Papel

Medio digital vs papel: Un libro electrónico contamina como 33 libros en un año

El atractivo comercial de la etiqueta «sostenible» ha hecho que sean cada vez más las empresas que buscan subirse al carro de la sostenibilidad. Sin embargo, el interés o el desconocimiento pueden hacer que, en ocasiones, quienes piensan que son sostenibles por no leer en papel, resulten no serlo tanto. En Economía 3 hemos consultado con expertos para ver qué hay de verdad en ciertos mantras que se lanzan contra las publicaciones escritas y podemos adelantar que leer en papel no es menos sostenible que leer en digital.

Cuando hacemos referencia a la huella de carbono, el volumen total de GEI producidos por la actividad económica y cotidiana del ser humano, tendemos a pensar en la contaminación de las industrias o el gasto de papel. Sin embargo, a menudo ocurre que las preconcepciones no se corresponden con la realidad, pues obvian factores complejos que también se han de cuantificar a la hora de calcular el coste medioambiental.

Tal y como explica Ximo Lizana, profesor de la Universidad Europea (UE), existen mantras, como el de la electrificación de los vehículos, que no consideran el impacto que genera la producción masiva de baterías en el planeta. En el caso de los medios de comunicación y de lo sostenibles que pueden llegar a ser, podríamos preguntarnos: ¿qué tiene una mayor huella de carbono, un medio impreso o uno digital?

Papel vs digital

Para Carmen Avilés, economista y profesora titular de Organización de Empresas, ETSI Montes, Forestal y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), es cierto que, en un primer momento, podríamos suponer que es más sostenible un soporte digital que uno en papel debido a que no se requiere talar árboles para producirlo. Sin embargo, asegura, eso es tan sólo un mito que hay que desterrar: la huella de carbono de tener un libro electrónico equivale a leer 33 libros de 350 páginas al año.

Los bosques de los cuales se obtienen los árboles para producir papel en nuestro país, explica la profesora, se gestionan de manera sostenible. Esto significa que existe un control, unos criterios de sostenibilidad y una planificación sobre lo que se corta y con qué fin. Además, asegura, esto se traduce en una actividad profesional, económica y social, que no se ve cuando compramos una revista o un libro, pero que están ahí.

«Centrándonos en el caso de una publicación, lo que tenemos es carbono fijado que no se emite en el medio ambiente, con lo cual nuestra huella de carbono es menor. Por contra, si tenemos un eBook debemos conectarnos a la red y para ello consumimos energía que emite una huella de carbono, a no ser que se emplee energía 100% renovable», afirma Avilés.

Trazar la huella de carbono

Para calcular la sostenibilidad de un determinado producto no puede tenerse en cuenta únicamente el resultado final, sino que debemos atender el ciclo de vida del mismo. En este sentido, es necesario ver de dónde salen las materias primas necesarias para producir, en este caso, un soporte digital o uno impreso. En el caso de los aparatos electrónicos, estos requieren de determinados componentes y minerales que elevan mucho su huella de carbono.

«Tanto las materias primas necesarias, como las fábricas donde se hacen los microchips y el transporte que requieren los dispositivos, se traducen en una huella de carbono que los hace muy poco sostenibles. Además, una vez que se termina de utilizar estos dispositivos, hay elementos que sí se pueden reciclar, pero otros muchos no. No ocurre lo mismo con las publicaciones, cuyos procesos de reciclaje son bastante sencillos y permiten volver a generar nuevos libros o revistas», explica la profesora.

Y apostilla: «La pasta de papel suele hacerse de eucalipto, que, por lo general, proviene de entornos geográficamente más cercanos. Contamos con plantaciones de eucalipto en el norte y sur de España, que nos sirven además para producciones adicionales como la biomasa. Es un proceso mucho más cercano, o sea, que produce menor huella de carbono y es completamente renovable. Esto no ocurre con los minerales, que tienen un stock limitado. Los bosques se pueden regenerar fácilmente si se gestionan de forma sostenible».

Impacto social del papel

Hablar de un bosque es hablar de impacto ambiental, pero también social. En los entornos rurales que se han venido a denominar «la España vaciada», la creación de riqueza resulta fundamental para poder revertir los procesos de despoblación.

Durante los últimos años nuestro país ha experimentado un aumento de la superficie forestal -situándonos como el tercer estado europeo por extensión-, por lo que utilizar y aprovechar adecuadamente estos bosques puede traducirse en la creación de riqueza y en fijar la población al territorio.

En este sentido, explica Carmen Avilés, «en la UPM contamos con un proyecto llamado AudIT-S, en el que llevamos a cabo iniciativas como Urban Forest Innovation Lab, centrada en la generación de riqueza alrededor de los bosques mediante la generación de emprendimiento. El bosque ofrece una gran cantidad de oportunidades para generar negocios sostenibles, permitiendo, además, incrementar la biodiversidad».

Ser conscientes de nuestro impacto

A la hora de tratar de reducir la huella de carbono en nuestra actividad diaria, el primer paso consiste en tomar conciencia de en qué se traducen nuestras acciones cotidianas. Para ello, explica el director del departamento de ingeniería de la UE, Ricardo Latorre, existen diferentes opciones para disminuir nuestro impacto. En el caso del transporte, podemos emplear aplicaciones móviles para planificar nuestras rutas y horas de salida.

«Los pasos a seguir para reducir nuestro impacto medioambiental se pueden resumir en acciones como consumir energía de origen renovable, gestionar adecuadamente las instalaciones de climatización, minimizar el uso de vehículos de combustión interna o consumir productos poco elaborados y de proximidad. En definitiva, tener una visión global de la actividad que realizamos y del impacto que tiene nuestra forma de vida en las emisiones», asegura Latorre.

Y sentencia: «No podemos solucionar un problema actualmente tomando unas decisiones que nos pueden condicionar en el futuro. Debemos tener clara la hoja de ruta para alcanzar los objetivos medioambientales del 2050».

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