Pet Shop Boys conquistan el Roig Arena de València ante 10.000 personas
Diez mil personas llenaron anoche el Roig Arena para ver a Pet Shop Boys, el dúo que lleva desde principios de los ochenta demostrando que se puede hacer pop de masas sin renunciar a la ironía.
Neil Tennant y Chris Lowe repasaron en València más de cuarenta años de repertorio con un recital que funcionó como lo que era: un catálogo de himnos que buena parte del público se sabe de memoria desde la adolescencia.
De «suburbia» a la sátira de «opportunities»
Abrieron con Suburbia, la canción de 1986 sobre la violencia latente bajo la calma de los barrios residenciales británicos, y siguieron con Can You Forgive Her?. Esta última, una sátira del arribismo económico que el dúo escribió en plena era Thatcher, mantiene intacta su capacidad para sonar simultáneamente a canción de fiesta y a chiste amargo.
El medley que sigue siendo su firma
El primer gran momento llegó con el enlace entre Where the Streets Have No Name, de U2, y I Can’t Take My Eyes Off You, el estándar que popularizó Frankie Valli. La combinación —que en su día irritó a Bono y que Pet Shop Boys nunca han retirado del directo— resume su método: coger material ajeno y devolverlo convertido en otra cosa.
Después vinieron Rent, con su ambigüedad calculada entre el afecto y la dependencia económica; Domino Dancing, uno de sus mayores éxitos internacionales; y «New York City Boy«, el guiño más explícito de la noche a la cultura de club que sostiene todo su universo.
El pico emocional lo puso Always on My Mind, que no es una canción suya: es una versión de un tema de country que grabaron para un especial televisivo sobre Elvis Presley en 1987 y que terminó siendo número uno en Reino Unido. En el Roig Arena provocó la ovación más larga de la noche.
Bis para cerrar: west end girls y being boring
Para el tramo final reservaron las dos piezas más coreadas. Go West —otra versión, en este caso de Village People— funcionó como celebración colectiva, e It’s a Sin descargó la tensión acumulada con su relato sobre la culpa católica de la educación de Tennant.
Volvieron para un bis breve y bien elegido: West End Girls, el tema que en 1985 los convirtió en fenómeno global, y Being Boring, la canción con la que Tennant recordó a los amigos que perdió en los años del sida y que el dúo ha ido convirtiendo en su cierre habitual. Cuarenta años después, el argumento sigue en pie.









