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¿Qué es realmente un banco central y qué se espera del BCE este jueves?

El próximo jueves día 21 será todo un día D para el Banco Central Europeo. Y, por tanto, para la economía de la Zona euro. La máxima autoridad monetaria del viejo continente abordará una reunión sobre los tipos de interés en la eurozona.

Y la verdad es que el esperado encuentro llega en un momento crítico para la economía europea. Con una inflación descontrolada –en junio el IPC de la Zona Euro en el 8,6%, alcanzando así un nuevo récord-, el empobrecimiento de millones de europeos está en juego.

La institución presidida por Christine Lagarde debe dar una respuesta acorde a las dimensiones de las del enorme reto al que se enfrenta. No valen las tibiezas de ocasiones anteriores o futuras promesas que difieran el problema en el tiempo. ¡Hay que actuar ya y con la contundencia que la situación requiere! Si la actuación se limita a situar en precio del dinero en el 0,25%, como se anunció en junio, será insuficiente.

El tipo de cambio presiona aún más a Lagarde

Por primera vez en 20 años el tipo de cambio euro/dólar ha alcanzado la paridad. La divisa norteamericana se ha visto favorecida por la crisis energética derivada de la guerra entre Ucrania y Rusia. No podemos olvidar que la mayoría de las transacciones de materias primas hacen en dólares por lo que espectaculares subidas del petróleo y del gas -entre otras muchas comodities- ha revalorizado la moneda estadounidense.

Además, el dólar sigue siendo una moneda refugio, por lo que toda la incertidumbre sobre una recesión a nivel global y un empeoramiento generalizado de las expectativas, también, lo ha reforzado.

En una Europa importadora de materias primas (especialmente energéticas) la paridad difícilmente colabora a que la tensión inflacionaria se reduzca. Mas bien ocurre lo contrario. Por ello, el margen – si es que realmente lo hay, todavía- de actuación del BCE es menor a cada día que pasa.

¿Qué ocurrirá?

Lo coherente y razonable sería que el Banco Central Europeo el próximo jueves anunciara una subida de tipos más contundente que la que adelantó el pasado mes de junio. Asimismo, no estaría mal que el organismo dirigido por Lagarde precisara sobre el ‘deathline’ de los estímulos económicos.

Estas medidas contribuirían al tan necesario enfriamiento de los precios. Por otro lado, el euro recuperaría parte de su depreciado valor actual. Si a las medidas comentadas le sumáramos una relajación en el precio de las materias primas (la cual ya está empezando a producirse); y una desescalada de la incertidumbre y de los temores a una crisis económica global; el euro podría incrementar su valor de una manera más intensa, lo cual ayudaría a una adicional relajación de los precios.

BCE sube los tipos al 0,50 %

Finalmente ya sabemos lo que ha ocurrido esta semana. El Banco Central Europeo (BCE) ha subido este jueves los tipos de interés en medio punto porcentual, hasta el 0,50 %, la primera subida desde hace once años y la más intensa desde 2000, con el objetivo de frenar el avance de la inflación.

Además ha aprobado por unanimidad crear un nuevo instrumento para comprar deuda de forma extraordinaria con el objetivo de atajar subidas “injustificadas” de las primas de riesgo de algunos países, evitando así la fragmentación de los mercados.

Bancos Centrales

Para muchos economistas, uno de los poderes más influyentes del mundo contemporáneo son los bancos centrales, grandes instituciones que dirigen la economía de un país o incluso de varios, como ocurre en el caso del Banco Central Europeo y la zona euro. Es más, en no pocas ocasiones, las decisiones de una importante autoridad monetaria influyen en el devenir económico de regiones que se localizan a miles de kilómetros.

Su origen data de 1668, cuando en Suecia se produjo un hecho que cambiaría por completo la historia de las naciones. Fue en el país nórdico donde, por primera vez, se creó una entidad de estas características y dimensiones.

¿A qué se dedica un banco central?

Se trata de una institución pública que gestiona la moneda de un país –o grupo de países, como comentábamos al principio– y controla su oferta monetaria. Es decir, la cantidad de dinero que hay en circulación.

Su objetivo principal es la estabilidad de precios. En definitiva, el control de la inflación. No obstante, en otros países los bancos centrales tienen también otra serie de obligaciones como, por ejemplo, la de apoyar y fomentar la creación de empleo.

Para cumplir estos ambiciosos objetivos, un banco central cuenta con una serie de recursos a su disposición. La forma en la que los aplica o los dispone es lo que define su forma de actuar: la política monetaria.

En este artículo expondremos todo acerca de ellos, comparando a sus dos mayores exponentes: el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de América. A pesar de ser instituciones con prácticamente los mismos fines, comprobaremos que se diferencian en muchos más aspectos que en la mera localización. De este modo, sintetizaremos las principales divergencias entre los dos reguladores monetarios más influyentes y relevantes de toda la economía mundial.

Política monetaria

La política monetaria es el conjunto de decisiones y acciones que adoptan los bancos centrales para alcanzar sus fines. En general, sus dirigentes buscan establecer un encarecimiento de los precios moderado (cercano al 2%), favorecer la creación de empleo y velar por el buen funcionamiento del sistema financiero. Además, entre sus mandatos se encuentra la vigilancia de la evolución de los tipos de cambio, cuyo papel resulta decisivo en un mundo cada vez más globalizado.

Los reguladores monetarios controlan la liquidez del sistema y fijan algunos tipos de interés que afectan directamente a las entidades financieras e indirectamente a las empresas no financieras y públicas.

Dentro sus políticas, ambas instituciones comparten ciertos objetivos, pero no siempre son exactamente los mismos. Cada región presenta unas características particulares y es su coyuntura económica quien implícitamente dirige la forma de actuación de estas. De esta manera, dependiendo del contexto y fase en que se encuentre una economía, se aplicarán unas políticas u otras, tratando de efectuarlas de la forma más eficiente y eficaz posible.

En el caso de la FED, los objetivos principales son mantener una tasa de inflación baja y maximizar el empleo. Por el contrario, el mandato principal –y único según sus estatutos– del BCE es mantener la tasa de inflación en el entorno del 2%.

Además, ambos bancos supervisan y regulan las instituciones bancarias para garantizar la seguridad y la solidez del sistema financiero, protegiendo, también, los derechos de crédito de los consumidores.

Herramientas empleadas por los Bancos Centrales

Los instrumentos que utilizan comúnmente estos dos reguladores son los siguientes:

– Operaciones de mercado abierto consistentes en la compraventa de bonos u obligaciones del Estado u otros activos financieros con el fin de inyectar o drenar liquidez en el sistema financiero.

– Fijación del tipo de interés de referencia en el mercado interbancario para influir en la demanda monetaria.

– Establecer un adecuado coeficiente legal de caja con el fin de limitar la capacidad prestataria de las instituciones financieras.

Dentro de estos tres principales recursos, los dos bancos centrales han desarrollado y han aplicado todo tipo de planes convencionales y no convencionales. Estos últimos han sido especialmente frecuentes durante todas y cada una de las distintas crisis económicas que han ido produciéndose desde que se fundaron. A continuación, procederemos a detallarlos.

Crisis económica 2008

En agosto de 2007, la Reserva Federal inició una gran actualización de intervencionismo, reduciendo la tasa de descuento en los préstamos a los bancos del 6,25% al 5,75%. Además, inyectó 24.000 millones de dólares para apoyar al sistema financiero estadounidense, sobre todo a la banca de inversión.

Con esta maniobra, la FED recordaba a los bancos la disponibilidad de la ventana de descuento para la obtención de préstamos. De esta forma, el regulador norteamericano realizaba una llamada a las entidades sobre su disponibilidad para convertirse en el prestamista institucional que inyectara la liquidez necesaria a los bancos que lo necesitaran. Esta situación se produjo debido a que el mercado interbancario se había bloqueado en ese momento. Estos movimientos monetarios fueron el resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria, lo que supuso solo el comienzo de la caída del gran castillo de naipes que se derrumbaría después.

Meses más tarde, EE.UU. entró en una grave crisis económica. Ante este escenario propuesto, la Reserva Federal prosiguió reduciendo los tipos de interés hasta llegar al 0% en diciembre de 2008. Esta situación le dejaba sin margen de maniobra y sin la posibilidad de responder en caso de un nuevo empeoramiento de la economía.

Ante esta caótica y novedosa situación, el banco central americano tomó la iniciativa y decidió realizar un cambio en su estrategia con un plan de actuación no convencional. La nueva hoja de ruta consistiría en la compra de activos a largo plazo. Surgió lo que se conoce como política monetaria cuantitativa, el ya célebre “Quantitative Easing”.

La menor contundencia del BCE implicó una recuperación más lenta

En el caso de Europa, la actuación en la crisis económica también estuvo marcada por políticas no convencionales. En octubre de 2008, acordó una línea de swaps19 con la Reserva Federal para facilitar los pagos en dólares que escaseaban en los mercados financieros a corto plazo, y a lo largo de los años lo realizó, también, con los bancos centrales de Suiza, Inglaterra y China.

El BCE introdujo, en mayo de 2009, otro de sus programas conocido como “Covered Bond Purchase Programme” que consistía en la compra de deuda respaldada con activos de gran calidad (casi toda deuda hipotecaria). Su objetivo era mejorar la liquidez de este mercado tan específico y que se había visto completamente arrasado por la crisis.

Un año más tarde, y como consecuencia de la crisis fiscal griega, se inició en el área euro una deuda de crisis soberana sin precedentes. Ante una situación límite como la acontecida, el Banco Central Europeo reaccionó con un nuevo programa de compra de activos que denominó programa de activos de mercado (Securities Market Program).

El BCE continuó con las ventas de Main Refinancing Operations, MROS (operaciones de financiación con vencimiento a una semana), como continuación de las medidas convencionales de mercado abierto, e inició la entrada en el mercado de las Long Term Refinancing Operations, LTRO (operaciones similares con vencimiento a tres meses). Esta serie de medidas ya las podríamos catalogar dentro de las que se consideran no convencionales. Además de este elenco de actuaciones, que acabamos de comentar, el BCE ha realizado diversos planes de compra de activos o emisión de deuda desde 2009 hasta 2015 para reavivar la economía en Europa.

6 años de retraso, respecto a la FED

De hecho, no fue hasta 2015, seis años más tarde que la Reserva Federal, cuando el máximo regulador europeo inició su particular ‘Quantitative Easing’. Esta abrumadora diferencia temporal es la principal diferencia entre las dos entidades. Y sea posiblemente, también, una de las principales razones para que un bloque económico se recuperara antes que el otro.

En definitiva, durante la crisis financiera que se originó en 2008 ambos reguladores actuaron –a pesar de las importantes divergencias en los tiempos– de manera muy similar. De hecho, en algunas ocasiones llegaron incluso a realizar los ajustes necesarios de manera conjunta.

Actuación durante la crisis de la covid-19

En este contexto, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo respondieron con mucha contundencia, lanzando el mayor plan de estímulo de la historia, superando incluso a los desarrollados durante la crisis financiera global.

Afortunadamente, ambos bancos centrales tuvieron la capacidad de aprender importantes lecciones de la crisis anterior. La respuesta inicial se centró en amortiguar la caída de la actividad económica, dadas las fuertes restricciones impuestas por los gobiernos.

Respecto a la FED, la primera medida que realizó fue la reducción de los tipos de interés, con una contundencia sin precedentes.  El objetivo pretendido era suavizar los costes de financiación y apoyar la demanda agregada.

A comienzos del mes de marzo, la FED bajó su tipo de referencia en 50 puntos básicos hasta el nivel del 1,0 %-1,25 %, y doce días después, en un segundo encuentro, recortó los tipos 100 puntos básicos hasta el 0 %-0,25 %. Además de bajar los tipos al 0 %, la FED amplió su programa de compra de activos a gran escala de forma ilimitada.

Del mismo modo, y con el fin de favorecer el buen funcionamiento del crédito, puso en marcha programas especiales que concedieron millones de dólares en créditos a hogares y a empresas. Los requisitos para poder acceder a este tipo de soportes financieros fueron tremendamente laxos, con el objetivo de que mucha gente pudiera acceder a ellos.

El BCE no tuvo margen para bajar los tipos

Por su parte, el BCE –sin capacidad para bajar tipos, ya que llevan en terreno negativo desde mediados de 2014– optó por una gama de recursos no convencionales. En la cumbre de política monetaria del pasado mes de marzo de 2020, la primera medida importante que tomó fue proveer de liquidez a las entidades financieras de la forma más favorable posible. Con el objetivo de devolver la fluidez a la economía se recurrió al programa de provisión de liquidez TLTROIII.

La segunda supuso aumentar sustancialmente el programa de compras de activos (Quantitative Easing), con 120.000 millones de euros a lo largo de 2020, añadidos a las compras de 20.000 millones al mes que ya estaban en marcha.

No obstante, como seguía empeorando la situación de la pandemia, el 18 de marzo por la noche se anunció un nuevo programa de compras de emergencia por valor de 750.000 millones de euros que, a diferencia del programa QE, permitía cierta flexibilidad en la compra de bonos soberanos para estabilizar los mercados en caso de que fuera necesario. Los requisitos de capital y solvencia para las entidades financieras también se relajaron drásticamente.

Conclusiones

Las principales medidas adoptadas por los bancos centrales de Estados Unidos y la eurozona han jugado un papel decisivo para afrontar tanto la crisis financiera de 2007- 2008, como la crisis sanitaria de la covid-19.

Ahora bien, existen grandes diferencias en la rapidez y contundencia en la toma de decisiones a uno y otro lado del Océano Atlántico. Esto se hace plausible en la evolución de los datos macroeconómicos en cada una de las regiones.

En este sentido es dónde Estados Unidos reafirma su fortaleza como primera potencia mundial (veremos hasta cuándo). Por el contrario, nuestra querida Europa sigue dando muestras de debilidad, obteniendo, casi siempre, peores resultados que nuestros análogos ‘yankees’. Replicar casi por completo los movimientos del gigante americano, pero de forma menos contundente y más tardía, no es la mejor estrategia. No obstante, la tan distinta idiosincrasia entre ambos bloques imposibilita un comportamiento homogéneo.

Es cierto que históricamente las grandes crisis económicas han sido formadas y contagiadas desde el otro lado del Atlántico -motivo por el cual han tenido una mayor capacidad de reacción-, pero la última en la que ha transcendido a nivel mundial, el ejecutivo de Jeremy Powell fue uno de los primeros en reaccionar. Esperemos que los representantes del BCE realicen un trabajo impecable para los años venideros, y que Europa se consagre como el referente a seguir en el aspecto económico y político. Sin duda no será una tarea fácil.

En definitiva, las políticas monetarias de los bancos centrales vienen marcadas por los ciclos económicos, donde no siempre son de la misma intensidad, ni tampoco se dan por los mismos motivos. Sin embargo, de lo que no hay ninguna duda al respecto es que las decisiones que tome o no un banco central son capaces de marcar la diferencia.

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