Estados Unidos y Venezuela: petróleo, poder y la vuelta a la Doctrina Monroe
La presión de Washington sobre Caracas reactiva la Doctrina Monroe y añade un nuevo foco de riesgo geopolítico con impacto en energía, mercados y estabilidad regional.
La tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha entrado en una nueva y peligrosa fase. Las recientes decisiones adoptadas por la Administración estadounidense —entre ellas el anuncio de un bloqueo naval a buques petroleros vinculados al régimen de Nicolás Maduro y las advertencias sobre la seguridad del espacio aéreo venezolano— han reactivado un conflicto latente desde hace años, pero que ahora adquiere una dimensión claramente geopolítica.
Las reacciones no se han hecho esperar. Desde Caracas se ha denunciado una agresión directa, mientras que otros actores regionales, como México, han pedido prudencia y mediación para evitar una escalada con consecuencias imprevisibles. Al mismo tiempo, el debate ha llegado al Congreso de Estados Unidos, donde se han rechazado iniciativas destinadas a limitar la capacidad del Ejecutivo para actuar de forma unilateral.
Para Frédéric Mertens de Wilmars, experto en Relaciones Internacionales y profesor de la Universidad Europea, lo que estamos viendo «no es un episodio aislado, sino el síntoma de una estrategia mucho más amplia de Estados Unidos para recuperar el control de su esfera de influencia en América Latina».
La reactivación de la Doctrina Monroe como marco estratégico
Según explica Mertens, la política actual de Washington hacia Venezuela encaja con claridad en la reactivación de la Doctrina Monroe, un principio histórico de la política exterior estadounidense que legitima la intervención en América Latina cuando se consideran amenazados los intereses de Estados Unidos.
«América Latina siempre ha sido percibida por Washington como su patio trasero», señala el experto. Desde esta óptica, la presión sobre Venezuela no responde únicamente a cuestiones ideológicas o de derechos humanos, sino a un cálculo estratégico mucho más profundo.
El elemento clave es el control de los recursos energéticos, especialmente el petróleo. Venezuela sigue siendo un actor relevante en el mercado energético global, y su sector petrolero ha ido estrechando vínculos con potencias como China —y, en menor medida, Rusia—. Para Estados Unidos, la presencia china en sectores estratégicos latinoamericanos es una línea roja.
«Donde está China, Estados Unidos interviene», resume Mertens. La confrontación con el régimen de Maduro se convierte así en un episodio más de la competencia global entre grandes potencias.
Petróleo, sanciones y economía global
Las medidas anunciadas por Washington tienen un impacto inmediato en los mercados. El precio del crudo ha reaccionado al alza ante el riesgo de interrupciones en el suministro, un movimiento que afecta no solo a Venezuela, sino al conjunto de economías latinoamericanas y a países importadores de energía.
Desde el punto de vista económico, el conflicto introduce un nuevo factor de incertidumbre en un contexto global ya marcado por tensiones geopolíticas en Oriente Medio y Europa del Este. «Un repunte sostenido del precio del petróleo tiene efectos en cadena sobre inflación, balanzas comerciales y crecimiento económico», explica Mertens.
A nivel regional, el impacto es aún más directo. Economías como las de Argentina, Colombia o México se ven expuestas a un entorno de mayor volatilidad, lo que explica que países como México hayan optado por un papel mediador. «A nadie le interesa una escalada abierta, ni siquiera a Estados Unidos, que mantiene fuertes vínculos económicos con la región», apunta el experto.
¿Una intervención legal? El derecho internacional en entredicho
Uno de los aspectos más controvertidos del actual escenario es su encaje en el derecho internacional. Desde un punto de vista jurídico, el bloqueo naval planteado por Estados Unidos presenta serias dudas de legalidad.
«Un bloqueo en aguas internacionales es ilegal si no existe un conflicto armado declarado o una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU», recuerda Mertens. Ninguna de estas condiciones se cumple en el caso venezolano, y cualquier intento de obtener respaldo multilateral se vería bloqueado por el veto de Rusia y la posición ambigua de China.
Sin embargo, el experto subraya un fenómeno cada vez más frecuente en las relaciones internacionales: los hechos preceden al derecho. La legalidad internacional ha perdido capacidad disuasoria frente a la acción de las grandes potencias, como se ha visto recientemente en otros conflictos.
El factor interno: medir la caída del régimen
Más allá del plano internacional, Estados Unidos está observando con atención la reacción interna en Venezuela. A diferencia de intentos anteriores, como el protagonizado por Juan Guaidó, la estrategia actual parece orientada a evaluar hasta qué punto el régimen de Maduro está lo suficientemente debilitado como para colapsar sin desencadenar un conflicto prolongado.
«No se trata de invadir Venezuela. Eso sería un Vietnam», advierte Mertens. El objetivo sería forzar una caída rápida del régimen mediante presión económica, aislamiento internacional y demostraciones de fuerza militar, evitando una guerra civil que desestabilice la región.
En este contexto se enmarca el protagonismo de figuras de la oposición venezolana y el refuerzo de la presencia militar estadounidense en la zona, incluyendo el control del espacio aéreo como elemento de disuasión y preparación operativa.
Europa y la comunidad internacional: un papel secundario
Mientras tanto, el margen de maniobra de Europa es limitado. Para países como España o para la Unión Europea en su conjunto, una confrontación directa con la administración estadounidense no resulta viable.
«Europa no está en condiciones de plantear una oposición frontal», sostiene Mertens. Estados Unidos dispone de múltiples palancas de presión, desde la OTAN hasta la seguridad energética o la estabilidad en Europa del Este.
En la práctica, el papel de la comunidad internacional se reduce a observar y, en el mejor de los casos, a promover llamados genéricos a la contención. Como ocurrió en otros escenarios recientes, la capacidad real de influir sobre el desenlace es muy reducida.
Riesgos humanitarios y migratorios
El impacto humano del conflicto es otro de los grandes riesgos. Venezuela ya sufre una de las mayores crisis migratorias del mundo, con más de un millón de ciudadanos desplazados de forma forzosa. Una escalada del conflicto agravaría esta situación.
«Nuevas oleadas migratorias tendrían consecuencias sociales y económicas tanto para los países receptores como para la propia Venezuela», señala el experto. Ciudades como Madrid o Miami ya concentran comunidades venezolanas con recursos, pero un empeoramiento de la crisis ampliaría la brecha humanitaria.
Venezuela como síntoma de una disputa global
Para Frédéric Mertens, el conflicto venezolano debe interpretarse como parte de una dinámica mucho más amplia. «Venezuela es el síntoma de una toma de control por parte de Estados Unidos de su patio trasero», afirma.
El verdadero objetivo no es únicamente un cambio de régimen, sino debilitar la influencia de China en América Latina y reforzar la posición estadounidense en un tablero global cada vez más fragmentado.
En este sentido, América Latina se ha convertido en un escenario clave de la competencia entre grandes potencias, donde los equilibrios económicos, energéticos y políticos están en juego.
Un conflicto con implicaciones económicas globales
El desenlace de esta crisis tendrá implicaciones que van mucho más allá de Venezuela. Desde la evolución del precio del petróleo hasta la estabilidad de los mercados financieros y las cadenas de suministro, el conflicto añade un nuevo foco de riesgo a una economía mundial ya tensionada.
Para las empresas y los inversores, el mensaje es claro: la geopolítica vuelve a ser un factor determinante en la toma de decisiones. Y Venezuela, lejos de ser un caso aislado, se sitúa en el centro de una disputa estratégica que marcará el equilibrio internacional en los próximos años.
Borja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.








