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El alma de la empresa

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En esta ocasión he decidido enredarme con un tema que cada día me preocupa más, y me preocupa porque me lo estoy encontrando con demasiada frecuencia en el día a día de mi trabajo. De verdad que tengo asumido que, en algunas áreas de mi actividad, es necesario hacer evangelización constante y lo hago con cierto entusiasmo, el entusiasmo del converso, pues sin duda estoy convencido de la bondad del discurso.

Pero hay otras áreas de interés que no puedo evitar quedarme atónito cuando veo como los propietarios de las compañías ignoran algunos temas que deberían estar superados, temas como la definición estratégica de la empresa o tener un modelo de liderazgo de las personas o una aproximación a la innovación.

No hace mucho comía con el dueño de una pyme familiar, un hombre hecho a si mismo, sin formación universitaria ni masters, pero con una escuela de vida impresionante. Un visionario sin duda, que había visualizado el camino que tenía que seguir su compañía y con notable acierto había dado un cambio de rumbo que se ha revelado el adecuado duplicando facturación año tras año….superando ya los cien millones.

El éxito parece indiscutible, y sin duda lo tiene. Pero la realidad es que ¡todo es fruto de la intuición y dosis a partes iguales de casualidad y testosterona!  Lo cual, cuanto menos, es digno de admiración. Pero este crecimiento empresarial lleva aparejada la necesidad de profesionalización, los fichajes generan una Torre de Babel empresarial, con diferentes culturas, modos de gestión, principios y valores. La fortuna quiere que una segunda generación, profundamente implicada en la empresa familiar, formada e inquieta venga empujando tratando de establecer la definición estrategia de la compañía, fijar los valores que los identifiquen y una forma de gestionar a las personas única. En definitiva, escribir y definir una cultura de empresa sobre la que crecer y con la que identificarse. Algo, a mi entender básico para garantizar el futuro de la organización. Pues bien, nuestro empresario (a quien respeto profundamente, no sólo por sus logros sino por sus valores personales) entiende que todo esto “son cosas de jóvenes” y que él lo tiene todo claro en su cabeza….

Y sin duda es verdad. Pero ahí está y es fundamental extraerlo, plasmarlo y compartirlo.

Se trata del gran salto, el paso del empresario amo a la empresa con su propia entidad. Es un tránsito indispensable para conseguir que la empresa transcienda a su fundador y se expanda más allá de su persona y perdure en el tiempo sobreviviendo al empresario.

Hace unos meses me ocurrió otra anécdota casi cómica, sino fuera por el riesgo implícito para la eficiencia e incluso para la supervivencia de la empresa. Después de dar  una charla en un foro empresarial se acercaron a hablar conmigo los hijos de un empresario local. La hija, mucho más extrovertida y directa (con razón estaba en el área comercial) fue al grano. Me hizo ver que le había interesado mucho algunos comentarios sobre liderazgo que yo había vertido en mi charla, y hablamos sobre ello algo más.


 (…) el paso del empresario amo a la empresa con su propia entidad. Es un tránsito indispensable para conseguir que la empresa transcienda a su fundador y se expanda más allá de su persona y perdure en el tiempo sobreviviendo al empresario.

La cuestión era que estaban convencidos del grave problema que en esta área tenían en la empresa. Con una plantilla altamente desmotivada, incluso quemada y con unos mandos intermedios incapaces y, en algunos casos, despóticos que, según ellos, engañaban a su propio padre. La cuestión es que me concertaron una reunión con el patriarca, otro empresario de raza de los que llevan esculpidos en la cara el esfuerzo de haber levantado de la nada su exitosa compañía.

Y sin duda lo era: setenta millones de facturación y cierta posición de liderazgo en su sector. Sólo entrar en el impresionante despacho me sirvió para hacerme cierta idea de la personalidad de mi interlocutor…la cuestión es, que tras presentarle mis servicios como introducción para abordar el tema del liderazgo de equipos. Al proponerle realizar un taller de liderazgo como prueba para ver de que hablaba, me detuvo y mirándome muy serio a los ojos me dijo mientras se daba una palmada en el pecho: “No es necesario. El liderazgo en mi empresa está muy claro…aquí se hace lo que digo yo y punto”…fin de la conversación.

Vaya por delante que respeto profundamente a todo aquel que decide abandonar su zona de confort, dejar el calorcito de una nómina más o menos segura y embarcarse en su propio proyecto empresarial. Son el motor de nuestra economía y los auténticos generadores de riqueza. Sin su visión, su intuición y su arrojo nada de esto sería posible…pero a estas alturas del partido ya debería estar más que asumido que empresas con facturaciones millonarias y cientos de trabajadores deben transcender a su fundador y no depender de él exclusivamente. Partiendo del propósito personal, ser capaces de formular una visión hacia donde se encamina la empresa o definir cuál es su misión, algo que les permita identificarse y hacer entender a todos los grupos de interés a qué se dedican y, por tanto, a que no. Y trasladar sus valores para que todas las personas de la empresa los compartan y el que no…que no esté! Y no vale tenerlo en la cabeza, hay que plasmarlo y comunicarlo a toda la empresa, es un gran paso en la transformación de toda organización y nadie mejor que el fundador para liderar el cambio y si la segunda generación viene apretando pues más aún.

Hace tiempo un viejo conocido del mundo financiero valenciano me dijo algo como que “las finanzas son el corazón de la empresa y las empresas mueren de infarto de miocardio” algo que comparto al 100%, pero la definición estratégica es el alma de la empresa y las empresas sin alma no perduran.

 Si el lector está de acuerdo o le ha resultado útil estaré encantado de saberlo y si no también. Siempre dispuesto al debate…

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