Patatas Fritas J. García: “No nos basamos en la innovación sino en la tradición”

Reportaje empresa Papas J. Garcia. Castellon.

Yolanda Cosín y Javier García, responsables de Patatas Fritas J. García

Patatas Fritas J. García, con un millar de clientes y 34 años en Castellón, sigue conservando sus orígenes. Es más, en su hoja de ruta, la patata frita sin conservantes ni colorantes sigue siendo el elemento diferenciador y no se arriesgan a  distribuirla por toda España. 

Más de un millar de clientes en toda la provincia de Castellón avalan la calidad de Patatas Fritas J. García, una empresa familiar que nació hace 34 años en la capital de La Plana y que en la actualidad sigue conservando sus orígenes.

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La firma, regentada por el matrimonio formado por Javier García y Yolanda Cosín, no solo se dedica a la fabricación y distribución de patatas fritas sino que además comercializa frutos secos -en crudo, tostados o fritos- ‘carabassat’, dátiles en rama, higos, legumbre, y un largo etcétera que componen hasta un catálogo de 125 productos diferentes.

Tras más de tres décadas, la empresa aún conserva impoluto el origen de su actividad que consiste en la “elaboración de patatas fritas, cortezas, frutos secos y similares, de una forma artesanal”, con la misma receta tradicional que cuando abrieron las puertas y siendo fieles a una elaboración sin aditivos y sin conservantes.

Para J. García lo primordial es ofrecer la mejor calidad y mantener satisfechos a sus fieles clientes. Por ello, sus materias primas son las más selectas. Según relata Yolanda Cosín, una de las labores que realiza es la búsqueda de lo mejor, tanto es así que en la tienda no comercializan nunca nueces americanas porque, aunque lucen más bonitas que las españolas o las francesas, están lavadas con lejía y no saben igual de sabrosas que las del terreno. Así, su máxima es la siguiente: primero buscan buen producto en la provincia, si no lo encuentran en la Comunidad Valenciana y siguen sin estar satisfechos, acuden al mercado nacional y únicamente si es algo que no se fabrica en España acuden a donde sea para tenerlo en la tienda.

Los García además tienen sumo cuidado en la elaboración de todos sus productos, en la presentación de los mismos, en la elección de los proveedores, en la distribución e incluso en los lugares de venta de sus preciadas ‘papas’.

Javier García y Yolanda Cosín aseguran que trabajan cada día con la misma ilusión que cuando abrieron en 1982. “Toda nuestra vida pasa por el trabajo y no solo la nuestra, también la de nuestra familia, ya que los hermanos de Yolanda, Mariló y Fernando, se encargan de la tienda y también del reparto” –indica el promotor de esta aventura empresarial.

Reportaje empresa Papas J. Garcia. Castellon.

“Esto no hubiera sido posible sin ellos y sobre todo, sin nuestros clientes, que buscan un valor añadido en los víveres que adquieren en su cesta de la compra”-asevera-  “cada vez más se buscan productos naturales, sin conservantes ni colorantes, típicos de la dieta mediterránea”. Tanto es así que el cambio de bolsa de las Patatas Fritas J. García fue un rotundo error por la baja aceptación que tuvo entre los clientes y perdieron unos 6.000 euros de inversión, ya que tuvieron que volver a los antiguos paquetes. Según revelan entre risas los propios dueños de la empresa a Economía 3, “cambiamos el envase, tratando de mejorar el que tenemos, que es el mejor de su categoría, pero queríamos algo mejor, la última novedad en plástico para embolsar patatas fritas, que no tuviera tanta luz para el producto, que fuera un poco más moderno y más innovador… pero no funcionó, los clientes no lo aceptaron, incluso nos decían que las patatas no eran las mismas, que sabían diferente… En poco más de un mes tuvimos que volver a las bolsas anteriores, así que no nos basamos en la innovación, sino en la tradición”.

De hecho, gracias a esos métodos tradicionales, sus patatas fritas se venden también en alguna tienda gourmet o delicatessen de Valencia, en El Corte Inglés de Castellón o en la cafetería del ‘boutique’ Hotel Voramar de Benicàssim, que es uno de sus clientes más veteranos y fieles, aunque para ellos “todos son importantes”, por lo que les cuidan con un tacto exquisito “les llamo, les pregunto cómo van, si necesitan que les envíe más papas… Suelo estar muy pendiente”, puntualiza Yolanda Cosín.

Fue en 1990 cuando el aumento constante de demanda de sus patatas fritas por parte de particulares pero también de pequeños empresarios de la provincia, que querían ofrecer las patatas a sus clientes y venderlas en sus establecimientos, obligó a J. García a aumentar el nivel de producción y a envasar en bolsas el producto.

“Por aquella época, todo se freía en la tienda, ahora ya no es así” porque cuentan con una nave donde hacer la fritura de las patatas, en cambio, en la calle Asarau, siguen siendo Mariló y Yolanda Cosín las que fríen los frutos secos.

Los García continúan hoy en día elaborando churros o ‘figues albardaes’ -conocidas como buñuelos de higo- pero solo desde noviembre hasta el mes de mayo porque “después se pueden estropear”.

Reportaje empresa Papas J. Garcia. Castellon.

Según relatan, hay cosas que en estos años han cambiado, pero tampoco en demasía, por ejemplo, indican que ahora embolsan las patatas fritas que antes vendían solo en papelinas en la calle Asarau, nº2, donde aún conservan su tienda insignia. Hoy en día, la familia García distribuye sus papas y frutos secos a decenas de pequeños comercios de la provincia, no se plantean salir fuera de Castellón porque priman el conservar la elaboración artesanal de cuando comenzaron su andadura al poder ganar más dinero insertando gas para que se conserven mejor los productos y duren intactos por más tiempo. Asevera Javier García, que la finalidad de esta empresa es dar un producto que cualquiera pueda comerse con total tranquilidad, sabiendo que no lleva más que lo que indica la bolsa, sin conservantes, ni colorantes. Tanto es así que, cuando hace unos años decidieron probar a introducir sabores en las papas, optaron por añadirles productos completamente naturales como el orégano o el pimentón de la Vera, el mejor del mercado de una forma muy artesanal. “Ponemos bien el orégano o bien el pimentón nada más las sacamos del aceite, tal cual están las patatas escurridas y bien calientes, lo espolvoreamos por encima, unas cogen más y otras menos, así que la cantidad solo depende de cómo caiga”, argumenta Javier García.

Este matrimonio apuesta claramente por la calidad como elemento diferenciador de su producto, por ello, al igual que han decidido no introducir sabores artificiales a sus patatas fritas, tampoco les interesa distribuirlas por toda España.

Según relatan, es bastante normal que haya personas que entren en la tienda y nos intenten convencer de sacar las patatas fuera de la provincia, pero a nosotros los cálculos no nos salen porque acabaría costando más la distribución del producto que el coste que tiene. “Son muchas las personas que nos dicen que tenemos que llevarlas a Barcelona o Madrid, pero nosotros estamos bien en Castellón y nos gusta hacer bien lo que hacemos, sería un error llevarlas y que llegaran todas rotas, no es lo que buscamos, no nos interesa apostar por un aumento de la producción a nivel industrial porque seguimos apostando por no mermar la calidad. Somos fieles a nuestros clientes y ellos a nosotros y eso es suficiente”– concluye Yolanda Cosín.     

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