La obra se representa este fin de semana en la Sala Russafa

Analía Puentes: “En María Antonieta no hago interpretación, es más una reencarnación”

Adaptación libre de la biografía escrita por Stefan Zweig, en la que se desmontan todas las leyendas que rodearon a un personaje histórico de primera magnitud

Analía Puentes en "María Antonieta". | E3

A pesar de mi afición a la Historia en general, y a la Revolución Francesa en particular, nunca me había detenido mucho en la figura de la reina María Antonieta. Sólo conocía de oídas una leyenda de frivolidad y excesos, una frase que al parecer nunca pronunció –“si el pueblo no puede comer pan, que coma pasteles”– y otra tontería sobre si le pidió perdón a su verdugo por pisarle el pie antes de introducir su delicado cuello en la guillotina. Apenas conservo un vago recuerdo del retrato que le dedicó Sofia Coppola jugando al escondite en Versalles con sus amigas mientras sonaban los Strokes (ojo a eso).

Pero hace años, disfrutando a grandes tragos de la ebriedad intelectual que produce la obra del inigualable escritor Stefan Zweig, me enteré de que una de las biografías más celebradas del gran biógrafo estaba dedicada a la reina consorte de Luis XVI. Me dije que si el divino Stefan le había dedicado un extenso libro, sería por algo. Efectivamente, me encontré con una lectura cuyas enseñanzas se recuerdan de por vida. Mañana llega a la Sala Russafa María Antonieta, una adaptación teatral de 60 minutos -viernes y sábado a las 20.30 y el domingo a las 19h-, de la compañía catalana Versus Teatre, dirigida por Jéssica Walker y escrita e interpretada, a solas en el escenario, por la actriz, bailarina y performancer uruguaya Analía Puentes, basada en una adaptación libre del texto del escritor austríaco.

Las críticas en Madrid y en Barcelona se han desecho en elogios ante esta obra que llega por primera vez a la Comunitat Valenciana, calificándola como un trabajo insólito, descarnado e impresionante, entre otros muchos calificativos. También ha sido reconocida con premios en distintos certámenes. La propia Puentes reconoce que “la obra es impactante, no lo puedo negar, se sale de lo tradicional, y es muy bonito el respeto que se genera entre el público”.

-¿Cuál fue la génesis de esta adaptación teatral?

-La idea fue de la directora, Jéssica Walker. Fue como una inspiración. Un día yo estaba saliendo de hacer Hamlet, hacía de Ofelia y Jéssica me dijo que al verme le venía a la mente María Antonieta. Ese mismo día me fui a la librería y lo primero que encontré fue ese libro. Aparte, yo ya conocía también a Stefan Zweig, y a partir de ahí emprendí un viaje sólo de ida. El libro es maravilloso. No sólo me encontré con una biografía, sino con una descripción de la Humanidad. Yo sólo sabía que a María Antonieta la habían guillotinado. No tenía mucha idea, y cuando me empecé a meter, al final acabé trabajando casi un año en el proceso creativo.

-Compartimos una experiencia parecida. Para mí, el libro fue una sorpresa y una lección inmensa.

-Sí, porque más allá de lo que se dice sobre ella, y todo lo que se le critica, en el fondo de todo eso hay un ser humano. Eso es lo que muestra la obra, que pasa por diferentes momentos de su vida, unos buscando el sentido del humor, añadiéndole una lectura muy contemporánea; luego, recreando cuando el pueblo entra en Versalles y llega hasta la puerta de sus aposentos, un momento que también está recreado de forma muy vívida en primera persona. Pero detrás de sus derroches y de lo que ya se sabe sobre ella, hay una mujer, hay una madre, un alma que yo siento, al igual que hizo Stefan Zweig, que no fue hecha para vivir en esa época. Como alguien que se encarnó en otra época.

-Quizá más que en esa época, diría que en esa situación. Alguien que se encuentra, por casualidad, en medio de unos acontecimientos históricos de primera magnitud.

-Claro, su madre quería la unión definitiva entre los Habsburgos y los Borbones para lograr la paz en Europa, quería que su hija fuera quien salvara su dinastía al casarla a los 14 años con Luis XVI. Era una situación muy compleja. Luis XVI, desde luego, no era el marido ideal. Para mí ha sido un desafío realmente muy grande porque me meto en su encarnación, le pido permiso (ríe) y la interpreto con mi cuerpo.

María Antonieta

-Ahí entramos en el proceso de creación de la obra teatral. De entrada, me parece valiente que un texto originalmente tan largo, y un personaje tan complejo, se pueda condensar en 60 minutos. No debe ser nada fácil. ¿Qué perspectiva habéis elegido para entrar en esta historia?

-El proceso creativo fue muy interesante. Lo hicimos en dos partes. Sin querer revelar demasiado, la primera se desarrolla con un vestuario determinado y contando, más que nada, su malestar, su aburrimiento, también el malestar del pueblo que le rodea, en definitiva, su época adolescente. La escenografía es muy simbólica porque es una simple cama, que al final se convierte en el carro con el que la condujeron hasta la guillotina. Y se produce una reivindicación muy grande de ella como mujer y como persona. En la segunda etapa, se desmonta totalmente. Se queda totalmente desnuda. Todo es un proceso de desnudar a un personaje que empieza rodeada del rococó, adornada por toda la opulencia de la época, y que al final termina sobre un carro con el pueblo insultándole y cortándole la cabeza.

Además de la obra de Zweig, el también coautor Camilo Zaffora y yo investigamos y buscamos material de su época. Sacamos la voz propia de María Antonieta de las cartas que pudimos encontrar; para el resto, se la tuve que poner yo, siempre manteniendo un juego entre el drama y la picardía. En sus cartas está su vida amorosa, y también las cartas que le enviaba su madre, obligándola a que no saliera de la corte. Incluso aparecen sus amigas. Es como si entraras en Versalles y te empaparas de esa historia, de esa época y de ese momento pero, a la vez, con un toque contemporáneo.

-Enumeras muchos elementos que están presentes en esta historia pero luego, en realidad, quien está en el escenario eres tú sola…

-Sí (ríe)….

-Me parece un ejercicio de valentía muy grande… ¿Cómo notaste que ya tenías dominado al personaje y a la historia?

-Se trata no tanto de una interpretación como de una encarnación. No sé cómo explicarlo. Un maestro me decía “los personajes te eligen”… Me sitúo en un lugar de empatía con una mujer que vivió cosas que en esta época se siguen viviendo, cuestiones como el derecho a elegir, a ser una misma, a salirse de la regla…En ese lugar, en el de un alma libre, es donde a mí me pilló, donde me tocó. Para poder entrar en su personaje hay que hacerse amiga de ella, porque si no sólo estás interpretando, y para mí se trata de estar viviendo el momento. En el teatro, como espectadora me gustaría entrar en la historia hasta creerme que esa mujer es de verdad María Antonieta, y no que me están contando un cuento. Para eso me quedo en mi casa viendo una película.

-El público también necesitará creerse que es María Antonieta, evidentemente.

-Claro, hay que encontrar ese lugar en el que se produce la comunicación maravillosa entre el arte técnico y el espectador. Para mí es fascinante y siempre es distinto. Hay un guion superestructurado, aunque con un espacio que se deja a la improvisación; pero la improvisación desde un presente. No improviso texto, hay un presente que sí que se improvisa, porque es teatro vivo. La obra está viva todo el tiempo y por eso sigue girando, si no, hubiese desparecido ya.

-Si me pongo en la piel de muchas mujeres que no conozcan al detalle la historia de María Antonieta, al menos tal y como la cuenta Zweig, dudo que la identifiquen precisamente como un personaje idóneo para reivindicar la libertad de la mujer… ¿Por qué sí es válida?

-Ella pertenecía a una corte que se gastaba todo el dinero del pueblo mientras el pueblo se moría de hambre. Así, no puede ser un personaje con el que se simpatice mucho, ¿no?

-Claro, esa es la imagen tópica general; cuando se profundiza es cuando se descubre otra cosa.

-Ese es el desafío. Por eso es muy emocionante; a veces puede no pasar nada, pero otras emociona porque se conecta con la libertad interna del público. Es alguien que pasó toda la vida en un mismo lugar, y en el último minuto pudo salir de ahí y decir lo que realmente sentía y pensaba. Sólo pudo ser ella misma en ese último minuto. Tengo muchas imágenes de ella, pero es en ese último momento, justo antes de ser ejecutada, cuando llegó a reconocerse a sí misma. Eso es maravilloso, muy estimulante para mí. También me gusta toda esa época de su vida en la que se la criticaba porque aplaudía en lugares donde no debía hacerlo, porque se pasaba el día jugando a las cartas…Gracias a Dios, hemos ido evolucionando, pero como mujeres seguimos sintiendo un ambiente de opresión en nuestro contexto.

María Antonieta

| E3

-Una de las grandes enseñanzas que contiene el libro es la denuncia de la crueldad innecesaria, por justos que sean los fines que se persigan. ¿Ese aspecto también os ha motivado para adaptarla? ¿Lo hacéis notar en la obra?

-Por supuesto que sí, sobre todo en el final. No lo quiero “destripar”, pero lo tratamos en el momento en que a ella se le acusa de muchas cosas que no podían ser cuestión de una sola persona.

-¿En qué consiste el “teatro físico”?

-Es un texto que requiere de mucho cuerpo para interpretarlo, en el sentido de que trabajo mucho desde el lenguaje corporal. No solamente me expreso a través de la palabra, sino a través de los movimientos, o las posturas. El uso del cuerpo también expresa desesperación, adolescencia, y esa “vejez joven” que tuvo, ya que acabó con el pelo blanco, muy envejecida, con sólo 38 años. A eso se refiere el teatro físico: no sólo es lenguaje verbal, sino que también el cuerpo habla.

-Has recibido críticas sobresalientes en Madrid y Barcelona. Que te esté saliendo así un personaje tan grande, con tantos matices, ¿te colma como actriz?

-Fue muy inesperado. Eso es lo hermoso de la creación. Cuando haces algo, con un equipo maravilloso, trabajando día a día durante un año, es resultado de la dedicación y la constancia de creer en el trabajo, de darle mucha pasión, mucha dedicación y mucho amor. Y, como he dicho, es una obra que sigue estando viva porque cada función es distinta. Si vienes el viernes y luego el domingo, verás dos obras distintas. De verdad.

-Una curiosidad, ¿disfrutas o sufres dentro de este papel?

-Es un disfrute, porque en esos momentos yo ya no soy yo. Es como vivir de verdad bajo circunstancias imaginarias. Qué bonito es estar un rato así, dejarte un poco a ti tranquila, que es tan difícil, dejar la mente y el cuerpo al lado durante un rato, para meterte en otra historia. Por más que sea una historia trágica, y que seguramente mi estado refleje una tristeza muy profunda. Cuando termina la obra, generalmente los comentarios son de “¡debes estar agotada, muerta de cansancio!”, y siempre digo que no lo estoy, aunque lo dé todo. Obviamente, es un disfrute, es lo que amo, y poder hacerme cargo yo de todo es un trabajo muy grande que tiene mucha recompensa.

¿Tenéis fechas para otros teatros de la Comunitat próximamente?

-No es seguro todavía, pero me encantaría recorrer distintas localidades de allí. Aparte, no conozco València, y tengo muchas ganas de ir.

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