España exporta más que Europa… pero se expone más
El comercio exterior sostiene el PIB español, pero el giro geopolítico y las fragilidades internas exigen una estrategia más ambiciosa y estructural.
Durante más de una década, la exportación ha sido uno de los grandes activos silenciosos de la economía española. Mientras otros países europeos sufrían estancamientos prolongados, España consolidaba un sector exterior capaz de sostener el crecimiento incluso en las fases más adversas del ciclo económico. Sin embargo, el contexto que permitió este éxito ya no existe. El comercio internacional ha entrado en una nueva fase marcada por la fragmentación geopolítica, el proteccionismo selectivo y la competencia estratégica entre grandes bloques.
El Observatorio sobre la Internacionalización de la Empresa Española 2025, elaborado por KPMG, lo resume con claridad: el sector exterior es hoy uno de los pilares estructurales del crecimiento español, pero también uno de sus principales vectores de vulnerabilidad.
Un pilar sólido… pero expuesto
Las cifras confirman la fortaleza del modelo. En los últimos quince años, las exportaciones españolas de mercancías han crecido a un ritmo anual compuesto del 6 % en valor y del 2,8 % en volumen, con una notable recuperación tras la pandemia. Además, el valor unitario de las exportaciones ha pasado de 1,37 euros por kilo en 2009 a 2,18 euros en 2024, señal de que España no solo exporta más, sino también productos de mayor sofisticación.
A todo ello se suma el dinamismo de las exportaciones de servicios no turísticos, que crecen a un ritmo medio anual del 6,8 %, consolidando una diversificación cada vez más relevante del sector exterior.
Este impulso se traduce directamente en crecimiento económico: entre 2009 y 2024, la demanda externa ha sido el componente que más ha contribuido al PIB español, con una aportación media de 0,63 puntos porcentuales anuales, por encima del consumo privado o la inversión.
Además, España encadena trece años consecutivos con superávit por cuenta corriente, un hecho inédito en su historia reciente y una señal clara de madurez macroeconómica.
Sin embargo, cuanto más abierta es una economía, mayor es su exposición al entorno global. Y ese entorno ha dejado de ser previsible.
El nuevo riesgo geopolítico y arancelario
Uno de los grandes retos para la exportación española es la creciente instrumentalización del comercio como arma geopolítica. El regreso de los aranceles como herramienta central de política económica, especialmente por parte de Estados Unidos, ha alterado los flujos tradicionales.
El impacto ya es visible. Entre abril y agosto de 2025, las exportaciones españolas a EE. UU. cayeron un 20 % en volumen y un 15 % en valor, según datos del Observatorio de KPMG. Aunque las ventas al resto del mundo se mantuvieron relativamente estables, este retroceso en uno de los principales mercados extracomunitarios alerta sobre la vulnerabilidad de determinados sectores.
Este nuevo escenario obliga a las empresas a replantear sus estrategias de diversificación de mercados, cadenas de suministro y gestión de riesgos comerciales. Exportar ya no es solo una cuestión de competitividad precio-calidad, sino también de geoestrategia empresarial.
Más valor añadido: una necesidad, no una opción
Otro reto estructural es avanzar decididamente hacia una exportación basada en valor añadido, innovación y diferenciación. España presenta una estructura sectorial equilibrada, con peso relevante de semimanufacturas, bienes de equipo, alimentación y automoción, pero sigue existiendo margen para reforzar la presencia en sectores intensivos en tecnología, transición energética, biotecnología o economía digital.
El propio aumento del valor unitario de las exportaciones sugiere que este proceso está en marcha, pero aún no es homogéneo ni suficiente para blindar al sector frente a una competencia global cada vez más agresiva, especialmente desde Asia.
En este sentido, el reto no es tanto vender más, sino vender mejor: productos menos sustituibles, con mayor componente de marca, innovación y servicios asociados.
El talón de Aquiles: el tamaño empresarial
Quizá el desafío más persistente de la exportación española es su estructura empresarial. Más de 130.000 empresas exportan en España, pero la mayoría lo hace de forma esporádica o con escasa dimensión. Aunque la tasa de exportadores regulares ha alcanzado en 2024 el 41 %, máximo histórico, el tejido exportador sigue altamente fragmentado.
El 73,6 % de las empresas exportadoras españolas tiene menos de diez empleados, una proporción sensiblemente superior a la de Alemania, Francia o Italia, tal y como revela KPMG en su informe. Esta atomización limita la capacidad de inversión, la penetración en mercados complejos y la resistencia ante shocks externos.
Mientras tanto, las grandes empresas españolas sí han consolidado una presencia internacional robusta: el 65 % de los ingresos del Ibex 35 procede del exterior. El problema es el escaso efecto arrastre sobre las pymes.
Escalar dimensión empresarial, favorecer procesos de integración, cooperación o internacionalización conjunta se convierte así en un reto crítico para que el éxito exportador sea sostenible y generalizado.
Optimismo empresarial… con matices
Pese a este contexto, el empresariado español mantiene un notable optimismo. Según la encuesta de Perspectivas Empresariales 2026, elaborada por las Cámaras de Comercio, las empresas españolas son mucho más optimistas que las europeas respecto a la evolución de sus exportaciones en 2026: el saldo neto alcanza los 38,3 puntos, frente a solo 7,3 en la media europea.
España ocupa la quinta posición en el ranking europeo de expectativas exportadoras, muy por encima de economías como Alemania, cuyas empresas presentan incluso saldos negativos en esta variable.
Este optimismo refleja una confianza estructural en la capacidad competitiva del tejido empresarial español, pero también puede esconder riesgos si no se acompaña de transformaciones profundas en productividad, dimensión y posicionamiento estratégico.
De hecho, la propia encuesta de las Cámaras muestra que en 2025 las empresas fueron demasiado optimistas respecto a las exportaciones: esperaban un saldo de 36,8 puntos, pero los resultados reales se quedaron en 19,9, casi la mitad.
Costes laborales y talento: frenos internos
Junto a los factores externos, existen retos internos de gran calado. El principal condicionante para la actividad empresarial en 2026, según las empresas españolas, son los costes laborales, señalados por el 66,4 % de los encuestados, por encima incluso de la media europea, según refleja el informe Perspectivas empresariales 2026.
A ello se suma la escasez de personal cualificado, identificada por casi la mitad de las empresas españolas como uno de los principales obstáculos. La combinación de presión salarial y dificultad para encontrar talento adecuado limita la capacidad de competir internacionalmente, especialmente en sectores de mayor valor añadido.
Además, aunque las cargas administrativas preocupan más a las empresas europeas que a las españolas, su peso creciente empieza a ser también relevante en España, en un entorno normativo cada vez más complejo y exigente.
Energía, financiación y barreras comerciales
Otros condicionantes relevantes para la exportación son el precio de la energía y de las materias primas, así como las condiciones de financiación. Aunque estos factores pesan más en otros países europeos que en España, su impacto es particularmente sensible en sectores intensivos en consumo energético o capital.
Por primera vez, la encuesta de Perspectivas Empresariales incluye las barreras comerciales como factor específico: el 22,6 % de las empresas españolas las señala como un condicionante para su actividad en 2026. Una cifra que, previsiblemente, irá en aumento si se consolida la tendencia hacia un comercio global más fragmentado.
Diversificar sin dispersarse
Otro reto estratégico es la diversificación geográfica. Aunque la UE sigue concentrando alrededor del 60 % de las exportaciones españolas, y Latinoamérica el 68 % de la inversión exterior, los cambios en el mapa comercial global obligan a explorar nuevas regiones como Asia-Pacífico, Oriente Medio o África.
No se trata de dispersar esfuerzos, sino de construir carteras de mercados más equilibradas que reduzcan la dependencia de unos pocos destinos, especialmente en un contexto de tensiones recurrentes con EE. UU. o de estancamiento económico en Europa.
De política de apoyo a política estratégica
El apoyo público a la internacionalización ha sido clave para el desarrollo del sector exterior español, especialmente a través del ICEX, las Cámaras de Comercio y los instrumentos financieros públicos. Pero el nuevo entorno exige ir más allá de la promoción comercial clásica.
La política de internacionalización debe integrarse en una estrategia industrial y tecnológica más amplia, alineada con la autonomía estratégica europea, la transición verde y la digitalización. Exportar no puede ser una política aislada, sino parte de un proyecto país orientado a competir en los segmentos más avanzados del comercio mundial.
Un reto de país, no solo empresarial
En definitiva, la exportación española se enfrenta a un reto que ya no es solo empresarial, sino estratégico. Mantener el papel del sector exterior como motor de crecimiento exigirá abordar simultáneamente cuestiones de tamaño empresarial, productividad, valor añadido, diversificación de mercados, talento y posicionamiento geopolítico.
España parte de una posición sólida: exporta más que la media europea, muestra un dinamismo superior y mantiene un elevado grado de internacionalización. Pero el nuevo orden económico global no premia la inercia. Premia la anticipación, la escala y la capacidad de adaptación.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.












