Entrevista

La compañía Trajines reivindica en Sala Russafa el papel de las mujeres científicas

Repasamos con la dramaturga y actriz Marta Salinas el argumento y las características de la comedia juvenil "Ciència i ficció: Sublimació al laboratori"

Archivado en: 

Marian Villaescusa y Marta Salinas, de la compañía teatral Trajines, caracterizadas como las jóvenes adolescentes que deben recurrir a la ciencia para escapar de su encierro en el insituto. | E3

Sala Russafa acoge este fin de semana el estreno absoluto de la nueva creación de la formación valenciana Trajines: Ciència i ficció: Sublimació al laboratori, una obra que, sobre el escenario y durante una hora, trata de reivindicar el papel de las mujeres científicas, oscurecido por la Historia y, al mismo tiempo, a través de la comedia, mostrar el atractivo de la aventura del saber al público adolescente.

José Olmos dirige a las actrices Marian Villaescusa y Marta Salinas, quien firma el texto y atiende a Economía 3 en esta entrevista. Marta avanza que “lo estamos pasando bomba con esta obra, la disfrutamos mucho”. Sólo por eso miren, ya me alegro: para conseguir hacer disfrutar a los demás hay que empezar disfrutando uno mismo. Es uno de los pocos axiomas que guardo en mi mochila viajera.

-¿Qué nos cuenta Ciència i ficció: Sublimació al laboratori?

-Trata de dos amigas adolescentes que se quedan encerradas en el laboratorio del instituto, por circunstancias que ya se verán en la obra, y tienen que buscar alguna manera de salir. A una de ellas le gusta mucho la ciencia, y quiere “enamorar” de la ciencia a su amiga, y como a toda adolescente, le gusta jugar, hacer trastadas… Es una adolescente normal, no una friki ni una aislada. A partir de ahí, se dedican a buscar la manera de escapar. Su preocupación es que sus padres les puedan castigar por la manera en la que se han quedado encerradas, y necesitan salir rapidísimo. Para ello, tienen que utilizar los elementos con que cuentan en el laboratorio.

mujeres científicas

| Sala Russafa.

-Además de dramaturga y actriz, ¿tienes formación científica?

-No, pero mi madre, ya jubilada, era profesora de ciencias, así que he tirado de ella un poco para no meter ninguna “gamba” científica.

-Entonces, es una ficción, pero lo que vamos a ver es posible, es decir, son soluciones científicas reales.

-Exacto. Y se tocan muchos conceptos científicos que se imparten en colegios e institutos. A través del juego, se va dando mucha información sobre lo que niños y niñas están aprendiendo en el colegio.

-¿Qué te motivó a abordar este tema?

-Quería visibilizar el papel de la mujer en la ciencia y romper estereotipos. Esta fue la idea inicial, hablar de mujeres científicas. Y me parecía chulo llegar a la ciencia a través del teatro, porque parece que siempre que en los institutos se hacen actividades extraescolares sobre esta disciplina vayan al Museo de las Artes y las Ciencias, y está bien que, de repente, el teatro también sirva para aprender ciencia.

-Puede ser más interactivo y entretenido. Muchas veces, cuando llevan a los estudiantes a este tipo de excursiones los matan un poco de aburrimiento y no se les despierta la curiosidad…

-Pero la ciencia es divertida, es emocionante, es como una aventura, como les pasa a estas niñas. Me gustaría que el público se sintiera identificado, que piense “¿ostras, si me pasara eso, qué haría?” Como he dicho, nosotras dejamos pinceladas de conceptos, y creo que la obra se podría llevar a colegios e institutos y servir como referencia: “¿Os acordáis de lo que vimos en Ciència i ficció: Sublimació al laboratori?”. Si mantienen una imagen mental, creo que es más fácil entender las cosas.

Y además es una comedia, porque les pasa de todo a las pobres ahí dentro. Es muy divertido explicar la ciencia a través de la risa y el juego. Tenía esta obra empezada y sin acabar antes del confinamiento, y entonces me animé a acabarla.

-En los últimos años, las universidades están animando a las chicas a estudiar carreras STEM – Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas-, un terreno muy acotado por los hombres. ¿Crees que en el futuro las elegirán más?

-Segurísimo, estamos en el camino. El problema es que cuando somos niñas no tenemos referentes. Esta obra también quiere romper ese estereotipo del científico “einstein”, esa imagen del inventor con los pelos revueltos, la bata…

-El referente femenino casi único que ha existido durante muchísimos años ha sido Marie Curie, y muy recientemente se ha reivindicado la labor de la actriz Hedy Lamarr, un personaje fascinante…

Hedy Lamarr tiene un papel protagonista en nuestra obra. La nombramos también para romper ese estereotipo, porque una mujer superbella, un referente físico muy marcado, hizo con su vida lo que ella quiso. Como imagen empoderadora me parecía muy chula. Recordamos las circunstancias que rodeaban a Hedy Lamarr, y que lo que inventó nos ha llevado a la comunicación sin cables y de ahí al wifi, al bluetooth…

-…Que cambió de verdad el mundo, vaya. Hace poco vi un documental sobre ella, y fíjate que saqué la conclusión, que me puedes corregir si es equivocada, que ni siquiera se sintió realmente frustrada a pesar de no haber sido reconocida su enorme aportación a la ciencia. Sencillamente, al ser mujer, bella y actriz, parece que no esperaba nada, estaba resignada.

-Todo jugó en su contra. Como científica, su belleza jugó en su contra. De hecho, le dieron un pequeño premio ya en su vejez, pero no quiso ir a recogerlo, estaba muy frustrada por lo que había vivido.

-Hasta hicieron triquiñuelas para no reconocerle la patente de la comunicación sin cables…

-Exacto. Y su vida personal también fue horrorosa: tenía un marido maltratador…Su vida fue tremenda.

mujeres científicas

Retrato de la actriz y científica Hedy Lamarr, obra de la ilustradora Carla Fuentes, que ocupó todo un muro lateral del centro de innovación Las Naves como homenaje a su figura en octubre de 2019. | E3

-¿Qué otros referentes habéis utilizado?

-Citamos también mucho a Margarita Salas. Sus investigaciones y descubrimientos hacen que entendamos mejor la estructura del ADN. A Marie Curie, y otras, las citamos más de pasada.

-Marian y tú interpretáis a las chicas. El reto interpretativo debe ser importante.

-Aunque el esfuerzo por convertirnos en adolescentes es grande, estamos jugando, y dentro del juego entendemos que el público acepta la propuesta que hacemos. A través de la comedia es más fácil. Vamos vestidas con un uniforme de colegio y la imagen enseguida nos identifica como adolescentes. Nos lo estamos pasando en grande, creo que no me he reído tanto en mucho tiempo, nos ha imbuido el espíritu adolescente y en los ensayos estamos muertas de la risa todo el tiempo. Más que un reto, nos lo estamos tomando como un regalo.

-Vamos un poquito a la actualidad. ¿Qué hacemos con esos “ramalazos” machistas que conservamos aún en el interior los hombres de cierta edad?

-Los hombres y las mujeres. Tenemos muchas cosas adquiridas que debemos ir quitándonoslas sin culpa, sin remordimiento, de manera amable. Hay cosas que hacemos de forma inconsciente, porque nos han educado así. Creo que, poco a poco, nos las iremos quitando, pero insisto, sin tensión, sin sentirnos fatal. A veces hablo y me doy cuenta con el lenguaje que utilizo que no estoy siendo inclusiva, uso una terminología que tengo muy arraigada. Soy muy consciente de la importancia del lenguaje, las palabras generan ideas e imágenes, creo que tenemos que ser cuidadosos y cuidadosas con él. Y es difícil.

-Te confieso una cosa: como redactor, que se ve obligado a sintetizar para adaptarse al espacio del que dispone, eso es un problema, porque si digo “los chicos y las chicas”, “los padres y las madres”, etc. se me va el texto.

-Eso es tedioso. A mí me pasa, llevo muchos años dedicándome a la pedagogía teatral, y cuando empecé no utilizaba el lenguaje inclusivo en absoluto. Me ha ido viniendo poco a poco, poco a poco voy adquiriendo herramientas: cuando escribo un texto busco sinónimos, le pregunto a alguien, y voy interiorizando expresiones que son más inclusivas. Por ejemplo, antes en la escuela, cuando tenía que mandar un comunicado, siempre ponía: padres y madres, alumnos y alumnas…Ahora utilizo el término familia, además que las hay muy diversas; el término alumnado; cuando tengo que hablar con las familias de sus hijos y sus hijas, ahora uso el término criaturas

-Uf, lo de criaturas cuesta…

-Lo sé, es una palabra que nos trae una imagen un poco fea, parece que se refiere a un animal. Pero como la estoy adaptando a mi lenguaje, cada vez me gusta más.

-Entonces, ¿todo puede ser cuestión de acostumbrarse?

-Sí, cada vez me cuesta menos. Aún hay cosas que me cuesta encontrar cómo decirlas, pero creo que el esfuerzo merece la pena. Soy madre de dos niñas, y mi hija pequeña nunca se siente incluida si no uso lenguaje inclusivo. Cuando uso el masculino, ella me corrige siempre. Así que sí es verdad que no se sienten incluidas.

-Entonces ya está implantado en las nuevas generaciones, cosa que está muy bien…

-Es un tema muy interesante. Soy una firme defensora del lenguaje inclusivo y he tenido muchos debates con conocidos. El lenguaje genera imágenes en la infancia, crea estructuras mentales, y es una cuestión que me parece muy importante sobre todo en ese momento.

 

Suscríbete a nuestra newsletter