¿Otro punto de inflexión?

¿Otro punto de inflexión?

Decía Heráclito de Éfeso, “Todo cambia, nada es”. La historia está plagada de experiencias que así lo demuestran, y más aún en los últimos años, donde la velocidad del cambio es mucho mayor si cabe.

Vivimos en un mundo globalizado, ultraconectado y altamente influenciado por todo lo que ocurre dentro y fuera de nuestras fronteras. Los incesantes cambios nos muestran la necesidad de reinventarnos constantemente, lo cual supone dotarnos de una permanente capacidad crítica como motor del cambio.

La realidad empresarial es un incesante juego de acontecimientos que condicionan tanto el día a día como las estrategias futuras. Tras la pronunciada crisis vivida una década atrás y la posterior recuperación, se abre una etapa de “tensa incertidumbre” ante el futuro próximo; sin duda, una etapa de importantes retos para muchas empresas, que afrontan la necesidad de reinventarse o morir.

El entorno de la pequeña y mediana empresa, pilar fundamental de la economía y la sociedad en la Comunitat Valenciana, no es ajeno a esta realidad, ni puede vivir de espaldas a ella.

La crisis golpeó de manera importante al tejido empresarial valenciano, pero le dotó igualmente de una fuerza, un dinamismo y una predisposición al cambio muy importantes para afrontar el futuro con garantías.

Y aquí es donde surge la gran pregunta: ¿Por dónde pasa ese futuro? ¿Cuáles son las claves del éxito en este momento de cambio? Especialmente, en una etapa de nuestra historia en la que debemos acostumbrarnos a convivir con un cambio constante, que exige máxima capacidad de adaptación de las organizaciones.

Pasado reciente y cambio de ciclo
Superada la amenaza del rescate de la economía española, el contexto de los últimos años se ha caracterizado por un escenario de tipos extraordinariamente bajos, materias primas y costes energéticos en mínimos históricos, contención salarial, tipo de cambio con el dólar favorable a la exportación y otros factores que han favorecido la recuperación económica y la creación de empleo de manera sostenida.

No obstante, el más que previsible cambio de ciclo no hace sino devolvernos a una realidad distinta y más compleja, en la que nuestras empresas deben continuar compitiendo entre los mejores.

La aparición de los grandes gigantes tecnológicos y el giro a lo digital han transformado nuestra realidad, nuestro día a día y la forma en la que consumimos, nos relacionamos y nos presentamos ante el mundo.

Sin duda, un viaje sin retorno, cuyo impacto es total, sistemático y transversal a todos los sectores de nuestro tejido empresarial. Y en este terreno de juego, el agitado contexto político actual sin duda añade un factor de complejidad adicional para tener en cuenta.

La constante inestabilidad política y social del norte de África, así como determinados aranceles a la importación impuestos por países como Argelia, han supuesto una barrera al comercio y una caída significativa en las exportaciones de determinados sectores con presencia relevante en nuestra Comunitat.

De igual forma, el sobreproteccionismo y la política comercial de Estados Unidos ha definido nuevas reglas en el comercio, con aranceles concretos para determinados productos con origen en España, pero que abren asimismo determinadas oportunidades al producto español ante la guerra comercial iniciada con China.

De puertas para adentro, la situación en España es igualmente confusa. Por un lado, la fiscalidad en nuestro país añade un nuevo estirón a la goma de la tesorería de las compañías. Al “bocado” inicial de los pagos a cuenta, se une ahora la incertidumbre de los posibles presupuestos, con la amenaza de los pagos mínimos en el Impuesto sobre Sociedades.

Por otro lado, la potencial inseguridad jurídica derivada de la reciente decisión del Tribunal Supremo en torno al Impuesto de Actos Jurídicos Documentados (IAJD), podría cambiar las reglas del juego de la relación con la banca, en un escenario de previsible subida de tipos.

Por último, y no menos importante, a la vuelta de la esquina se abre un nuevo período electoral, cuyo primer capítulo se escribe en Andalucía en diciembre y que previsiblemente no culminará hasta bien entrado 2020.

Y entonces, ¿qué?
¿Qué escenario pueden esperar nuestras empresas en este tablero de juego? La respuesta es tan sencilla de atisbar como compleja de ejecutar: el que las propias empresas definan.

Decía el abogado austriaco Peter Drucker que “la mejor forma de predecir el futuro es creándolo”. Pocas frases definen mejor el escenario al que nos enfrentamos. Un escenario en el que nuestras empresas tienen que poner en valor todo lo aprendido durante la crisis y situar al cliente en el centro de todo.

Un escenario en el que ya no es posible dudar en dar el salto a la digitalización y las nuevas tecnologías, a cuyo tren no cabe otra que subirse más pronto que tarde, desgranando toda la cadena de valor en la búsqueda y anticipación ante las potenciales amenazas que convertir en oportunidades.

Un escenario en el que se hace imprescindible definir planes de negocio ambiciosos pero creíbles, que aporten visibilidad a inversores y financiadores, que sirvan como dinamizadores de las grandes operaciones corporativas y que supongan un nuevo atractivo para los fondos nacionales e internacionales, que han puesto definitivamente el foco en nuestra Comunitat, en cuyas empresas atisban un indudable potencial por desarrollar.

Nuestras empresas no pueden dejar escapar este impulso de inversión internacional y deben buscar posicionarse como una alternativa clara, sostenible y fiable ante el panorama de cambio que se vislumbra. La partida comienza de nuevo y tenemos importantes cartas que jugar. Sin duda, es un momento para apostar, para “creérnoslo” y aflorar el verdadero valor de nuestra economía.

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