El impacto económico de los incendios forestales: turismo, construcción y empresas
Los incendios forestales generan pérdidas millonarias en turismo, agricultura, empresas y medio rural. Analizamos su impacto económico oculto
Cada verano, las imágenes de montes calcinados y brigadas de extinción ocupan titulares. Sin embargo, tras el humo existe una realidad menos visible: el enorme impacto económico que generan los incendios forestales sobre el tejido empresarial, el turismo, la agricultura o el mercado de materiales.
Las pérdidas no terminan cuando se apaga el último foco. En muchos casos, las consecuencias económicas se prolongan durante años y afectan tanto a las administraciones públicas como a pequeñas empresas y autónomos cuya actividad depende directamente del entorno natural.
«La extinción es solo la punta del iceberg», explica Ana Belén Noriega Bravo, decana-presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural (COITF). «Con frecuencia es la parte más pequeña de la factura. Un gran incendio destruye en cuestión de horas un capital natural que ha tardado décadas o incluso siglos en formarse«.
Un coste que va mucho más allá de apagar las llamas
Aunque el foco suele ponerse en el despliegue de medios terrestres y aéreos, el verdadero impacto económico comienza después del incendio.
Según Noriega, uno de los principales costes invisibles es la pérdida del suelo fértil. «Un suelo puede necesitar cientos de años para regenerarse y, cuando desaparece, llegan la erosión, los arrastres y las inundaciones«. A ello se suma la alteración del ciclo del agua, la contaminación de embalses, la pérdida de biodiversidad y la liberación a la atmósfera del carbono que los bosques habían almacenado durante décadas.
La factura también alcanza a la economía local. «Desaparecen rentas vinculadas a la madera, los pastos, la caza, la apicultura o el turismo, además del impacto emocional y demográfico que sufren muchas comarcas rurales«, señala. Diversos estudios europeos, añade, estiman que una región afectada por un gran incendio puede llegar a reducir su PIB en torno a dos décimas, mientras que la restauración posterior suele resultar más costosa que la propia extinción.
¿Cuánto cuesta realmente un incendio forestal?
Poner cifras al impacto de un incendio no es sencillo, pero sí existen estimaciones que permiten dimensionar el problema.
Solo las labores de extinción pueden situarse entre los 5.000 y los 20.000 euros por hectárea, dependiendo de la orografía, la meteorología y los medios empleados. La Agencia Forestal de Navarra estima un coste cercano a los 10.000 euros por hectárea cuando intervienen medios aéreos, mientras que la patronal forestal ASEMFO eleva el coste total hasta los 19.000 euros por hectárea quemada.
En conjunto, las administraciones españolas destinaron más de 2.760 millones de euros a la protección contra incendios en 2023. En un verano especialmente complicado, como el de 2025, las primeras estimaciones situaban únicamente las tareas de extinción por encima de los 500 millones de euros.
Sin embargo, Noriega insiste en que estas cifras representan únicamente una parte del problema. «El coste de extinción es apenas una fracción del coste real. Si sumamos las pérdidas ambientales, económicas y sociales, el importe verdadero de cada hectárea calcinada se multiplica varias veces. Estamos pagando muy caro apagar lo que sale mucho más barato evitar«.
El turismo rural, uno de los primeros damnificados
Uno de los sectores que más rápidamente acusa el impacto es el turismo de interior. Un incendio no solo destruye un paisaje; también modifica la percepción del destino.
Casas rurales, hoteles, restaurantes, empresas de turismo activo o bodegas experimentan cancelaciones incluso cuando el fuego no ha alcanzado directamente sus instalaciones.
Para la decana del COITF, el turismo rural recibe un doble golpe: «Por un lado, las cancelaciones inmediatas y, por otro, el deterioro de la imagen del destino, que tarda años en recuperarse«. Una pérdida que repercute en toda la economía local, especialmente en aquellas comarcas donde el turismo constituye uno de los principales motores de actividad.
Agricultura, ganadería y sector forestal: décadas para recuperar la actividad
Los efectos sobre el sector primario tampoco terminan con el incendio. Las llamas destruyen cultivos, sistemas de riego, vallados, maquinaria y explotaciones ganaderas, pero también comprometen la productividad futura de los terrenos.
Según Noriega, el sector forestal es uno de los más perjudicados porque «regenerar una masa arbolada lleva décadas y se pierden las rentas de toda una generación«. La ganadería extensiva afronta además la pérdida de pastos, infraestructuras y parte de la cabaña ganadera, mientras que la apicultura resulta especialmente vulnerable por la desaparición de colmenas y de la floración de la que depende cada campaña.
A medio y largo plazo, advierte, los mayores perjudicados son el suelo y el agua, «nuestro verdadero capital natural«, cuya recuperación puede requerir siglos.
La reconstrucción también tensiona la economía
Tras la emergencia comienza otra fase igual de costosa como es la reconstrucción. La reparación de viviendas, infraestructuras, instalaciones agrícolas o explotaciones ganaderas incrementa la demanda de materiales como cemento, acero, madera estructural, cableado eléctrico o aislamientos.
A ello se suman los trabajos de restauración forestal, movimientos de tierra, recuperación hidrológica y reparación de caminos, actuaciones que movilizan importantes inversiones públicas y privadas durante años.
Invertir en prevención: un ahorro para las cuentas públicas
Si existe un consenso entre los profesionales forestales es que prevenir resulta mucho más rentable que extinguir.
«Cada euro invertido en prevención puede ahorrar hasta cien euros en extinción«, asegura Noriega. Sin embargo, recuerda que entre 2009 y 2022 el presupuesto destinado a prevención cayó cerca de un 51 %, mientras que el gasto en extinción se ha mantenido prácticamente estable.
A su juicio, España continúa apostando por un modelo reactivo. «Destinamos el grueso de los recursos a apagar y muy poco a evitar que arda. La prevención no es una campaña de verano, sino un trabajo durante todo el año que requiere planificación e inversión estable«.
Entre las actuaciones prioritarias destaca la planificación forestal -más del 77 % de los montes españoles carecen de un plan de ordenación-, la gestión de la biomasa acumulada, los tratamientos selvícolas preventivos y la recuperación de actividades económicas ligadas al monte, como la ganadería extensiva, el aprovechamiento maderero, la resina, el corcho o la biomasa.
«La bioeconomía forestal es clave. Un monte que produce es un monte que se gestiona«, resume.
Un nuevo escenario marcado por el cambio climático
El incremento de las temperaturas, las sequías prolongadas y las olas de calor están favoreciendo incendios cada vez más intensos y difíciles de controlar.
Aunque España dispone de uno de los mejores dispositivos de extinción del mundo, Noriega considera que el modelo necesita evolucionar. «Nos enfrentamos a incendios de sexta generación que superan cualquier capacidad de extinción. No vamos a apagar el cambio climático con más aviones«.
La solución, sostiene, pasa por transformar la gestión del territorio mediante montes ordenados, paisajes en mosaico, recuperación de la actividad agroforestal y núcleos rurales mejor preparados frente al fuego.
Un problema económico que trasciende el medio ambiente
Los incendios forestales han dejado de ser exclusivamente una emergencia ambiental para convertirse en un importante factor de riesgo económico.
El impacto alcanza al turismo, la agricultura, la construcción, el sector forestal, las aseguradoras, el comercio local y las finanzas públicas. Pero también acelera uno de los principales problemas del medio rural: la despoblación.
«El fuego acelera el abandono, y un territorio despoblado queda todavía más desprotegido frente al siguiente incendio. Romper ese círculo vicioso -fuego, abandono y más fuego- es probablemente el mayor reto que tenemos por delante«, concluye la decana del COITF.
En definitiva, cuando un bosque arde no solo desaparecen árboles. También se pierden inversiones, empleo, actividad económica y oportunidades de desarrollo que, en muchos casos, tardarán décadas en recuperarse.
Rafa DasíGraduado en Periodismo por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con especialización en información económica y financiera del tejido empresarial valenciano. Encargado del contenido diario y de la gestión de las distintas plataformas de Economía 3, así como presentador del pódcast Las 5 claves.








