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Pfizer, la vacuna y el ODS 18

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Periodista y director de Comunicación y RSC

La empresa Pfizer, que pasará a la Historia como la primera en poner en manos de los humanos –o en los brazos si pensamos en los pinchazos– un método para detener, al menos durante un tiempo, al virus llamado covid-19 es una marca activa y comprometida con los Objetivos de Desarrollo sostenible (ODS). Hace unas semanas, reafirmó su compromiso con el cumplimiento de los 17 ODS celebrando entre sus trabajadores la “Semana de los ODS” en Pfizer con iniciativas que promueven su consecución.

Según la empresa de la primera vacuna anticovid de la Historia, Pfizer apuesta por la innovación sostenible. Por ello, como organización, desempeña “un papel activo en la construcción de una sociedad más equitativa” a través de los retos que plantean los ODS.

La compañía contribuye de forma directa al ODS 3 –garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades–, en el que centra su mayor esfuerzo, y también trabaja para impactar en otros objetivos: en el ODS 5, fomentando la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, a través de su Comité de Diversidad y el Plan de Igualdad; el ODS 8, contribuyendo al crecimiento económico de España y al empleo de calidad; el ODS 9, fomentando la innovación más allá de la investigación e innovación científica; el ODS 12, produciendo y consumiendo de manera responsable; y el ODS 17, a través de acuerdos con otras organizaciones para movilizar e intercambiar conocimientos, especialización, tecnología o recursos para lograr los ODS.

Desde el inicio de la pandemia, se ha puesto de manifiesto muchas veces en numerosos foros de todo tipo la necesidad de integrar a los científicos en el devenir de las sociedades actuales. No estaría mal que fuese un cuarto poder que equilibrara todavía más al Ejecutivo, al Judicial y, sobre todo, al Legislativo. En un mundo en el que la ciencia y la tecnología –aunque siempre lo han hecho desde que el Homo Sapiens acabó con las otras cinco especies de humanos como cuenta Yuval Noah Harari en su libro– van a determinarlo todo, no estaría de más que los negocios científicos dejarán de ser entendidos tal y como se comprenden hoy en día,

Sinceramente, a mí me choca que una marca que está salvando a la Humanidad –y no parece exagerada esta afirmación tras ver el in crescendo descontrolado de los casos a finales de 2020 en todo el mundo– suba en bolsa por salvar la vida de los humanos. Y esto no es un desvarío seudocomunista. Entiendo, respeto y reconozco los mecanismos capitalistas, faltaría más, pero me chirría que, del mismo modo que hay organizaciones planetarias que legitiman que terceros invadan países con regímenes autoritarios para implantar la separación de poderes de Montesquieu, no haya organizaciones planetarias similares que velen por el acceso a la ciencia de todos los humanos por igual.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que lo intenta, es una institución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) especializada en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención a nivel mundial en la salud. Fue definida en su Constitución como un estado para los humanos de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades. La OMS se ha hecho más famosa con la pandemia pero carece de un poder real que haga saltar la ciencia a un derecho universal como la democracia. No garantiza nada y lo estamos viendo con el coronavirus. Echo de menos una Greta Thunberg en el terreno de la ciencia que enfoque un gran salto cualitativo generacional del mismo modo que lo ha hecho la sueca mediáticamente en la lucha contra el cambio climático.

Propongo comenzar el camino ampliando la numeración de los ODS con un 18 dedicado a la Ciencia Universal. Un objetivo que tuviese como metas la implantación democrática de los avances científicos en el mayor número de campos posible. Un ODS que buscase un acceso al conocimiento científico total y no solo a cuestiones de salud. Se tardaron varios siglos en conseguir el voto para todos los hombres y muchos años más para que lo hicieran las mujeres. ¿Podríamos votar a qué científicos queremos tener al frente del cuidado de la Ciencia Humana? ¿Son las farmacéuticas La Bastilla del siglo XXI?

Mientras llega todo esto, mi enhorabuena a Pfizer, no solo por la parte de nuestra salvación, sino por reforzar entre su plantilla la importancia de trabajar en los retos que plantean los ODS.