Análisis

Los máximos de bolsas y activos refugio despiertan el temor a una burbuja

Con incertidumbres como el coronavirus, la bolsa vive un ciclo alcista y los inversores se refugian en el oro; pero ¿hay burbuja? en algunos sectores

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Foto: Efe

La evolución de los mercados en las últimas semanas ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de que los prolongados estímulos de los bancos centrales estén generando una burbuja de activos, ya que el largo periodo alcista de las bolsas convive con una significativa demanda de activos refugio como el oro o la deuda de países como EE.UU.

Los analistas consideran que el brote de coronavirus surgido en China y la cercanía de las elecciones en EE.UU. propiciarán que las políticas expansivas se mantengan durante los próximos meses. No es habitual que los activos refugio estén en máximos cuando las bolsas se encuentran también en un periodo alcista -a pesar de la corrección de jueves y viernes-, y llama la atención que los mercados bursátiles apenas reflejen el riesgo de que el coronavirus impacte en la economía mundial.

El oro cotizaba el viernes en torno a los 1.634 dólares por onza, el máximo desde principios de 2013, mientras que el rendimiento del bono estadounidense a treinta años tocaba su mínimo histórico.

“Sorprende un poco el apetito por el riesgo que sigue habiendo. Pensamos que es fruto de que los inversores tienen cierta complacencia y ven que tanto los bancos centrales como los gobiernos podrían dotar de estímulos a la economía en caso de que el coronavirus la afectara“, apunta Felipe López-Gálvez, analista de Singular Bank.

La conjunción durante un periodo prolongado de tipos de interés históricamente bajos, abundante liquidez y estabilidad en los precios de los bienes de consumo plantea la duda de si los estímulos están provocando una inflación en los precios de los bienes de inversión. “Es la duda que nos surge a todos“, reconoce López-Gálvez. Según el analista de Singular Bank en los mercados bursátiles las valoraciones están “ligeramente por encima de la media histórica”, pero las diferencias no son alarmantes. “No vemos a priori una burbuja, aunque quizás sí en sectores concretos”, explica.


La conjunción durante un periodo prolongado de tipos de interés historicamente bajos, abundante liquidez y estabilidad en los precios de los bienes de consumo plantea la duda de si los estímulos están provocando una inflación en los precios de los bienes de inversión.

No obstante, admite que sí se puede hablar de burbuja en el mercado de deuda soberana, donde los inversores “siguen comprando a pesar de que las rentabilidades son incluso negativas”. Eduardo Bolinches, analista de Invertia, reconoce que existe una burbuja de liquidez que afecta a la evolución de las bolsas. “Tenemos muchísima liquidez en el mercado y nos empuja a los ahorradores hacia la renta variable”, subraya.

La siguiente pregunta es si esta eventual burbuja podría explotar en un futuro más o menos cercano. “Podría estallar si Wall Street, que es la batuta que guía los mercados, hace techo”, responde Bolinches. No obstante, duda que los mercados de EE.UU. rompan su tendencia al alza en los próximos meses por la cercanía de las elecciones presidenciales. “El presidente Trump no se puede permitir el lujo de que los mercados se vayan hacia abajo. Por lo tanto, vamos a tener hasta noviembre un mercado alcista o sin correcciones y la burbuja se mantendrá intacta y sin explotar“, subraya.

Francisco Vidal, economista jefe de Intermoney, apuesta también por la continuidad del ciclo alcista en EE.UU. “Miramos mucho a China pero lo importante es el ciclo americano y parece que esa expansión va a perdurar“, afirma. A su juicio, los inversores creen que los problemas económicos derivados del coronavirus son pasajeros y que, cuando la situación se normalice, la economía repuntará con fuerza por los estímulos que ya están aplicando China y otros países asiáticos como Singapur, Tailandia o Singapur.

En un informe reciente, Yves Bonzon, del banco de inversión suizo Julius Baer, apunta que la situación actual recuerda a la existente a finales de la década de los noventa, cuando la crisis asiática obligó a la Reserva Federal a interrumpir su ajuste y a volver a los estímulos en un momento en el que las empresas tecnológicas cotizaban en máximos después de un largo periodo alcista de las bolsas. Aquella coyuntura desembocó en 2001 en el estallido de la burbuja de las empresas puntocom.

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