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La contundente actuación de la FED contra la inflación arrincona al BCE

Hace una semana vaticinábamos la finalización del dinero ‘gratis’ por parte del BCE. La subida en los tipos de interés y la retirada -al menos moderación- de estímulos eran las dos únicas herramientas al alcance de máxima autoridad monetaria de la Zona Euro para contener la actual inflación galopante.

La aceleración en el encarecimiento de los precios -estableciéndose en cifras de record el IPC de los últimos meses- dejaba con menos margen –todavía- a la institución presidida por Christine Largarde para defender su actual inacción a la hora de tomar medidas para acometer a su único mandato estuario: objetivo de inflación en el entorno del 2%.

Pues bien, es en esta ocasión la Reserva Federal quien eleva la presión sobre el BCE y su presente inmovilismo. El banco central estadounidense ha comunicado una intensificación del ‘tapering’ -retirada progresiva de los estímulos económicos- y establecido una hoja de ruta para realizar subidas de tipos graduales como mecanismos para frenar la inflación.

El homólogo del Banco Central Europeo de la primera potencia mundial, presidido por Jerome Powell, recortará 30.000 millones de dólares al mes en su programa de incentivos económicos. Teniendo en cuenta que el objetivo inicial era justo la mitad -15.000 millones-, parece que la máxima autoridad monetaria de Estados Unidos otorga a la inflación la consideración de amenaza real para su economía.

Asimismo, la FED ha establecido las pautas para afrontar una serie de subidas graduales en los tipos de interés con el objetivo de frenar el encarecimiento de los precios. De este modo, según su hoja de ruta se realizarán tres subidas en 2022, otras tres en 2023 y, finalmente, dos en 2024. Ocho progresivos incrementos que fijarían los tipos de financiación en el 2,25% dentro de tres años. Un giro de 360 grados respecto a las expectativas que había a la finalización del pasado verano.

«En Europa seguimos a lo nuestro»

En Europa seguimos a lo nuestro. Seguir pensando que la inflación es una eventualidad, completamente transitoria, es dar la espalda a la realidad macroeconómica mundial. El dilema del Banco Central Europeo por retirar los estímulos antes de lo deseado y poner en riesgo la recuperación económica es un hecho. Sin embargo, no resulta menos cierto que la credibilidad de Europa está, también, en juego. ¿Qué crédito tendría Europa si su máxima autoridad monetaria no es capaz de atender -repetimos- su única obligación? ¿Volverá el viejo continente a quedarse rezagado en la toma de decisiones ante desafíos de semejante magnitud?

Ya en la crisis de 2008 perdimos un tiempo muy valioso hasta que se decidió actuar de verdad -julio de 2012 cuando Mario Draghi citó aquellas, ya célebres, pababras de “el BCE hará lo necesario para sostener al euro” y aquello de “créanme, será suficiente”-. ¿Volverá Europa a quedarse atrás?

Sinceramente, creo que un lujo que no nos podemos permitir. Ni qué decir, el craso error que sería seguir manteniendo mensajes de tibieza que solo incrementan las dudas. Es el momento para que Christine Largarde tome realmente el relevo al frente del BCE y dé un puñetazo sobre la mesa. Como el que dio su antecesor hace ya casi una década. Capacidad y aptitud para hacerlo tiene, desde luego, de sobra.

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