mueve. Las patronales de VTC han activado mensajes públicos y campañas contra un posible decreto que, según su posición, podría endurecer condiciones o limitar actividad. Esta reacción subraya que el conflicto no es solo laboral, sino un choque de modelos de mercado: licencias y tarifas reguladas (taxi) frente a un entorno de mayor flexibilidad (VTC), con el ciudadano atrapado entre la necesidad de disponibilidad y la exigencia de seguridad jurídica para los operadores.
Impacto económico y escenarios a corto plazo
Para la economía urbana, un paro total del taxi tiene dos efectos inmediatos. Primero, un impacto operativo sobre empresas y profesionales que dependen de desplazamientos rápidos (reuniones, visitas comerciales, servicios a domicilio, eventos). Segundo, una afectación sobre el turismo y los viajes de negocio en una ciudad donde el taxi actúa como enlace natural entre estación, aeropuerto y hoteles, ferias o sedes corporativas.
A corto plazo, el episodio también funciona como termómetro de negociación. Las asociaciones ya avisan de que las movilizaciones pueden extenderse durante marzo si no hay avances, lo que incrementa el riesgo de una «prima de incertidumbre» para la movilidad: empresas que reprograman horarios, refuerzan teletrabajo puntual o recomiendan alternativas a sus equipos y clientes.
El desenlace dependerá de la concreción del decreto anunciado por la Generalitat y la capacidad de articular un marco estable que reduzca el conflicto entre operadores. Si hoy deja una imagen de ciudad tensionada por la movilidad, el mensaje económico es más profundo. La regulación del transporte urbano se ha convertido en un factor competitivo, porque impacta en productividad, en experiencia del visitante y en el funcionamiento cotidiano de una capital metropolitana.












