Andrea Redondo, economista: «Invertir ya no es un lujo, sino una necesidad»
La economista y divulgadora reflexiona en esta entrevista sobre educación financiera, libertad, mentalidad, inversión y responsabilidad en tiempos de ruido económico y promesas fáciles.
Andrea Redondo lleva años empeñada en desmontar una idea tan extendida como equivocada: que las finanzas son un territorio frío, técnico y reservado para unos pocos. Abogada, economista, divulgadora financiera y fundadora de El Club de Inversión, ha dedicado buena parte de su trayectoria a traducir conceptos complejos al lenguaje cotidiano y a demostrar que una mejor relación con el dinero puede ser también una vía hacia una vida más libre.
En su nuevo libro, Dinero a todo color, propone precisamente eso: dejar atrás la culpa, las creencias limitantes y la visión gris del ahorro y la inversión para construir una economía personal más consciente, más estratégica y más alineada con el proyecto de vida de cada uno.
Con más de dos décadas de experiencia generando ingresos pasivos y una de las voces más influyentes de la divulgación financiera en español, Redondo reflexiona en esta entrevista sobre educación financiera, libertad, mentalidad, inversión y responsabilidad en tiempos de ruido económico y promesas fáciles.
Una mirada menos rígida a las finanzas
– El título de tu nuevo libro, Dinero a todo color, sugiere una mirada más amplia y menos rígida sobre las finanzas. ¿Qué significa exactamente «a todo color» y qué querías romper frente a la visión más gris, técnica o incluso culpabilizadora del dinero?
Cuando hablo de «a todo color» me refiero a exprimir la vida al máximo, a que cuando lleguemos al final de nuestros días y echemos la vista atrás podamos pensar: «He vivido una vida que ha merecido la pena». Una vida que no haya sido gris ni monótona, sino llena de vivencias, experiencias, alegría y diversión.
Como bien dices, contrasta con la visión que tradicionalmente se ha tenido sobre las finanzas y la inversión. Muchas veces se asocian a esa imagen que venden las películas sobre Wall Street: hombres trajeados operando de forma agresiva en los mercados. Pero la inversión y la buena gestión del dinero son algo muy distinto: mucho más sosegado, agradable, placentero y, al final, alejado de ese estrés.
Quería enfocarlo de una manera más lúdica, divertida y amena. Y también sin esa culpabilidad que tantas veces acompaña a la conversación sobre el dinero. Muchas personas piensan: «No tengo dinero porque no he sabido gestionarlo bien». Y no, no es tu culpa no saber aplicar algo que nadie te ha enseñado. Ahora bien, sí es tu responsabilidad cambiar tu futuro. Ese es, en parte, el enfoque que quería darle al libro.
Además, te confieso que desde que publiqué mi primer libro en 2020 yo también he evolucionado mucho. He conocido a más gente, he mejorado como autora y he visto que, para que los aprendizajes calen de verdad, no basta con incluir fórmulas matemáticas: hay que contar historias, anécdotas y vivencias de otras personas que puedan inspirar al lector o a la lectora.
Porque así puede pensar: «Mira, esa persona pasó por ahí y consiguió salir adelante. Yo también voy a poder». Por eso he intentado tocar no tanto los dolores como las ilusiones, todo aquello que una persona puede llegar a conseguir si se inspira en quienes ya han recorrido ese camino.
No son solo números
– En el libro planteas que la relación con el dinero no es solo matemática, sino también emocional y mental. ¿Hasta qué punto los principales errores financieros de los ciudadanos responden más a creencias y hábitos que a una falta de ingresos?
Es difícil dar un porcentaje exacto, pero te diría que casi en un 95% viene de nuestras creencias. Y, de nuevo, es normal. Los niños pequeños son esponjas: absorben todo lo que ven a su alrededor, en el colegio, en la familia… Y si no han recibido esa educación o esa cultura financiera, es muy difícil que la tengan de forma natural.
De lo que se trata es de entender que muchas veces creemos que para hacer más dinero hace falta tener más dinero. Tal vez antiguamente eso podía ser más cierto, pero hoy ya no lo es. La tecnología ha avanzado muchísimo, también en el ámbito financiero, y a día de hoy invertir es mucho más accesible de lo que era antes.
Por eso, no hay que esperar a tener más dinero para invertir, sino invertir y después esperar. Pero, antes de eso, como bien dices, está toda la parte de las creencias. En el libro lo explico a través de tres partes: piensa, vive y sueña. Y «sueña», que sería la parte de invertir, es el último paso. Antes hay que sentar bien las bases, porque si tú tienes aversión al dinero, si piensas que el dinero es malo, generas un rechazo hacia él y no lo vas a atraer. Y aquí no hablo de manifestación ni de nada parecido, porque el libro está muy alejado de eso.
Es un libro muy aterrizado, con herramientas concretas. Cosas tan sencillas como hacer un presupuesto. Y, de nuevo, sin culpa: no se trata de decirte que tienes que recortar todos tus gastos, sino de gastar y ahorrar con propósito, alineándolo con lo que es importante para ti, y reajustando lo demás.
Si lo haces de forma inteligente y estratégica, te das cuenta de que ahorrar, incluso teniendo poco, no es tan difícil. De hecho, el libro está dedicado a mi tía Carmen y se inspira en parte en su historia. Ella tenía un salario muy reducido, tuvo que sacar adelante sola a dos niños pequeños, uno de ellos con una discapacidad importante, y aun así cada mes encontraba la manera de donar a otras causas. Por eso creo que muchas veces detrás del «no tengo dinero» o «no tengo tiempo» lo que hay, en realidad, es que no sabemos cómo enfocarlo. Y para poder hacerlo necesitamos derribar esas creencias limitantes.
Educación financiera, asignatura pendiente
– Durante años, la educación financiera en España ha sido una asignatura pendiente. ¿Cuál crees que es hoy el mayor déficit de cultura económica entre familias, jóvenes y pequeños ahorradores?
Una parte ya la hemos mencionado: la idea de que hace falta tener dinero para empezar. Luego está también la creencia de que hace falta mucho tiempo. Pero sinceramente no es así.
Más allá de eso, yo creo que falta sentirnos capaces. Entender que con el dinero se pueden conseguir grandes cambios, aunque a veces no lo veamos así. Pensamos en la libertad financiera como un todo o nada: o estás completamente libre y viviendo debajo de un cocotero, o no has conseguido nada. Y eso no tiene nada que ver con la realidad.
A lo mejor empezar a generar 100 euros más al mes a través de una inversión ya puede cambiarte la vida. Puede permitirte reducir jornada, y eso ya supone un cambio drástico. Puedes seguir trabajando, porque tampoco hay que demonizar el trabajo -hay gente a la que le encanta lo que hace-, pero a la vez disponer de más tiempo para criar a tus hijos, cuidar de otros o simplemente dedicarte a lo que te apetece.
Como digo siempre, a base de pequeños pasos se consiguen grandes cosas. Aunque no llegues a esa supuesta «libertad financiera» absoluta, por el camino ya vas a vivir muchísimo mejor que si no haces nada con tu dinero.
¿Cuáles son los principales errores a la hora de invertir?
– Has formado a muchas personas desde El Club de Inversión. Cuando alguien empieza desde cero, ¿qué errores detectas con más frecuencia: no ahorrar, endeudarse mal, invertir sin criterio o directamente pensar que invertir «no es para él»?
Creo que has señalado los más importantes. Pero añadiría otro que vemos muchísimo: «Ya soy demasiado mayor». Nos llegan personas de 55, 60 o 65 años pensando que ya es demasiado tarde, porque siempre oyen hablar del interés compuesto y creen que ya no tienen tiempo suficiente.
Es cierto que tienen menos años por delante que alguien de 20, pero aun así siguen teniendo muchísimo tiempo. Si miras la esperanza de vida media, estamos hablando de 20 o 25 años por delante. Y además cuentan con otras ventajas: más madurez mental, más templanza y más experiencia. Y eso, a la hora de invertir, es muy importante.
Más allá de eso, está claro que las pensiones, tal y como las conocemos hoy, pueden ser insostenibles. Por eso invertir ya no es un lujo, sino una necesidad.
También existe la creencia de que hay que ser un inversor profesional para tener éxito financiero. Y nada más lejos de la realidad. Con una formación básica, hoy muy accesible, cualquiera puede empezar. Nosotros mismos tenemos muchísimos contenidos en abierto en YouTube, y con eso ya puedes dar tus primeros pasos.
La clave es entender que no se trata de predecir los mercados, sino de invertir con una estrategia todoterreno que funcione bien. Así no tienes que estar pendiente de cada movimiento del mercado, que es precisamente lo que hace que mucha gente pierda dinero: comprar o vender en el peor momento por dejarse arrastrar por el ruido.
Estrategia financiera para todos
– En un contexto de inflación persistente, tipos de interés que han cambiado las reglas del juego y creciente incertidumbre global, ¿qué debería revisar hoy una persona media en su estrategia financiera que quizá no se planteaba hace cinco años?
En realidad, en los últimos cinco años ya hemos pasado por una situación parecida, por ejemplo en 2022, con una inflación disparada y un contexto energético muy complicado. Así que, en cierto modo, ya hemos vivido algo similar.
Lo que ocurre es que una persona que hoy no está invirtiendo va a ver cómo su poder adquisitivo se erosiona mucho más deprisa por efecto de la inflación. Por eso, no invertir ya no es un lujo: es una necesidad. Ahorrar sin más ya no basta, porque la inflación está por encima de lo que te ofrece una cuenta remunerada. Eso significa que estás perdiendo dinero simplemente por tenerlo parado.
Por tanto, hay que mover el dinero con estrategias que se adapten bien a las condiciones del mercado. Y también es importante no centrarse solo en las plusvalías -comprar barato y vender más caro-, sino en la generación de ingresos pasivos por el camino. Los ingresos pasivos suelen verse menos afectados por determinadas condiciones macroeconómicas o geopolíticas que las plusvalías, y si lo hacemos bien podemos salir reforzados de este entorno.
Hay que entender que siempre se puede ganar en distintos contextos de mercado y que, con estrategias todoterreno, las bajadas incluso pueden convertirse en una buena oportunidad para empezar a invertir o reforzar posiciones. Aunque, cuando uno está empezando, cueste verlo así.
De economista a divulgadora
– Tu trayectoria combina el rigor de la economista con la capacidad pedagógica de la divulgadora. ¿Cómo se traduce ese equilibrio en este libro? Es decir, ¿cómo consigues que un contenido complejo sea accesible sin caer en la banalización?
Para mí es muy importante no infantilizar a la audiencia. Hablo a adultos responsables que están intentando entender una temática compleja.
La verdad es que explico las cosas como me habría gustado que me las explicaran a mí. Yo soy bastante autodidacta. Estudié Economía y Finanzas, además de Derecho, pero muy poco de lo que sé y aplico hoy en inversión lo aprendí en la carrera. Lo he aprendido por mi cuenta, a base de prueba y error.
Así que intento transmitirlo de la manera más amena posible y, sobre todo, con ejemplos. Y parece que funciona, porque gusta, engancha y aporta. Así que supongo que he dado con una forma de comunicar que conecta, aunque no sabría explicarte exactamente cómo: me sale de forma bastante natural.
Los peligros de un mal asesoramiento
– Desde esa posición, ¿sientes que también existe una responsabilidad ética a la hora de hablar de dinero, rentabilidad y riqueza en redes, donde abundan mensajes rápidos y a veces engañosos?
Desde luego. Yo empecé a divulgar en 2017 y en aquel momento casi no había gente haciéndolo, ni tampoco tanto interés. Todo cambió a raíz de la pandemia. Cuando todo el mundo estaba en casa, mucha gente empezó a interesarse por la inversión, y con ese interés surgieron también muchos más divulgadores financieros.
Aquí me parece fundamental que la audiencia entienda que hay dos perfiles muy distintos. Por un lado, quienes han generado su patrimonio a raíz de vender formaciones sobre inversión, que son muchos de los que aparecieron a partir de la pandemia. Y, por otro, quienes ya habíamos alcanzado la libertad financiera antes de empezar a divulgar y lo hacemos realmente por pasión por enseñar y por ayudar a otras personas a alcanzar sus metas.
Eso, como bien dices, es muy importante hoy, sobre todo porque en redes sociales se ven muchos coches deportivos, vacaciones de lujo y demás. Y hay que aprender a separar lo real de la apariencia. Sé que no es fácil, pero hay que intentar no dejarse arrastrar por esa fachada.
Al final, hay que fijarse en la calidad del contenido y en que la persona haga realmente lo que dice que tú deberías hacer, y no una cosa distinta. Eso me parece clave. Por eso recomiendo buscar distintos divulgadores, quedarte con aquellos que conecten contigo y, sobre todo, con quienes hayan conseguido aquello a lo que tú aspiras.
Y, por supuesto, muchísimo cuidado con las estafas. Cualquier persona que te contacte de forma proactiva, te prometa rentabilidades garantizadas o te venda fórmulas para hacerte rico en 30 días es alguien de quien hay que huir.
– Después de leer Dinero a todo color, ¿con qué cambio de mentalidad te gustaría que se quedara el lector?
Me gustaría haber sembrado en el lector o la lectora la semilla del cambio. Que vea que otra vida mejor es posible para él o para ella y para su familia. Y también que entienda que los pasos para llegar hasta esa vida no son tan complicados como pueden parecer al principio.
Sara MartíCoordinadora editorial. Graduada en Periodismo por la Universidad Jaume I, estoy especializada en contenido web y ediciones digitales por el Máster en Letras Digitales de la Universidad Complutense de Madrid. Mi experiencia en el mundo de la comunicación abarca desde el institucional hasta agencias y medios de comunicación. Al día de la actualidad empresarial y financiera en Economía 3 desde marzo de 2021.










