Doñana

Doñana, naturaleza y tranquilidad en el humedal más grande de Europa

Esa mañana estaba desayunando en el Parador de Mazagón. La verdad es que tiene una ubicación privilegiada, rodeado de naturaleza y la frondosidad del bosque de pinos, frente al océano. No hay más construcción alrededor y las playas son sencillamente enormes, desiertas, acogedoramente solitarias. Luego descubrí que esto es lo normal en Doñana. El territorio que transcurre entre Matalascañas y la desembocadura del río Guadalquivir cuenta con más de 25 kilómetros de playa virgen y arenas blancas y un complejo de dunas que sorprende.

La verdad es que recorriendo el mundo no es fácil encontrar un espacio natural de playas tan bien conservado y sin edificaciones ni aglomeraciones –aunque aquí puedes encontrar algunos destinos igual de increíbles. Está catalogada como una de las costas vírgenes más amplias de Europa, con unos 35 kilómetros.

La cooperativa Andaluza Marismas del Rocío es la sociedad concesionaria oficial para realizar las visitas guiadas al interior del parque (además de la única que lo hace en exclusiva). Olvídate de hacerlo de otra manera, lo mejor es recurrir a ellos. Los vehículos son magníficos, hay múltiples formas de visitar el parque y los guías saben bien lo que llevan entre manos. Para que te hagas una idea, el recorrido es de algo más de 80 km y cuatro horas de duración.

parador de mazagón

Qué ver en Doñana

Pero vayamos un poco al origen. Se declaró Parque Nacional en 1969 y actualmente es la mayor reserva ecológica de Europa, con una extensión de más de 54.000 hectáreas. Seguro que a los acérrimos seguidores de la romería del Rocío no hay que contarles mucho, pero creo que es un paraje que no es tan visitado entre los españoles como nos pensamos. La Ermita del Rocío está ubicada en la Aldea del Rocío, Almonte (Huelva), y la romería concentra cada año en torno a un millón de personas.

Todo arranca desde el Centro de visitantes de El Acebuche, una buena infraestructura desde la que se gestionan todas las visitas. Y se aparca fácilmente. A partir de aquí, lo normal suele ser un recorrido de unas cuatro horas en vehículos 4×4 perfectamente adecuados para el terreno, siempre con guía, pero se pueden combinar con comida, incluso un tramo en camello o incluso visitar unas bodegas. Elijas la opción que elijas, la visita me parece fantástica. Es un espacio enorme que cuando te adentras en su interior, la soledad, el paisaje, la fauna… es como si hubieras salido de la civilización.

La combinación del terreno junto al mar, transitar por sus playas desiertas durante kilómetros, los espacios de marismas, la maravillosa concentración de aves (el parque actúa como un lugar de paso entre las aves europeas y africanas, y también un lugar para invernar por el excelente clima del que goza), sus caminos de arena, perderse entre la vegetación… Todo contribuye a sumergirnos en un parque que además en 1994, la Unesco inscribió en la lista de Patrimonio Mundial. Doñana es hoy un laberinto de tierra y agua que da forma a marismas, lagunas y caños, cotos y pinares, vetas y veras, dunas, playas y acantilados. ¡Un paisaje espectacular! El humedal más importante del continente europeo.

Qué visitar en los alrededores

Si te animas a visitar Doñana en verano, al terminar el día hay que desplazarse a Mazagón. Está cerca y aquí la clave es elegir un chiringuito de playa donde disfrutar de sardinas a la brasa. Yo diría que es casi una obligación culinaria. Tal vez el más ‘chic’ sea el Chiringuito Costa Colón. Tiene zona ‘chill out’, los atardeceres son preciosos e incluso muchos días hay actuaciones en directo. Pero también puedes ir al Kiosco Cuesta La Barca, donde destacan sus empanadas; el Restaurante Las Dunas, o el Restaurante El Refugio, donde además disfrutar del pescado fresco. Todos con un maravilloso ambiente andaluz y un denominador común: las sardinas a la brasa. Y el mar.

Mazagón es un lugar que destaca por sus playas vírgenes y desiertas. Disfrutarás de largos paseos por ellas. De verdad que no es fácil encontrar playas de esta extensión y belleza, donde los pinos llegan hasta la propia arena, con dunas salvajes. Es un rincón precioso de nuestro territorio español. Y siempre que voy por allí también disfruto mucho el ambiente y, por supuesto, de un buen rebujito, fresquito… Pero no muchos, ¡que se complica la situación!

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