Brasil, un gigante económico con pies de barro

Brasil, un gigante económico con pies de barro

Brasil no para de aparecer en la prensa internacional en los últimos tiempos, y por desgracia por causas negativas. El país sufre una grave crisis política que ha llevado a descabezar a la presidencia del país. En estos tiempos de globalización los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) parecían ser las potencias que podían romper la supremacía de USA, el más occidental por motivos culturales y sociales es Brasil, una gran nación que estaba creciendo a ritmos endiablados.

En términos de extensión y población ocupa el quinto lugar en el mundo y su PIB lo hace que ocupe entre el séptimo y octavo mayor, contando con inmensas riquezas naturales y que parecía estar llamado a grandes cosas, todo parece haberse detenido e incluso su Presidenta Dilma Rouseff ha sido destituida.

Conozcamos más la historia contemporánea de Brasil y su presente:

Después de un largo periodo de inestabilidad en el cual se alternaban gobiernos democráticos repletos de corrupción con dictaduras se instauró la nueva república en 1985, a pesar de sus debilidades aprovechó el fin de la guerra fría para crecer de forma exponencial en la última década del siglo XX.

El ministro de Hacienda Cardoso puso en práctica su Plan Real de corte neoliberal. Poco después sería Presidente de la República hasta 2002, donde le sustituyó el carismático Lula da Silva, que aprovechó del gran momento económico del país para hacer realidades políticas sociales redistributivas y consolidar la clase media.

El éxito económico de sus políticas tuvo como resultado que 40 millones de brasileños salieran de la pobreza y que aparecieran 3 millones de familias nuevas que pertenecían a la clase media entre 2006 y 2012. Estos datos positivos tuvieron una cara B, el crecimiento rápido y la facilidad para endeudarse hizo creer a la población y políticos que eran más ricos de lo que realmente eran.

Además de estos éxitos, le siguieron éxitos de las candidaturas del país para Brasil, la cual organizó en Mundial de Fútbol de 2014 y ser sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Dos eventos que suponen un gran efecto en la economía pues suponen construir grandes instalaciones, edificios y alterar el urbanismo en relativamente poco tiempo.

El efecto no deseado de todo esto fue la especulación, a lo que se unió un cambio mundial, llegó la crisis de USA y Europa, lo cual supuso una caída en cadena, que también afectó a Brasil, ya que los países que más fabrican, ya no necesitan tantas materias primas, bajando los precios (algo que afectó notablemente al país.)

En España los efectos de Brasil no nos suenan a chino, ya que tanto el PIB como el paro han aumentado en el país de la Samba y el fútbol. La corrupción también ha aparecido en buenas cantidades, sobre todo Petrobras, una empresa con participación del estado donde se desviaron hasta casi 2.500 millones de euros y con implicaciones directas del gobierno y resto de partidos.

Brasil debe volver a empezar después del “Tsunami”, para esto tiene a un presidente interno como Michel Temer para enderezar la situación económica, aunque parece que todavía queda camino para lograr la ansiada estabilidad económica de este país que parece haber pasado del paraíso al infierno en poco tiempo.

Brasil ha vuelto a demostrar que el crecimiento rápido en muchas ocasiones no significa desarrollo de calidad y que en demasiadas ocasiones termina siendo objeto de corrupción en el sistema.

 

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