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La muestra “El color de las sedas valencianas” rescata un oficio perdido

La muestra “El color de las sedas valencianas” rescata un oficio perdido

“Esta muestra surge a partir de una investigación de los fondos bibliográficos del archivo del Colegio del Arte Mayor de la Seda. Un lujo al alcance de muy pocos que, además, rescata el oficio perdido de los tintoreros”. De este modo resume Germán Navarro, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, la exposición presentada hoy en el Museo de la Seda“El color de las sedas valencianas”.

Efectivamente, es la primera muestra en la que el Colegio otorga el protagonismo al arte de los tintoreros de la seda. Y no por casualidad: el recorrido se inicia con la exposición al público, por primera vez, del Libro de Ordenanzas de los Tintoreros, un códice de 24 hojas de pergamino elaborado entre 1506 y 1578, en el que se recoge la normativa legal para la correcta aplicación de los tintes sobre los tejidos de seda y la prohibición del uso de tinturas falsas o materiales dañinos para la óptima conservación de los trajes.

El códice, adquirido recientemente por el Colegio, aparece abierto por la página en la que se muestra una bella miniatura de San Miguel Arcángel, patrón del gremio. Navarro, que además es el coordinador del comité científico del museo, ha elaborado el libro Los tintoreros de la seda de Valencia, que incluye una transcripción y análisis del manuscrito, así como un recorrido histórico del gremio de tintureros en su época de mayor apogeo del siglo XV al XVIII.

Vicente Genovés, presidente del Colegio, ha señalado el códice como “el elemento sobre el que pivota la exposición”, en compañía de otros documentos de interés como el tratado del siglo XVIII del maestro tinturero Luis Fernández.

A partir de ahí, el visitante puede admirar en los distintos salones del museo los atuendos de diferentes épocas y lugares, en su mayoría alhajas artesanales que donantes privados han cedido con gusto, que ilustran el esplendor del arte de la tintura. Entre ellas, destaca el traje original que vistió la reina de la belleza de la Exposición de 1909, realizada en espolín y con más de 100 años de antigüedad, que mantiene intacto su vivo color amarillo y su diseño artesanal.

Mención aparte merecen, precisamente, los diseños. Sobre los planos llamados puesta en carta -en València llamados tradicionalmente raquetas- se contemplan los estampados, generalmente floridos, que fueron concebidos tal vez hace más de dos siglos, y mantienen su vigencia a día de hoy. Además, siempre es un regalo para la vista visitar el Salón de la Fama en el que, esta vez, se distribuyen vestidos en tonos concordantes con el pavimento cerámico artesanal que da nombre al salón.

Como elemento innovador, en palabras de Genovés, la exposición “en realidad es tres por uno. Los vestidos se cambiarán cada 30 días, y al visitante le valdrá la misma entrada”, de modo que hasta el fin de la exposición, en julio, se podrá disfrutar de tres experiencias diferentes.

“La tintura artesanal perduró hasta bien entrado el Siglo XIX y fue dejando paso a las novedades de la industria química”, indica Genovés. Un oficio perdido, pero todavía capaz de causar un perdurable efecto sensorial tras visitar el Museo de la Seda.

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