Elvira Asensi: “Un buen traductor ha de ser invisible, cuando se nos aprecia es para mal”

Elvira Asensi: “Un buen traductor ha de ser invisible, cuando se nos aprecia es para mal”

Editorial Contra ha publicado hace menos de un mes Material inflamable, el libro de memorias de Richard Lloyd, guitarrista del grupo pionero del punk rock neoyorkino Television, y un excelente búnker antinapalm navideño. La obra ha sido traducida y traída a España por la valenciana Elvira Asensi, quien ya tradujo la tan monumental como polémica biografía de Neil Young Shakey, escrita por Jimmy McDonough, un texto de casi mil páginas calificado por el influyente crítico Diego A. Manrique en El País como “el Everest de las biografías de rock”.  Ahora cojo y hago un autospoiler de lo que viene más adelante: la reseña concluye diciendo que la obra “ha sido traducida cuidadosamente a un rico castellano jergal”.

¿Quién es Elvira Asensi? Veamos: “Estudié traducción e interpretación, soy lingüista, y llevo 17 largos años trabajando en la oficina de Naciones Unidas de Ginebra como terminóloga”. Como… ¿qué? “Es una especialidad dentro de la traducción, otra disciplina lingüística, y en Naciones Unidas tenemos una base de datos terminológica para poder ayudar a los traductores a encontrar la terminología adecuada para los textos. Yo me dedico a coordinar lo relativo a esa base de datos, que es muy grande”.

Puede que el lector piense que ahí hay otra entrevista. Estoy de acuerdo. Pero a lo que íbamos, Material inflamable es su segundo libro traducido, tras Shakey -el título es uno de los apodos de Neil Young-. Ahora que lo pienso, ¿qué hace una terminóloga de la ONU traduciendo libros de rock? “Soy una apasionada de la música de toda la vida, y siempre he estado en contacto con mucha gente del mundo musical. Primero fuera de España, en EE.UU. y, en menor medida, en Inglaterra, y luego me involucré más en el panorama nacional”. A ver, esa “gente del mundo musical”, bueno, vienen a ser nombres como Mike Mills de REM, Pat Sansone de Wilco, mantiene una “buena amistad” con Jon Auer y Ken Stringfellow, de los Posies y Big Star, con quienes ha organizado conciertos benéficos en la en la Jazz Foundation of America. Como lleva trabajando tantos años en Ginebra -aunque también frecuenta València- ha tenido tiempo, por ejemplo, de trabajar seis años en la organización del Montreux Jazz Festival junto a un tal Quincy Jones, que por si alguien no lo sabe, entre otras infinitas cosas es el productor del disco más vendido de la Historia, el Thriller de Michael Jackson.

Elvira Asensi

Elvira Asensi y Quincy Jones. | Foto: Archivo de Elvira Asensi.

Imploro comprensión de nuevo al lector. Uno espera hacer una entrevista sobre un libro que le parece muy interesante pero se encuentra con todo esto y se siente agobiado por el poco espacio del que dispone para contar cosas. Necesariamente, esto tenemos que abordarlo por partes. En esta primera, nos centraremos en su labor como traductora literaria y las peculiaridades de la profesión.

Su primera experiencia, Shakey, no fue poca cosa: “Fue entrar por la puerta grande, casi mil páginas, una odisea. Además, fue un calvario, no traducir el libro en sí, sino todo lo que conllevó. Tanto el autor como yo pasamos por una especie de proceso paralelo para poder publicar el libro, ya que Jimmy McDonough pasó las mil y una con Neil Young, que le hizo la vida imposible. En España tuve muy mala suerte con la editorial. Yo desconocía por completo el mundo editorial español hasta ese momento, no sabía muy bien cómo funcionaba, no pude elegir editorial, pero era amiga del autor y fue él quien impuso que fuera mi traducción la que saliera. Luego nos dimos cuenta de que los de la editorial que supuestamente debía sacarlo eran unos piratas. Se alargó más en el tiempo de lo que hubiera sido deseable hasta que, por fin, salió publicado en Contra, una editorial de Barcelona con gente muy honesta, Didac Aparicio y Eduard Sancho, en quienes confío plenamente”. Añado que el final también fue feliz respecto a su relación con Neil Young, a quien llegó a conocer de la mano de su recientemente fallecido manager, Elliot Roberts.

-Conocerás el dicho italiano traduttore traditore, “traductor traidor”, sobre la responsabilidad tan grande de cómo asegurarse de que se está trasladando lo que el autor originalmente dice. En Material inflamable se utilizan expresiones muy de la calle, de jerga de aquí mismo. ¿Cómo se llega a afinar tanto ese trabajo? Te lo pregunto con gran curiosidad, porque me parece que no debe ser nada fácil trasladar el coloquialismo de un lugar a otro.

-No es fácil hacerlo bien. Literariamente hablando, Shakey era un libro mucho más difícil, nada que ver con Material inflamable, que tiene un registro muy oral, entre otras cosas porque Richard Lloyd lo dictó. Shakey tenía muchos registros diferentes, aunque predominaba el coloquial. Tengo muy claro que los libros tienen que sonar siempre a castellano castizo, que no puede haber expresiones, ni frases, ni giros sintácticos o gramaticales que suenen a calco del inglés.

-Que es un defecto abundante, supongo que fácil de caer en él…

-Totalmente, es muy fácil. Lo que pasa es que mucha gente no se para a pensar que cuando lee traducciones, lo mismo que al escuchar películas dobladas, cuando algo suena mal, o brusco, enseguida lo achaca a qué malo es este escritor, sin saber que a lo mejor el que es malo es el traductor. En la traducción literaria, el traductor está reescribiendo. Es, con diferencia, la labor de traducción más desafiante, la más difícil, y no te digo ya si hablamos de poesía. Hay una línea muy delgada entre traducción y adaptación. Tienes que saber hilar muy fino para adaptar al contexto para el que estás traduciendo pero sin pasarte. En Shakey había muchísimos tacos, y me autoimpuse la norma de no decir ni un taco que no sonara a castellano castizo, porque creo que tenemos suficientes tacos como para utilizar otros del inglés que nos han venido dados por muchos años de películas dobladas y ahora nos suenan muy bien, como “vete al infierno”, que antes no se decía, o “el jodido nosequé”. Yo obvié todo eso y pensé, dentro del abanico de opciones que tenemos en nuestro idioma, que es muy rico en esto (ríe), hacer algo que sonara muy de aquí. Y con Material inflamable, lo mismo.

La gran ventaja de ambos libros, pero sobre todo en el caso de Lloyd, es haber podido conocer a los protagonistas personalmente, porque siempre me meto en el papel del personaje. Tanto el caso de Neil Young como en el suyo son bastante análogos en cuanto a que son músicos, no de la misma época pero tocándose, y de un submundo muy similar en cuanto a realidad social, experiencias, vivencias…Tienen muchas cosas en común. Lo primero que hago es ponerme en su piel, ver cómo hablan, cómo se mueven, cuál es su discurso, y cuál es el registro de ese discurso. Hay que trasladarlo siendo lo más fiel posible al original, pero sin hacer que se pierda la esencia de tu idioma, es decir, del idioma de llegada.

Elvira Asensi

| E3

-Pues te ha salido, porque es un libro que se escucha. Aparte, es el estilo literario que más me gusta: el de los diálogos que, cuando los estoy leyendo, los estoy escuchando; o en las descripciones cuando alguien no se pierde dando vueltas, o con altas retóricas…

-Claro, ¿sabes qué pasa? Puede parecer que los libros escritos en un lenguaje coloquial sean más fáciles de traducir, y no es verdad. Es muy difícil traducir Tristam Shandy, pero no te creas que es mucho más fácil traducir Shakey. Dar con el registro “castizo” no es nada fácil, sobre todo cuando te estás remontando a décadas atrás, no estás hablando en el idioma coloquial del año 2019, sino en el del 77, 80 o 69. ¿Cómo se decían esas palabras entonces? Además, en Material inflamable, hay muchos juegos de palabras, muchas bromas, y si te mantienes fiel al original 100 % aquí no se entienden. Hay que plantearse unos parámetros: ¿dejar el libro lleno de notas del traductor y hacerlo lo más fiel al original posible, o darme licencias que hagan que no pierda su esencia pero que esté más a la altura del autor en la lengua de llegada? Opto por lo segundo. Quiero que el lector sienta que está leyendo algo que le llega, que es de alguien que podría ser su vecino.

-Esta forma de traducir me trae a la cabeza cierta concepción que se tiene de la “alta literatura”, que todavía para muchos significa enlazar un “palabro” con otro… Y creo que en la cultura anglosajona están mucho más avanzados que aquí…

-Sí.

-A veces parece que la prosa se valore según los retruécanos que utilice, y la literatura anglosajona desde hace mucho tiempo ha estado más cerca de la calle.

-Totalmente. Y además, en un libro como Material inflamable, si dejáramos de lado la forma, sólo el contenido ya es una mina: anécdota tras anécdota, vivencia tras vivencia, un anecdotario tan rico que aunque esté explicado en un lenguaje a veces telegráfico, da igual, creo que no vendría al caso un lenguaje más elevado. Estamos hablando de una subcultura que se mueve en ese nivel, ahí la retórica sobra. Además, pecaría de pretenciosa si lo hubiera hecho de otra manera, cosa que también me planteé.

Al haber conocido a Richard Lloyd sé muy bien cómo habla e intenté reproducir su discurso, que es siempre muy sintético y muy coloquial, pero sin que quedara telegráfico en exceso en castellano, porque son dos realidades sintácticas muy distintas. Quise llegar a un punto intermedio. Luego, todo eso se revisa con el editor en las galeradas y en los borradores, a los que se les dan muchas leídas, para tomar decisiones sobre el nivel de libertades que se pueden tomar respecto al original. Y por suerte, todos los traductores que colaboran con Contra pueden elaborar libremente los parámetros que consideren para plasmar la traducción de la mejor manera posible.

Elvira Asensi

Richard Lloyd. | Archivo de Elvira Asensi

-Fíjate, a veces estas cosas pasan. Como se suele decir, había venido a hablar de tu libro, y me está saliendo una entrevista sobre el hecho de la traducción que no tenía ni pensada…

-(Ríe) Centrémonos…

-No, no, me parece muy interesante. Es un tema que no se aborda mucho para el intríngulis que tiene.

-Tienes razón, es un tema que no se aborda mucho y eso es muy injusto. Cuando salen reseñas, mi entorno normalmente me dice “no te nombran, ¡qué injusto!”. El traductor es invisible; un buen traductor es como un intérprete al que no se ve, no se nos tiene que apreciar, porque cuando se nos aprecia suele ser para mal. Si te fijas, en las críticas literarias, cuando hacen mención del traductor a menudo es porque el libro no está bien traducido. Y más en literatura musical, que se considera como de baja categoría…

-…Yo no, desde luego…

-…Cuando hay libros que están escritos excelentemente. De Material inflamable aún no han salido reseñas porque es muy pronto, pero en el caso de Shakey me hizo mucha ilusión la mención que hizo Diego Manrique. Sí que se había fijado en que había alguien traduciendo el libro.

-Mira, hazme un favor y traduce El gran Gatsby. Me lo he leído en dos versiones, he ojeado alguna, y aún no he encontrado ninguna que me convenza, siempre hay algo que me chirría. Alguna buena habrá, seguro, pero no he dado con ella de momento.

-Hay muchas anécdotas sobre traducción. Me considero privilegiada porque yo lo puedo hacer por gusto y no me tengo que ganar la vida con ello. Seguramente, si me tuviera que ganar la vida haciendo traducción literaria, el resultado no sería igual, porque me puedo permitir pasar horas, horas, meses, meses, que quienes se tienen que ganar el pan con esto no pueden. Además, debo decir que las tarifas son de risa. La profesión de traductor literario es de las peores pagadas que hay en España, lamentablemente. Es muy probable que quien se dedica a la traducción literaria, y tengo varios amigos que lo hacen, se tengan que dedicar también a otras cosas.

(Continuará)

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