enoturismo bodega más grande del mundo

Enoturismo con mayúsculas, la bodega más grande del mundo

Con algo más de 2,5 millones de habitantes, Moldavia tiene un tesoro para el visitante, el amante del enoturismo, una joya para los sentidos.

Hemos aterrizado en Chisináu, su capital, un territorio muy poco frecuentado por turistas, en un país inmensamente rural, y con un desarrollo arquitectónico bajo el régimen comunista que no ha brillado por su vistosidad, todo lo contrario, Y es que fue totalmente destrozada por un terremoto en 1940 y los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, es una ciudad agradable, con grandes parques, cafés, bodegas… y aquí nos vamos a adentrar.

Me encantan los viajes que tienen un motivo gastronómico o enológico, y es una tendencia de la que cada vez disfrutamos más al viajar. De todas formas, nadie piensa en Moldavia como un destino de enoturismo, pero la inmensa extensión de viñedos ha hecho pensar a muchos que Moldavia será el gran destino vinícola de Europa. Dicen que Yuri Gagarin, el astronauta ruso, entró en la bodega Cricova en 1966 y tardó en salir dos días. Angela Merkel centró su visita en Cricova, y hasta la Reina Isabel tiene aquí su vino favorito: Negru de Purcari.

Premio Guiness

Salgo de la capital y viajo hacia el suroeste, apenas a 17 km se encuentra Milestii Mici, una bodega digna de merecer un viaje, con más de 200 km de barricas y botellas, considerada la más grande del mundo (tiene un premio Guiness). Un lugar con las condiciones perfectas para conservar el vino. Se trataba de una mina de piedra caliza, con una profundidad que va desde los 30 a los 85 metros, una temperatura media entre los 12 y los 14 grados y una humedad entre el 85 % y el 90 %, un laberinto gigantesco que ha obligado a dar nombre a cada calle, de hecho, cuando entramos nos dan un mapa, para que los trabajadores y visitantes no se pierdan.

El recorrido es apasionante, lógicamente solo podemos visitar una parte, aunque se pueden utilizar vehículos, es sencillamente “enorme”, y al final la degustación, una sala especialmente acondicionada para ello. Un laberinto de túneles, pasadizos, incluso las que eran las mazmorras, todo convertido en una inmensa bodega. Si te animas a viajar el primer fin de semana de octubre podrás disfrutar del Festival Nacional del Vino.

Para nosotros es una oportunidad fantástica, un país con una renta per cápita que ronda los 4.000 $, mientras que la nuestra está cerca de los 26.500 €, lo que significa que los costes de todos los servicios, alojamientos y restaurantes son muchísimo más económicos.

El vino, esencia de vida e historia

Es el paraíso vinícola. A 119 km viajando hacia el sureste, ya en la frontera con Ucrania, se encuentra la bodega más antigua, Château Purcari, fundada en 1827 en una región situada junto al río Dniéster, un paisaje bucólico y un lugar ideal para probar su mítico vino Negru de Purcari.

Si en cambio viajamos a 48 kilómetros hacia el Este llegamos a la Bodega Castel Mini. Se trata de un lugar especial, porque el castillo que construyó Constantin Mimi es, posiblemente, una de las joyas arquitectónicas mas bonitas del mundo del vino. Una historia que se remonta a 1893 y un personaje que dedicó su vida a vinificar el territorio.

Si hubiéramos decidido viajar 70 km hacia el norte, nos encontraríamos con la Bodega Château Vartely, y 32 km hacia el noroeste la Bodega Château Cojusna (Migdal-P)… y así podemos continuar. Como ves, las distancias no son grandes y en un radio de acción fácil de visitar disfrutaremos, durante unos días, de un mundo donde el vino forma parte de la esencia de su vida y de su historia.

Hay que disfrutar en la capital de la cadena de restaurantes La Placinte, combinar su carta con los vinos locales, disfrutar de su decoración moldava y, desde luego, probar el plato que da nombre a la cadena. Se trata de un pan frito relleno con queso casero, cola, patatas, calabaza y cualquier cosa que se les pueda ocurrir. La gastronomía es intensa, con mucho sabor. Si viajas en invierno es imprescindible pedir un Izvar, un vino tinto caliente (que recuerda al que nos dan en las pistas de esquí) pero elaborado con pimienta negra y miel.

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