Joan Lerma

Joan Lerma: “Nadie, cuando está en el Gobierno, protesta por la financiación”

Aquel año, 1991, ETA mataba a tiros en su despacho de València a un directivo de la empresa Ferrovial y, unos meses más tarde, a tres personas con un coche bomba en Mutxamel (Alicante). La Guerra del Golfo tocaba a su fin y empezaba la de los Balcanes. España era la anfitriona de la Conferencia de Paz de Madrid. Joan Lerma Blasco (València, 1951) tenía 28 años cuando fue elegido secretario general del PSPV-PSOE, cargo que ocupó durante 18 años, hasta 1997.

El exministro de Administraciones Públicas en el último Gobierno de Felipe González, nombrado senador tras perder su partido las elecciones en 1996, rememora en esta entrevista aquella etapa y comparte su experta visión sobre la política y la economía de nuestros días.

No te pierdas el vídeo de la entrevista a Joan Lerma en el siguiente enlace.

Hace 30 años…

– ¿Cómo fue la legislatura en la que nace Economía 3? ¿Cuál fue el principal escollo?

Prácticamente empezábamos. Las elecciones fueron en mayo y el Gobierno tardó un par de meses en constituirse, y en noviembre llega Economía 3. Eran unas circunstancias complicadas. Ya se atisbaba una mala situación económica, aunque las Olimpiadas (de Barcelona) y la Expo (de Sevilla) taparon un poco una crisis que empezábamos a notar.

Siempre hablamos de inversiones, infraestructuras, carreteras, factores necesarios para impulsar la competitividad, pero uno de los temas fundamentales entonces, y ahora, aunque en esa etapa de manera más acentuada, fue la adaptación al sistema monetario europeo. Nos dificultó mucho la vida porque la peseta estaba muy fuerte en el tipo de cambio. Nosotros hemos sido siempre una economía exportadora, pero con costes muy ajustados. Perdíamos capacidad y competitividad. Empezamos a pasarlo mal en el 91.

Joan Lerma

Joan Lerma, durante la entrevista con Elisa Valero, directora general de Economía 3

La Guerra de los Balcanes

– Ese año empezó la Guerra de los Balcanes.

Una experiencia europea que hacía muchos años que no ocurría. Una guerra muy cercana, producto de la descomposición del bloque del este, que puso de relieve todo lo que eran los viejos recelos de la antigua Yugoslavia. Todavía estamos pendientes de lo que acabe pasando con Kosovo. Era una desorientación absoluta. La caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania, la desintegración de la Unión Soviética.

Europa estaba en un cambio de ciclo muy fuerte y las incertidumbres eran muy grandes. Nosotros estábamos con las alegrías propias de lo que se nos venía encima. La imagen de España era muy positiva. Habíamos hecho una transición pacífica. Y habíamos pasado de ser un país en vías de desarrollo a un país desarrollado, en algunas zonas antes que en otras. Nos estábamos adaptando, pero todas las incertidumbres que provocaba la situación de entonces, hacía que nuestro futuro fuera un poco más complicado e incierto.

El Estatuto de Autonomía

– Usted fue el último presidente del periodo preautonómico, en el año 82, y el primer presidente elegido democráticamente. Estaba todo por hacer.

Pero existía lo fundamental, que era la ilusión de la gente. A partir de ahí, había que construirlo todo. Para empezar, la Administración local se acababa de democratizar.

Las primeras elecciones fueron en el 79 y los ayuntamientos estaban absolutamente faltos de dotación económica. Todo empezó a cambiar rápidamente, pero no lo suficiente para afrontar los problemas que teníamos. En el caso de la Administración preautonómica: sin competencias y sin capacidad real de actuar, acabó el año en que aprobamos el Estatuto.

– Con muchas dificultades.

Nunca para nosotros ha sido nada fácil. Y, ciertamente, con todas las dificultades del mundo y tirones que todavía perduran, acabamos consensuando el Estatuto. Estábamos en una democracia multipartidista antes de las elecciones. La democracia aclaró el panorama político y muchas opciones se deshincharon. Y pasamos a ser, diría yo, una democracia bipartidista imperfecta.

«Hay que dar más corresponsabilidad fiscal a las comunidades autónomas»

– Pero lograron pactar el Estatuto.

Para nosotros el Estatuto formaba parte de la reivindicación democrática. Para otros, decir siempre que todo era insuficiente, era lo habitual. Después de pactar el Estatuto y ser muy criticados, nos votó más del 50 % de los valencianos. Eso debería haber hecho que otros reflexionaran sobre la posición que habían mantenido. Ahora, curiosamente, hay partidos políticos que siguen planteando las mismas posiciones que a principios de los años 80 y diciendo que tenían razón. Es evidente que no fue así.

– La Constitución no contemplaba la autonomía valenciana.

La Constitución dejó fijados los criterios en función de los cuales se podía acceder a la autonomía, pero no dibujaba el Estado de las Autonomías como lo conocemos hoy. Hablaba de resolver la situación provisional del País Vasco, Cataluña y Galicia y el resto tenía otra vía posible, el articulo 143, que no contemplaba la creación de parlamentos autonómicos. Eso fue lo que luego se ha denominado una mutación constitucional. Todos interpretamos que las autonomías que accedieran por el 143 también podían tener parlamentos que controlaran la acción del Gobierno y legislaran.

En nuestro caso, los duros enfrentamientos se produjeron porque UCD y Alianza Popular estaban siempre discutiendo de símbolos y nosotros de contenidos. Las competencias eran nuestra prioridad. A la derecha no le preocupaban y por eso buscaba la crispación. La derecha aspiraba a romper el Partido Socialista. Quería desencantar al electorado con el objetivo de recuperar su hegemonía. Fue el pretexto para intentar recuperar una mayoría que la sociedad valenciana no le daba.

Joan Lerma

«La autonomía posibilitó poner en marcha muchos proyectos»

– Otro sector político criticó que su partido transigiera con algunos temas. Por ejemplo, aceptar Comunitat Valenciana en vez de País Valencià.

Optamos por un Estatuto con las competencias máximas del 151, que para legalizar hubo que hacer una ley orgánica de transferencias. En cualquier caso, nosotros ganamos las competencias, aunque desde el punto de vista simbólico, lo pactamos.

– ¿Se siente satisfecho de aquellas decisiones, a pesar de la críticas?

Totalmente. Y aún sigo recibiéndolas. Hay partidos que fundamentan su diferencia en eso. Pero, la autonomía posibilitó poner en marcha muchos proyectos, como el metro, que entonces no existía. Mucha gente no lo recordará, pero la autovía de Torrent, que nunca abordó el Gobierno central, la Generalitat la hizo en muy poco tiempo.

En Castellón había un colegio universitario un poco siniestro y abandonado. Hoy la Universitat Jaume I es un centro de primer rango, y tantas otras cosas que puedo referir en Alicante. En cuanto a la industria, el Impiva se creó con el objetivo de mejorar nuestra productividad, fomentando la investigación. Los institutos tecnológicos, creados por el Consell, en los que los empresarios colaboraron activamente, también se encargaron de difundir la tecnología en las empresas y hacerlas más competitivas.

Mire, yo he sufrido mucho estos años que no hemos estado gobernando, viendo y sabiendo que, siendo punteros en tecnología, investigación y diseño, eso durante 20 años se murió. Pasamos a ser prioritarios en turismo y en la construcción. Nosotros necesitamos más peso industrial. Todo lo que avanzamos en ese sentido se perdió cuando gobernó la derecha, pero, afortunadamente lo estamos volviendo a recuperar.

«El Ministerio de Economía estaba más pendiente del aspecto financiero que de la economía real»

– ¿Considera que el Gobierno central le falló en algún momento?

Sí. Fue en un momento en el que España estaba muy centrada en recuperar la credibilidad y la confianza de la economía española. Nosotros teníamos una industria muy sólida. A medida que la peseta era más cara por la entrada de capitales externos perdíamos capacidad de competir.

Al final, las zonas más competitivas del país fueron las que menos financiación recibieron. Necesitábamos un buen marco regulatorio, más que dinero para que nuestras empresas funcionaran y fueran capaces de vender. No logramos que nos comprendieran. Entonces el Ministerio de Economía estaba más pendiente del aspecto financiero que de la economía real.

Joan Lerma

La vida después de la pandemia

– ¿Hemos aprendido de la pandemia?

Hemos sacado una consecuencia muy clara: no podemos perder inversiones estratégicas que hagan que Europa pueda valerse por sí misma. En estos momentos, no entiendo la paralización de empresas automovilísticas porque carecen de elementos que nosotros hemos dejado de producir, impidiendo que ahora estemos creciendo espectacularmente. Los problemas actuales van a acabar con muchas empresas y la recuperación explosiva que se esperaba.

También hemos aprendido a ofrecer respuestas correctas, sin la austeridad expansiva que se aplicó durante la crisis de 2008 y que acabó con el sistema de partidos europeo que sustentó el crecimiento y la estabilidad de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Como dice un constitucionalista español, hemos pasado del bipartidismo imperfecto a la perfecta ingobernabilidad. Hemos destrozado la credibilidad del sistema de partidos que sostenía la democracia en toda Europa, promoviendo el ascenso de los populismos.

– ¿Europa ha respondido bien ahora?

Se ha aplicado una política diferente, pensada para recuperar la economía, evitar sufrimiento y hacer posible que la democracia sea sólida para todos. Ha demostrado, cada país con sus diferencias nacionales, unidad. Todos hemos logrado disponer de vacunas. España es un ejemplo. Europa es nuestro proyecto.

La etapa como presidente de la Generalitat

– ¿De qué está más satisfecho de su etapa al frente de la Generalitat?

De garantizar la convivencia durante todos estos años. A partir de ahí, todo se puede planificar y discutir. Luego, es evidente que, desde la capacidad de sufragarnos buenos servicios, hemos avanzado, aunque se ha producido un cierto frenazo en el crecimiento porque no hemos sabido priorizar lo que ahora tenemos más claro: que la educación, la investigación, la sanidad y el Estado, como factor fundamental de dinamización, es muy importante. Pero no sabes lo que es una crisis hasta que no te cae encima.

Me siento satisfecho de que seamos capaces de pensar en un futuro a medio y largo plazo, si somos capaces de contar con todos, seguro que las cosas salen mejor. Y el papel de la mujer en la sociedad es fundamental para alcanzar ese futuro. Contar solo con la mitad de población, y, a veces, los menos imaginativos, es fatal.

«El papel de la mujer en la sociedad es fundamental»

– ¿Tenemos competencias y financiación suficiente?

Tenemos competencias suficientes para tener una actuación muy plena. Siempre hay aspectos a discutir, pero lo importante es la capacidad de financiación. Personalmente, creo que hay que dar más corresponsabilidad fiscal a las comunidades autónomas, aunque hay la tendencia a unificar. Cuanta más autonomía fiscal, mejor, siendo posible a su vez tener un cierto nivel de coordinación.

El sistema actual de financiación necesita una revisión. Nadie, cuando está en el gobierno, protesta. De cualquier manera, me parece más importante disponer de un marco regulatorio seguro con el que sepas cómo te puedes desarrollar.

– ¿Para cuándo la reforma del Senado?

La reforma del Senado requiere una reforma Constitucional y el PP no quiere. Se abrió una ventana de oportunidad en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero, pero el PP dijo que no. Tendríamos que debatir las reformas antes que en el Congreso. Algo que ahora no podemos hacer. Se conocería antes la opinión de las autonomías. Sería más eficaz.

«Ximo Puig se ha arremangado desde el principio»

– ¿Cómo ve la dirección de Ximo Puig en la Generalitat?

Nuestro presidente se ha arremangado desde el principio. Creo que ha salido todo muy bien dentro de la dificultad. Hemos tenido suerte, porque se ha puesto al frente.

Nos ha salido muy bien comparativamente. Respecto al Gobierno, es complicado, pero Puig es una persona que escucha mucho. Era y es la persona adecuada para llevar adelante una primera experiencia que no teníamos de Gobierno de coalición.

En nuestro caso, además, partíamos de una situación difícil. No solo sustituíamos a un gobierno de otro signo político, sustituíamos a un gobierno que había caído por corrupción, que iba muy directamente contra la credibilidad de las instituciones. El Gobierno valenciano ha logrado levantar la hipoteca reputacional que estaba seriamente dañada.

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