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España, el primer destino de turismo de festivales

Superada la pandemia y sus dos años de práctica inactividad, el circuito de los festivales recupera la acción. Artistas y promotores vuelven a los escenarios y el público responde a su llamada, algo que se puso de manifiesto en el reencuentro de los tres agentes en el Festival Viña Rock, que captó a 200.000 asistentes o en el FIB de Castellón.

Hay ganas y ansiedad por volver a recuperar la actividad, apuntan desde el sector, que este verano afronta un test decisivo para la supervivencia de algunos de estos eventos. Una actividad que generó en 2021 más de 157 millones de euros en el casi millar de festivales organizados por todo el territorio español, según los datos de la Asociación de Promotores Musicales (APM), que aglutina a 57 empresas promotoras de conciertos –que representan a más del 80 % de los eventos privados que se celebran en España–.

Recuperar los datos prepandemia, esos que hacían de España el primer destino de turismo de festivales, atrayendo a cinco millones de visitantes foráneos, con una facturación por venta de entradas de 420 millones, es el objetivo fijado por las empresas organizadoras, que generaban más de 300.000 empleos y que dinamizaban la economía de localidades y provincias que acogen estas citas musicales.

Para ello tienen todo un verano por delante sin más restricciones que las que impone la lógica y las derivadas de un conflicto bélico que ha generado una crisis energética con importantes repercusiones económicas. En todo caso, como la sociedad, los festivales están sujetos a adaptaciones constantes motivadas por los cambios radicales habidos en los hábitos de los espectadores durante la pandemia. Sea como fuere, lejos de agonizar, el sector de los festivales musicales ha optado por reinventarse casi contrarreloj para asegurar la continuidad.

¿Saturación?

Algo que corrobora el presidente de APM, Albert Salmerón, que apunta que el sector encara un año de transición en el que las citas aplazadas, a las que se suman las nuevas, propician una saturación que apenas deja huecos libres para ajustar todas las actuaciones musicales planteadas.

Salvador Albero, portavoz de la consultora tecnológica Safety Global –especializada en eventos musicales– comparte la visión existente en el sector. Considera que “las perspectivas para los festivales de este año son buenas, tanto en lo referente al número de eventos programados como al público asistente a los mismos”, máxime, añade, “en estos momentos; el público vive un momento de euforia y de deseo de reencuentro y socialización”.

En todo caso, 2022 será una buena piedra de toque para comprobar cómo salen las compañías promotoras de un año sin restricciones sanitarias, pero marcado por una importante escalada inflacionista, derivada de la crisis energética que afecta a todos los agentes que se mueven en torno a los festivales. Por ello, desde APM confían en seguir contando con apoyos desde la Administración central.

Albero cree en este contexto, “la industria musical en vivo y los espectáculos se ha reactivado, y eso es relevante para un sector que representa en torno al 0,5 % del Producto Interior Bruto (PIB) español”. Buen momento para superar el bache de “dos duros años” en los que el sector “ha experimentado cierres y pérdidas millonarias”.

El portavoz de Safety Global comenta que las empresas organizadoras “se enfrentan a varios retos fundamentales que apuntan a que en 2022 no podamos hablar todavía de una recuperación plena en cuanto a rentabilidad económica para muchas promotoras o empresas organizadoras”. El verano de 2022 va a ser un auténtico test que pondrá a prueba la solidez de la oferta de festivales musicales del panorama español. Un sector que habrá de encarar una serie de retos y obstáculos.

Competencia entre festivales

Retos como la competencia que se harán entre festivales, porque “se ha disparado la oferta de estos eventos en comparación con la de 2019”. Otro de los envites a afrontar es el coste de producción que es mayor, dado el incremento del precio de los materiales de producción necesarios para la organización de los eventos musicales, debido a la inflación y la falta de materiales y equipamientos que se está produciendo como consecuencia del incremento de la demanda y de la multiplicación del número de festivales que se pretenden organizar este verano.

Un verano en el que se ha de tener en cuenta que 7 de cada 10 festivales, el 70 %, que se celebran corresponden a los anulados en 2020 por la crisis de la covid-19. Asimismo, añade Albero, “el precio de las entradas no ha variado para poder equilibrar la balanza de gastos e ingresos, teniendo en cuenta la coyuntura económica actual. Aun así, insistimos: la temporada va a marcar el punto de inflexión para la recuperación del sector de los festivales y los grandes eventos musicales en nuestro país”.

Esa concentración, hasta casi solaparse las fechas de algunas de estas citas musicales en los meses de junio a septiembre, genera problemas a los organizadores, pero hará que los espectadores tengan múltiples opciones entre las que elegir. Es un momento en el que se sigue apostando por recintos amplios y al aire libre para dar respuesta a  la amplia demanda prevista.

Epicentro de actividad

Madrid, Barcelona, Andalucía y la Comunitat Valenciana son epicentros de esta actividad musical que se concentra, principalmente en los meses estivales. Son tres meses en los que el futuro de estos grandes eventos está en juego. Como lo está la apuesta e importante inyección económica que hacen los organizadores, que están luchando consigo mismos para no repercutir el alza de los precios en el coste de las entradas.

Pero es necesario que estos organizadores puedan “devolver” los créditos contraídos y recuperar las plantillas y equipos anteriores a la pandemia.

Lo ecléctico está de moda

Quizás en esa necesidad de cubrir la incertidumbre con algunas certezas radique la apuesta de las grandes empresas promotoras de festivales de música en vivo por aunar distintos estilos en la misma cita. La opción de festivales eclécticos puede marcar, al menos eso se desprende los carteles que organizadores de eventos como el Resurrection Fest de juntar a Liam Gallagher y Sebastián Yatra. En la línea de lo ocurrido en 2021, cuando en el Starlite de Marbella se programaron conciertos de Rápale o Maluma.

Si bien son mayoría las compañías organizadoras que prefieren marcar diferencias y fijar un sello propio y bien definido, poniendo en valor una marca reputacional ganada a pulso tras años de trabajo y esfuerzo.

Tendencias

Las tendencias que reinarán en los festivales, según el Instituto de Gestión Cultural y Artística (Igeca), escuela de negocios especializada en el sector cultural y creativo, harán de estos espacios en los que primen valores de sostenibilidad y ecologismo. En esa línea está la apuesta por los vasos reutilizables, la recogida de los residuos a la conclusión del evento o la apelación a la implicación de los participantes a que reciclen. Los festivales multiexperiencia que ofrecen actividades para toda la familia, además de apostar por talleres de moda, deporte, nutrición, exposiciones o charlas se van imponiendo.

Una tendencia es el uso de las redes para facilitar una experiencia digital a los participantes. En este caso se incluye la opción del streaming que permite asistir al evento desde otro punto geográfico. Un paso adelante en lo que nos pueda ofrecer el mundo del Metaverso.

Las TIC llegan a los festivales

En la evolución de la organización de estos macroeventos musicales, la implantación de las tecnologías de la información y la comunicación ganan peso a pasos agigantados. Y es que, como indica Salvador Albero, “los festivales han entrado en una nueva etapa de la industria musical en la que cada vez es más necesario profesionalizar el sector ante un público que demanda nuevas experiencias en los eventos. Demandas que van más allá de lo estrictamente musical y con mayores exigencias en materia de seguridad. En este sentido, las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental y los propios promotores están invirtiendo cada vez más para poder implementar en sus eventos tecnologías que garanticen la seguridad y el buen funcionamiento de la organización de los mismos”.

La introducción paulatina de las tecnologías se ve en el empleo del big data, la utilización de drones, pasando por el uso de monitores para “garantizar la trazabilidad de los flujos de público y la sectorización de los espacios o el empleo de las pulseras inteligentes para el control de los accesos, mediante validación de entradas con lectores QR o el sistema de pago cashless que permite agilizar los pagos en el interior del recinto y evitar colas”, resalta Albero.

Son innovaciones tecnológicas que “permiten al organizador, por una parte, controlar en todo momento y en tiempo real lo qué está pasando en el evento, tanto en materia de seguridad como en las transacciones económicas, así como conocer las preferencias o gustos del público”, remarca.

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