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El dinero vuelve a tener precio: ¿y ahora qué?

Tras años de tipos ultrabajos, el dinero vuelve a tener precio. Cómo el nuevo régimen monetario cambia inversión

  • El dinero vuelve a tener precio: fin de la liquidez casi gratuita y regreso del coste de oportunidad como filtro de inversión

  • Más disciplina y selección: tipos más altos, valoraciones más exigentes y prioridad a solvencia y rentabilidad real

Publicado a 23/02/2026 18:20 | Actualizado a 23/02/2026 18:32

Durante buena parte de la última década, la economía global ha convivido con un fenómeno que alteró los incentivos de familias, empresas e inversores: un compresión del coste del dinero hasta niveles históricamente bajos. La financiación barata, la abundancia de liquidez y la búsqueda de rentabilidad han sido la tónica general durante los últimos años, hecho que empujó al alza el precio de prácticamente todos los activos. Con esas cartas en la mano, el capital parecía casi ilimitado y la pregunta dejó de ser cuánto costaba endeudarse para convertirse en cómo conseguir recursos a bajo coste.

En la actualidad, ese marco ha dejado de ser el dominante. Tras el shock inflacionario global de 2021-2022 y la respuesta de los diversos bancos centrales, la idea de que el dinero tiene un coste —y que ese coste condiciona las decisiones económicas— ha vuelto al centro del tablero.

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Un nuevo escenario, unas nuevas reglas

Philipp Hildebrand, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) y expresidente del Banco Nacional Suizo, hace una lectura de la situación actual como “una fase en la que los tipos de interés no pueden volver a niveles ultrabajos sin poner en riesgo la estabilidad de precios”. Según Hildebrand, las economías avanzadas han pasado a un nuevo régimen en el que la política monetaria tiene que manejar una mayor sensibilidad a las presiones inflacionarias y a las expectativas de precios.

Para el Banco de España este tránsito se entiende como una fase de normalización monetaria tras años de tipos excepcionalmente bajos, y subraya que esto condiciona fuertemente la formación de precios en la inversión y el crédito. En términos similares se expresó Luis de Guindos, vicepresidente hasta mayo del Banco Central Europeo (BCE), “la política monetaria está calibrada para garantizar estabilidad de precios, pero el coste del dinero ha dejado de ser un factor marginal en las decisiones de inversión”.

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El coste de oportunidad vuelve a mandar

La frase “el dinero vuelve a tener precio” se traduce, en la práctica, en una cosa: reaparece el coste de oportunidad como juez de todas las inversiones. Cuando una cartera podía obtener rendimientos insignificantes en activos seguros, resultaba racional desplazarse hacia activos de mayor riesgo para arañar rentabilidad. En ese entorno, el inversor toleraba valoraciones elevadas, plazos largos y mayor incertidumbre, porque “no había alternativa”.

“Con tipos más altos la rentabilidad exigida vuelve a reflejar la calidad de los fundamentales”, explicaba Claudio Borio, director del departamento monetario y económico del Banco de Pagos Internacionales (BIS). Borio ha defendido en repetidas ocasiones que “el periodo de tasas cercanas a cero fue una anomalía histórica, no una norma estructural”.

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La valoración de los activos cambia de base

Uno de los efectos más visibles del nuevo entorno es que la valoración de activos se hace más sensible a los flujos de caja presentes. En palabras de Aswath Damodaran, profesor de finanzas en la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y uno de los mayores expertos en valoración de empresas, “cuando el coste del capital sube, los modelos de flujo de caja descontado reflejan de forma más severa el riesgo y las expectativas de beneficio”.

Damodaran subraya que esto no solo afecta a la bolsa, sino también a sectores intensivos en capital, donde el retorno esperado debe superar con mayor holgura el coste de financiarse: “Aquellas compañías que dependen de expectativas lejanas de crecimiento difícilmente justifican valoraciones elevadas cuando el dinero tiene coste estructural”.

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Renta fija: el gran regreso

La primera derivada visible de este cambio es el retorno de la renta fija como activo relevante. Después de años en que los bonos y depósitos ofrecían retornos paupérrimos, el entorno actual vuelve a hacerlos competitivos para perfiles conservadores. “Los activos seguros están dejando de ser irrelevantes en las carteras por primera vez en más de una década”, declaró a la prensa Michael Hartnett, estratega jefe de Bank of America.

En España, la referencia del euríbor a un año —indicador clave para el crédito hipotecario— se situó en diciembre de 2025 en el 2,26 %, una lectura que indica que el precio del dinero tiene impacto real sobre decisiones de financiación familiar y empresarial, según datos del Banco de España.

Bolsa: más selección, menos complacencia

En renta variable, la bolsa se endurece. El mercado exige un mayor retorno ajustado por riesgo y penaliza la falta de visibilidad en los beneficios. “La tolerancia a valoraciones sin fundamentos sólidos ha disminuido”, asegura Jeremy Siegel, profesor de finanzas en la Wharton School. Siegel señala que las compañías con flujos estables y márgenes sólidos tienden a ser mejor valoradas en este contexto que las que dependen de crecimiento incierto.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido que, aunque los mercados siguen siendo resilientes, las condiciones financieras más estrictas pueden amplificar la volatilidad en segmentos con valoraciones exigentes, por lo que recomienda cautela en la asignación de riesgos.

Inmobiliario: la era del repricing

El impacto de los tipos también está claro en el mercado inmobiliario. El economista Edward Glaeser, profesor en Harvard y autor de varios estudios sobre economía urbana, recuerda que “el precio de la vivienda está íntimamente ligado al coste de financiación: cuando este sube, parte del crecimiento de precios se erosiona”.

La OCDE, en su Economic Outlook, señalaba que la inversión en vivienda se había moderado como consecuencia del alza de los tipos, afectando tanto a compradores como a promotores. Algo similiar ha ocurrido en el sector tecnológico y de capital riesgo, donde el cambio de paradigma es intenso. Durante el dinero barato, los inversores apostaban por modelos de negocio que priorizaban el crecimiento sobre la rentabilidad.

Hoy, la disciplina vuelve a ser condición necesaria. “Los inversionistas en venture capital están priorizando ahora métricas de rentabilidad temprana y unidades económicas claras frente a crecimiento a toda costa”, explica Brad Feld, cofundador de Foundry Group.

Empresas: balance, refinanciación y retorno sobre capital

Para las compañías, cambiar de régimen implica ajustar estructuras financieras. El FMI ha señalado que el endurecimiento monetario puede tener efectos diferidos sobre la inversión empresarial y que aquellas con posiciones financieras vulnerables pueden enfrentar grandes desafíos. En este contexto, criterios como cobertura de intereses, ratio deuda/EBITDA y retorno sobre capital se han vuelto fundamentales.

Ahorro minorista: entre oportunidad y riesgo

Para el ahorrador particular, reaparecen alternativas conservadoras con rendimientos más interesantes, pero con matices. “El retorno de los depósitos y rentabilidad de activos seguros no elimina los riesgos relacionados con inflación y fiscalidad”, señala Annamaria Lusardi, profesora de economía y especialista en educación financiera.

Toca volver a pensar la inversión

La conclusión es clara: invertir vuelve a ser un ejercicio de selección y análisis, no de simple acceso al crédito barato. El sistema financiero global ha pasado de un régimen en que el dinero se consideraba casi gratuito a otro donde el precio del capital condiciona decisiones, asignación de recursos y valoración de activos.

Como sintetiza Kenneth Rogoff, profesor de economía en Harvard y antiguo economista jefe del FMI: “Los tipos altos no son un castigo; son una señal de que la economía busca un equilibrio más sostenible entre crecimiento y estabilidad”.

Nuevas narrativas

Ese “equilibrio” no es neutro: redistribuye ganadores y perdedores. En el nuevo régimen, el tiempo vuelve a pesar. Las compañías que vivieron cómodas refinanciando a coste marginal se enfrentan ahora a una aritmética distinta: alargar plazos, ajustar el mix de deuda y priorizar inversiones con retornos verificables.

También cambia el mapa de las narrativas. La idea de que el crecimiento futuro justifica cualquier valoración presente— pierde tracción cuando el descuento vuelve a ser exigente. En este contexto, el mercado premia la calidad entendida como combinación de visibilidad, solvencia y capacidad de fijación de precios.

También se reabren debates que parecían aparcados: cuál es el coste real del capital, cuánto vale la liquidez, qué prima merece la incertidumbre y dónde termina el crecimiento y empieza la especulación. El resultado es un entorno más selectivo: menos tolerancia a proyectos con promesas lejanas y más atención a la productividad del capital empleado.

Para el inversor minorista, el reto es doble. Por un lado, reaparecen instrumentos conservadores que permiten obtener rentabilidad sin asumir grandes oscilaciones. Por otro, la rentabilidad “fácil” deja paso a una rentabilidad trabajada, más dependiente del análisis y de la diversificación. No se trata de renunciar al riesgo, sino de pagarlo al precio correcto y de entender qué parte del retorno viene de fundamentos y cuál de narrativa.

El efecto cultural quizá sea el más profundo: volvemos a un capitalismo menos anestesiado por tipos ultrabajos. La economía deja de moverse con piloto automático y recupera fricciones. Eso no implica un futuro inevitablemente peor, pero sí un futuro menos complaciente. Con el dinero teniendo precio, el capital vuelve a pedir explicaciones. Y esa exigencia puede actuar como un filtro que favorezca una asignación de recursos más eficiente y, en última instancia, más sostenible.

Firma
Fotografía de Borja RamírezBorja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.
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