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Los distribuidores navegan entre las exigencias legales y las de los consumidores

 

Cadena agroalimentaria | Distribuidores

En el punto medio de la cadena se encuentra la distribución, que aboga por un código de buenas prácticas entre productores, fabricantes y distribuidores, mientras, el nuevo consumidor demanda productos más naturales, sin aditivos y respetuosos con el medioambiente

Avanzar en la mejora del funcionamiento y la vertebración de la cadena alimentaria es uno de los retos que se han propuesto desde el Ministerio de Agricultura. Uno de los primeros pasos fue la entrada en vigor, en agosto de 2013, de la Ley para la Mejora del Funcionamiento de la Cadena Alimentaria, una norma que ha marcado un antes y un después en la relación entre el conjunto de las partes que tienen intereses a lo largo de la cadena alimentaria y constituye un hito histórico para el sector agroalimentario ya que, “por primera vez en España se ha procedido a regular las relaciones comerciales entre las empresas que forman parte de la cadena”, tal y como declaró la ministra del ramo, Isabel García Tejerina.

En dicha Ley, –tal y como especifica Juan Luis Durich, director general de Consum–, se impulsa y regula la creación de un código de buenas prácticas que, de forma voluntaria, determine cuáles son las prácticas más adecuadas y las que no, entre productores primarios, fabricantes y distribuidores, código auspiciado por el propio Ministerio y al que Consum se adhirió desde el primer momento. De hecho, “solo hay dos empresas de distribución que lo han suscrito hasta la fecha, y una es Consum”, subraya.

En cuanto a la puesta en marcha de una ley similar por parte de la Unión Europea, Bruselas quiere elaborar un código para vigilar toda la cadena alimentaria europea, desde la producción hasta la distribución. Desde Consum, no lo ven con malos ojos, pero “en la práctica, tendrá poco efecto en España, puesto que ya contamos con una ley nacional que ya recoge, si no todos los aspectos, gran parte de los que se pretenden regular en la norma europea”.

 

Mientras que para Dolores Mejía, directora general de Mercalicante, “dicha ley debería incidir en un mayor apoyo al eslabón débil, de forma que se fomente el tamaño de las explotaciones o asociaciones agrarias y así aumente su peso negociador en la cadena”. En su opinión, “se deben llegar a acuerdos que satisfagan a todas las partes y, mediante la aplicación de las nuevas tecnologías, poder producir en función de la demanda esperada. Se debería mejorar la integración producción/distribuidor para obtener mayores ventajas competitivas y reduccir costes e ineficiencias”.

Mejía también es partidaria de aplicar un sistema de etiquetado claro sobre el origen, medios de producción, valor nutritivo, fechas de caducidad y consumo preferente de los alimentos para facilitar la información al consumidor y reducir el desperdicio, además de reforzar los controles sanitarios y de trazabilidad.

A su juicio, “la UE debe contemplar también el destino de fondos para potenciar la investigación y la innovación en la cadena alimentaria, tanto en la producción como en la orientación hacia la demanda de los consumidores”.

En cuanto a la ley española, Mejía considera que es un instrumento adecuado, “aunque luchar contra las malas prácticas no es suficiente para asegurar un futuro sostenible para nuestro sector agroalimentario. El esfuerzo por tener una visión de cadena compartida debe ir acompañado por los cambios estructurales necesarios, sobre todo, en origen, que permitan mejorar en eficiencia y sostenibilidad”.

Joan Mir, director general de Anecoop, lamenta que en Europa aún no se haya regulado la cadena alimentaria, de ahí los desajustes presentes, por ejemplo, “deberían ser de obligado cumplimiento los contratos agrarios y acabar con la venta a pérdidas”.

Mir hace referencia también al problema de reciprocidad existente en las relaciones comerciales. “En la UE pueden entrar productos de muchos países con los que se negocia un acuerdo global, pero los productores europeos tenemos que ir uno a uno a negociar la entrada en esos otros mercados. Esto va en contra del sector exportador europeo. Además, se permite la entrada de productos que no cumplen con las mismas exigencias de seguridad, laborales y medioambientales que los europeos. Uno de los más perjudiciales es el acuerdo con Sudáfrica, ya que tiene importantes consecuencias negativas para nuestros agricultores”, critica.

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Una cadena agroalimentaria más justa

Mercadona continúa con su labor de seguir reforzando su colaboración con el sector primario español con el que trabajan, de la mano de los fabricantes interproveedores y proveedores especialistas, en el desarrollo de la Cadena Agroalimentaria Sostenible de Mercadona (Caspopdona). Desde que se iniciara este proyecto en 2010, Mercadona ha estrechado vínculos con sectores como el agrícola, el pesquero y el ganadero y actualmente, colabora con 4.800 ganaderos, 8.000 agricultores y 12.000 pescadores.

Las principales estrategias de Caspopdona, –tal y como definen fuentes de Mercadona– son la estabilidad, las relaciones a largo plazo que generen valor en ambas direcciones; la productividad y la eficiencia en la cadena; el diálogo y la unión de conocimientos. “En definitiva, se trata de un proyecto de trabajo conjunto que busca sinergias para ser más competitivos”.

Por su parte, Carrefour apuesta por servir de escaparate a la riqueza de productos regionales y locales de España, entre ellos, más de 180 con Denominación de Origen e Indicación Geográfica Protegida. De hecho, más del 90 % de los productos frescos que se encuentran en los centros Carrefour son de origen nacional. “Esto constituye una de nuestras señas de identidad”, aclaran desde de la compañía. En concreto, Carrefour trabaja con 9.900 empresas españolas de diferentes comunidades autónomas, la mayor parte pymes, a las que en 2016 realizó compras por valor de 7.600 millones de euros.

En Mercalicante, –tal y como describe  su directora, Dolores Mejía–, “entendemos que la sostenibilidad de la cadena agroalimentaria pasa por velar por la transparencia de los precios de comercialización. Por ello, analizamos los precios de los alimentos frescos, garantizando su transparencia, y los hacemos públicos en nuestra web”.

Mejía aclara también que muchos de sus mayoristas “ayudan a conseguir que la cadena agroalimentaria sea más sostenible y justa estableciendo alianzas con los agricultores o asociaciones de estos, de forma que se pueden planificar las campañas de los productos en función de la demanda”.

Otra de las medidas que toman en Mercalicante para ser más sostenibles es la  promoción de la gestión unificada de envases retornables entre los mayoristas de frutas; además de colaborar en la prevención y reducción del desperdicio alimentario.

Asimismo, potencian el consumo de frutas y hortalizas y de los productos de cercanía “participando en distintos programas con centros escolares, consumidores y profesionales”, concreta.

En este sentido, es Mercavalencia la que acoge en sus instalaciones el canal más corto de comercialización de productos agrícolas de proximidad que existe en toda España, la Tira de Contar, una nave de gran tamaño donde el agricultor de la huerta valenciana vende directamente su cosecha para los mercados y verdulerías de la ciudad y donde se comercializan diariamente de 30.000 a 40.000 t de frutas y hortalizas.

Hace cerca de un año, el Ayuntamiento de València y un total once organizaciones, que hoy se conocen bajo el nombre “Vols a València” se mostraron dispuestas a promocionar los productos de proximidad que se venden en este espacio y decidieron hacerlo a través del proyecto Aphorta, una etiqueta que identificará al consumidor sobre la procedencia de estas frutas y verduras. Aphorta (de los conceptos “aportar” y “horta”) está inspirada en el lema de la Tira de Contar: “De la huerta a su puerta”. Esta etiqueta, que se ha hecho realidad este mes de septiembre, también protege al agricultor, ya que será más difícil la venta de productos procedentes de robos en el campo.

Un consumidor más concienciado

El consumidor actual, cada vez más exigente y más informado, se está decantando por nuevos hábitos de alimentación (veganos, vegetarianos, sin gluten…), al tiempo que aumenta su renta; demanda más variedad de producto o nuevas presentaciones; solicita una mayor información en cuanto al origen, seguridad y sanidad alimentaria de los productos adquiridos; se decanta por otras formas de compra (entrega a domicilio, horario de venta más flexibles, compra por internet, tiendas delicatessen…); y está más preocupado por el medioambiente. Todo ello propicia una mayor fragmentación del mercado, pero ¿cómo están respondiendo los distribuidores a estas exigencias?

Ante esta situación, fuentes de Carrefour explican que su principal objetivo es “responder a las necesidades que le plantea el consumidor para atender eficientemente a los nuevos hábitos de consumo”. Un ejemplo de ello, es la apertura en mayo de un supermercado en Madrid dedicado solo a productos procedentes de la ganadería y agricultura ecológica, convirtiéndose en el primero de estas características inaugurado por una empresa de distribución. En él se comercializan las principales marcas especializadas de Bio, y ofrece también los productos de las marcas propias de la cadena, Carrefour Bio, que comenzó su andadura hace ya 15 años, y Ecoplanet.

En esta línea, Juan Luis Durich, director general de Consum, argumenta que ellos escuchan a sus clientes para conocer sus necesidades y adaptar su gama de productos y, al igual que Carrefour, han apostado por los productos ecológicos. De hecho, han multiplicado por seis su oferta en esta línea. “Estas necesidades, –explica Durich–, se detectan a través del contacto directo con los clientes que nos permite conocerles y entender cómo evolucionan sus necesidades: una información primordial a la hora de elegir nuevas incorporaciones y desarrollos, como es el caso del crecimiento de productos ecológicos en nuestros lineales”. En Consum cuentan actualmente con un total 95 referencias de este tipo de alimentos y empezaron a ofrecerlos en sus lineales a finales de 2016, duplicando su presencia en el primer semestre del año.

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Además, –avanza Durich“para cubrir la demanda de nuestros clientes más digitales, en 2016 lanzamos nuestra tienda online, que da servicio a más 30 municipios situados alrededor del área metropolitana de Valencia y Alicante”. La tienda online –que permite planificar tanto el día como la hora de entrega– dispone de más de 9.000 referencias, entre productos frescos al corte y en bandeja e integra el programa de fidelidad Mundo Consum.

Por lo que respecta a la información “en Consum llevamos más de 20 años dando más información de la legalmente exigida en nuestros productos de marca propia, como parte de nuestra política de RSE”, puntualiza Durich. En Consum destinan anualmente una parte de sus beneficios para la formación e información del consumidor.

Por su parte, Mercadona también ha notado un cambio de tendencia en el consumidor “que demanda productos más naturales y sin aditivos”. Por ello, ha ido ampliando las referencias de productos más naturales, respetando -siempre que sea posible- que sean además de proximidad. “La estrategia, –apuntan desde Mercadona, está en satisfacer la demanda de los clientes de estos productos, conocidos popularmente como “superalimentos” por sus propiedades beneficiosas para el organismo como pueden ser el kale, los crackers de espelta, la quinoa, las semillas de chía, el edamame, el ajo negro o el té matcha, entre otros”.

Otra de las medidas en las que está inmersa actualmente Mercadona “con el fin de mejorar la experiencia de compra” de los clientes es la puesta en marcha de un nuevo modelo de tienda eficiente. Con este concepto de establecimiento se mejora la distribución, la decoración, la ecoeficiencia y el emplazamiento de las secciones “con el fin de ofrecer a los clientes un espacio más amplio, confortable y una mejor disposición del surtido”. “Esta renovación implica también dotar a la tienda de una serie de dispositivos electrónicos que permiten la interacción en tiempo real desde cualquier lugar de la tienda y la máxima optimización de los procesos”, apuntan.

 

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