El cambio, el talento y la empresa

Director del I.U.I.T y fundador del Club de las Buenas Decisiones de la UA
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Vivimos en un tiempo calificado con acierto como VUCA (o VICA en español: volátil, incierto, complejo y ambiguo), a los que yo añadiría otros dos elementos: global y cada día más digital. Estas características afectan a la sociedad y, por supuesto, afectan de manera aún más importante a las empresas.

Podemos decir con propiedad que, más allá del cambio que se está produciendo en la sociedad, vivimos en el cambio, entendido no como el proceso entre dos periodos de estabilidad sino como la forma habitual de relación de aquí en adelante. Hoy las cosas se parecen poco a cómo eran ayer, y mañana aún se parecerán menos a como son hoy.

El futuro no está escrito y, como decía el gran escritor uruguayo Mario Benedetti, “cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto nos cambiaron todas las preguntas”.

Tenemos que acostumbrarnos a esta nueva situación y, como empresas, plantearnos crecer en este contexto nuevo que reconocemos claramente como global, nuestros competidores ya no son solo las empresas próximas, las fronteras nacionales limitan poco el nivel de una competencia que hoy puede venir de cualquier parte del mundo, incluso de planteamientos que en principio no deberían interferir en la actividad de las empresas y sin embargo la condicionan enormemente, como podemos ver en las guerras comerciales planteadas por intereses políticos cuando no electorales, o los debates identitarios que aportan poco al desarrollo conjunto -de lo que tenemos buenos ejemplos próximos-. Y por supuesto, decía antes, un entorno cada día más digital, cada día más condicionado por la tecnología, que puede convertirse en una gran ayuda para las empresas que sean capaces de integrarla correctamente, o un desastre para las que no entiendan su potencial.


Hemos pasado, por tanto, a un mundo en continuo cambio en el que no valen muchas de las recetas que nos ayudaron a crecer en etapas anteriores


Hasta aquí, podría parecer que mi reflexión es fruto de un cierto desánimo por un entorno difícil de controlar, en el que solo mantenernos ya sería un gran logro, y en el que pierden valor muchos elementos que para la gestión de empresas han sido fundamentales desde hace muchos años, como la estrategia, la gestión de personas, la gestión comercial, etc., en tanto que si las cosas cambian tan rápido, ¿qué sentido tiene planificar a largo plazo?, ¿cuál es el valor de las personas si la tecnología y la inteligencia artificial, los chat bots, etc. pueden suplirlas en muchas ocasiones?; y lo mismo cabría decir de la actividad comercial, hoy está todo en internet y casi todo se puede adquirir a través de la red, lo que relativiza la importancia de las personas en el proceso de venta.

Hemos pasado, por tanto, a un mundo en continuo cambio en el que no valen muchas de las recetas que nos ayudaron a crecer en etapas anteriores, pero sigue siendo un mundo lleno de oportunidades contando con las personas.

Vuelve de nuevo el tiempo del talento. Estamos en un momento clave, en que la experiencia de éxitos pasados no garantiza el éxito futuro. Se producen discontinuidades que obligan a aprender a desaprender, aprender a olvidar rutinas que ya no sirven y cambiarlas por creatividad, innovación, trabajo en equipo, preparación, compromiso, anticipación. Aquello que aprendimos hace tiempo de que “lo que no está roto, no lo arregles”, pierde vigencia a toda velocidad.

Es tiempo de cambiar el poder por el liderazgo, por la autoridad, por la inspiración, por el ejemplo. Es tiempo de rodearnos del mejor talento, del más comprometido, sin olvidar que los grandes resultados se obtienen a través de personas normales, bien preparadas, que se apoyan mutuamente y que comparten inquietudes y objetivos.

Es el tiempo de la cualificación, del conocimiento en movimiento, del reciclaje permanente, de las decisiones con riesgos que solo matiza la información y el equipo.

Conceptualmente está muy lejos la época en que los conocimientos adquiridos durante el periodo inicial de aprendizaje (Universidad incluida) eran casi suficientes para desarrollar sólidas carreras profesionales. Hoy, un año sin actualización nos deja fuera del mercado; e innovar, identificar esos espacios no competidos en los que la batalla se vuelve irrelevante, ser auténticos promotores del cambio.


Es el tiempo de la cualificación, del conocimiento en movimiento, del reciclaje permanente, de las decisiones con riesgos que solo matiza la información y el equipo.


Y ganar, porque las empresas no se constituyen -ni las guerras se declaran- para luchar, sino para ganar, con armas más tecnológicas, especialmente con la más potente de todas: las personas honestas, preparadas, comprometidas, innovadoras, trabajando en equipo porque, como decía recientemente Juan Carlos Díaz, director de transformación de Globalia, en una conferencia en nuestro Club de las Buenas Decisiones, “en un mundo tan tecnológico como el actual, en la que algunos consideran la 4ª revolución industrial, la propuesta es volver a lo esencial: la calidad en el trato, en el servicio, porque lo que de verdad engancha es el trato, la relación humana”.

Con el foco en el cliente que debe ser el faro que nos inspire, como reconoce la mayor empresa de nuestra Comunidad. Reconocerlo es la clave –decía Lacaci-, y sobre ese reconocimiento (sabemos quién es, qué hace, qué expectativas tiene, …) se monta toda la estructura de inteligencia artificial orientada a satisfacer esas expectativas: ese es el valor real más importante que aporta el Big Data, predicción y optimización de la relación con el cliente, además de eficiencia, también imprescindible porque es un factor que ayuda a mejorar nuestra posición en el mercado cuando, por costes, otros competidores podrían quedarse con una parte de nuestra cuota si no podemos o no sabemos explicar  nuestra propuesta de valor en términos de ventajas para el cliente.

Y somos nosotros, empresarios, directivos y empleados, los que lo hacemos posible.

El cambio, por tanto, es una realidad implícita en la globalización, la digitalización y el poder creciente del cliente. El talento de la organización es la respuesta.

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