Estudio sobre importaciones y GEI

La Unió critica la contaminación que implica importar naranjas de terceros países

Las importaciones de productos vía marítima generaron en 2018 una emisión a la atmósfera de 378.000 toneladas de dióxido de carbono

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Carles Peris, secretario general de La Unió de Llauradors i Ramaders. Foto: Archivo E3.

Traer una pieza de naranja de Argentina supone 15 gramos más de CO2 emitidos a la atmósfera que producirla en la Comunitat Valenciana. Del mismo modo, una naranja sudafricana implica 13 gramos más de dióxido de carbono y una brasileña 10 gramos. Así se desprende del estudio presentado ayer a los medios por La Unió de Llauradors i Ramaders sobre importaciones y emisiones de gases de efecto invernadero.

“Si el bloque europeo es adalid de la lucha contra el cambio climático, no tiene sentido que firme acuerdos comerciales con países europeos para importar productos que ya produce aquí en cuantía suficiente para abastecer al mercado y garantizar que los precios no sean elevados”, criticó Carles Peris, secretario general de La Unió.

Según el estudio, que se basa en el transporte marítimo de mercancías a Europa desde terceros países, las importaciones de productos agrícolas a la Unión Europea supusieron en 2018 una emisión de más de 378.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

El transporte internacional marítimo es el que mayor cantidad de CO2 emite a la atmósfera y supone el quinto mayor contribuyente en la contaminación del aire y en las emisiones de carbono.

Por todo ello, reclaman desde la asociación agropecuaria que se incentive el comercio de proximidad para evitar la contaminación que supone el transporte de los productos agrícolas. Del mismo modo, piden a Europa que limite los acuerdos comerciales con terceros países. “Los acuerdos comerciales deben ser ordenados y equilibrados, de otra manera nos estarían mintiendo cuando dicen que quieren trabajar contra el cambio climático”, indica Peris.

Por último, apunta el secretario general de La Unió que se pueden establecer tasas a los productos más contaminantes cuya recaudación revierta en las investigaciones para mitigar los efectos del cambio climático o en la reforestación de los bosques. “No tiene sentido hacer acuerdos internacionales cuando ya hay suficientes productos dentro del bloque europeo”, recalca Peris.

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