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El ciclo ha contado con la colaboración del Festival de Cine Europeo de Sevilla

La Filmoteca presenta un ciclo dedicado a la cineasta italiana Cecilia Mangini

Se podrá ver del 7 al 19 de enero en la sala Berlanga del Edifici Rialto

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Cecilia Mangini

De la mano del Festival de Cine Europeo de Sevilla, se podrá ver, por primera vez en València, en La Filmoteca, las películas de la cineasta italiana Cecilia Mangini, autora que se aproxima al cine documental sin prejuicios y que está abierta tanto al azar como a la hibridación.

El ciclo está formado por doce de los cortos que Mangini filmó entre los años cincuenta y los setenta, tres de ellos con guión de Pasolini, y dos películas recientes sobre su faceta de fotógrafa codirigidas con Paolo Pisanelli.

Algunos se han referido a Cecilia Mangini como “la Agnes Varda italiana”. Ciertamente, ambas, a las que unía una amistad tardía, tienen cosas en común: las dos son mujeres en un mundo de hombres, comprometidas políticamente, las dos llegan al cine en los años cincuenta desde la fotografía y han continuado filmando hasta el final (Mangini sigue en activo a sus 93 años). Y aunque Varda sí que dirigió ficción, las dos se aproximan al documental sin prejuicios, desconfiando de las apariencias y depositando sobre estas una mirada curiosa y abierta.

“La realidad no existe; lo que buscamos es más profundo que la realidad, una cosa escondida que se revela”, afirma Mangini. “Para mí un documental puede ser una puesta en escena de la realidad y, al mismo tiempo, requerir una actuación o un texto poético para ser más eficaz”, precisaba en una entrevista la directora, cuyos tres primeros cortometrajes cuentan con textos de Pier Paolo Pasolini.

“Creo poder afirmar que mi realismo ha sido más bien infiel con la realidad y una de las claves de mi impulso poético es la voluntad de que ética y estética tengan el mismo valor”, añade la directora.

En sus cortometrajes, Mangini retrata los márgenes de una Italia que, después de la guerra, entra en un vertiginoso proceso de industrialización. Mientras que el relato oficial se centra en la modernidad y el futuro, su cine pone el foco sobre obreros y labradores, sobre rituales rurales en peligro de extinción y en ritos de los suburbios.

Teniendo en cuenta estas tensiones, la mirada de Mangini no está exenta de ironía, pero quizá el principal valor de su cine etnológico-poético, que parte del neorrealismo para avanzar a hibridaciones del cine europeo posterior, es la frescura con que filma realidades a veces muy duras. Sin caer en el esteticismo, consigue conectar con la esencia de lo arcaico y lo popular. Pero no tiene nada de la estética miserabilista. Al contrario, sus películas desbordan vida y en ciertos momentos humor. A veces, la alegría de los desheredados es un acto de resistencia, y en el cine de Mangini filmar estos gestos vigorosos se convierten en un gesto político.


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