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Alberto Garzón peca de pardillo

El ministro de Consumo del Gobierno de España, Alberto Garzón, ha cometido un error, por encima de todas las demás consideraciones, en su polémica entrevista con The Guardian. Ha pecado de pardillo. Ha sido demasiado inocente. Poco hábil. Poco listo (no confundir con inteligente). Llámenlo como quieran. Y lo peor, en este caso, es que no es la primera vez.

¿Qué ha dicho y qué no ha dicho Alberto Garzón en su entrevista en The Guardian?

Pero vale la pena trazar un breve contexto. Garzón concede una entrevista al diario británico The Guardian y el artículo se publica hace ya varias semanas. De repente, alguien importa las declaraciones del ministro. O mejor dicho, para ser justos, se distribuyen en nuestro país unas supuestas palabras que, realmente, Garzón nunca pronunció.

Vivimos en un mundo digitalizado y con la mayor facilidad de la historia para acceder a toda la información que queramos, así que basta con teclear en Google para leer la entrevista de la polémica. Pero se da la paradoja de que también vivimos tiempos en los que la verdad no importa demasiado. Prima la realidad que cada uno quiere ver.Seguro que todos ustedes han leído u oído que Garzón ha dicho a The Guardian que la carne española es de mala calidad. No hay rastro de tal afirmación en la entrevista, pero interesa a sectores políticos -de la oposición y de los que se sientan en el Consejo de Ministros- y, posiblemente, a una parte de los sectores económicos hacer leña del árbol semicaído.

“El líder de un partido histórico y miembro del Gobierno no puede ni debe ser tan inocente”

¿Malas artes? Sin duda. ¿Previsibles por cualquier político con un poco de inteligencia política -valga la redundancia-? También. Esta es la primera e inevitable crítica al ministro Garzón. Si concedes una entrevista y ‘zurras’ a un sector de una industria patria, lo lógico es esperar una reacción. El líder de un partido histórico en España y miembro del Gobierno no puede ni debe ser tan inocente.El segundo error de Garzón, a mi juicio, es ya habitual. Un ministro se lanza a criticar a la ganadería intensiva de España en un medio de comunicación, encima extranjero. Estos ‘trapos sucios’ -si lo son, ahí ya no entraré en estas líneas para no extenderme en exceso- se lavan en casa.

Pero es que, además, un ministro tiene el deber y el poder de corregir estos problemas, no se puede quedar en la denuncia como si fuera un activista o un miembro de la sociedad civil. Si tan grave es lo que señala, actúe. Garzón tiende a dar la sensación de que no se acostumbra a eso del poder ejecutivo y sigue en la puerta del ministerio tras una pancarta.En definitiva, más allá de todo el ruido que se ha generado, el ministro Alberto Garzón ha pecado, fundamentalmente, de pardillo.

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