Aido mejora la productividad con desarrollos antes impensables gracias a la óptica y fotónica aplicadas

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Izq. a dcha. Emilio Pérez y Santiago Simón

La ONU proclamó 2015 como el Año Internacional de la Luz y las Tecnologías basadas en la Luz, con el objetivo de dar a conocer la importancia de las mismas en áreas tan importantes como la energía, la educación, la salud, la comunicación, etc.

El Instituto Tecnológico Aido, miembro de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana (Redit), como el único centro privado en España que se dedica exclusivamente a la óptica y a la fotónica desde el punto de vista de su aplicación industrial, juega un papel fundamental en este sentido. De hecho, lidera la plataforma tecnológica española Fotónica 21 como espejo de la plataforma europea Photonics 21, de la que forma parte de su órgano gestor.

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Santiago Simón, secretario de Fotónica 21 y director de I+D+i de Aido explica cómo la fotónica “entendida como la ciencia del aprovechamiento de la luz en cualquiera de sus fórmulas, está habilitando el 10 % de los trabajos en toda Europa, con más de 5.000 empresas implicadas y con una contribución al PIB importantísima, de ahí que la CE, la haya definido como una de las cinco tecnologías claves a desarrollar en el futuro”, comenta.

Sin ser un producto final, la fotónica habilita y facilita la aparición de multitud de innovaciones: “muchos de los productos que utilizamos todos los días llevan uno o varios componentes fotónicos: los sistemas de iluminación, los smartphone, la transmisión por fibra óptica, los sensores que incorpora el automóvil, los sistemas de imagen que nos permiten diagnosticar precozmente tumores o los sistemas de microscopia que nos permiten determinar si una célula es cancerosa…”, enumera Simón.

“Gracias a combinar la fotónica con otras tecnologías y a establecer sinergias, las posibilidades de innovar se expanden, y es que las cosas se pueden hacer de otra manera aplicando fotónica: la revolución de los láser ultrarrápidos, la fabricación aditiva y microfabricación, los sistemas de iluminación led, los procesos láser que están permitiendo eliminar procesos químicos contaminantes de las empresas, o cualquier diagnóstico médico por la imagen”, añade.

Pero, ¿cómo responde el mercado y nuestras empresas? A modo coloquial, el director de Aido, Emilio Pérez, explica que en estos momentos, el mercado “está por barrios. Las empresas más punteras, más tecnológicas y más grandes, que necesitan una mayor evolución en sus procesos, están incorporando tecnologías fotónicas que permitan dar soluciones más allá de los planteamientos clásicos. Si bien, la industria más tradicional o de menor tamaño, empieza inicialmente a percibir las posibilidades que ofrece el desarrollo de aplicaciones ópticas y fotónicas. No obstante, todo es una evolución y en la medida que sean conscientes de sus bondades, aumentará la demanda”, confía.

Desarrollos impensables

En este sentido, Santiago Simón concreta cómo la fotónica permite “llevar a los procesos y productos más allá de lo que hasta ahora ‘podían ser’, implementar nuevos desarrollos que antes eran impensables,… Gracias a la fotónica una empresa o un producto hoy puede ser mucho más preciso, mucho más rápido, mucho más pequeño, mucho más sofisticado, mucho más limpio,…”. Por ello cree que, “si bien, lanzar un smartphone nuevo está solo al alcance de unos pocos, dotar de determinada aplicación a un producto o a una línea productiva, que permita a la compañía ir un paso por delante de la competencia, está al alcance de muchas industrias”.

El director de I+D+i de Aido pone como ejemplo los sistemas de inspección para mejorar el control de calidad, mediante la sustitución de un control visual humano por un control por tratamiento de imagen o visión artificial, “están instalados en decenas de industrias cuando requieren sustituir el control humano por sistemas más robustos o necesitan detectar o medir parámetros invisibles al ojo humano por ser muy pequeños, muy veloces, por contener múltiples objetos, etc.”.

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“Desde Aido trabajamos mucho con integradores en los cuales nuestro componente es una parte más o menos esencial de una aplicación que soluciona un problema y sale al mercado, pero también aportamos soluciones a problemas complejos de visión, y si es necesario, como ya ha ocurrido, diseñamos componentes específicos, como fuentes láser para cumplir determinados requerimientos de proceso en nuestros clientes”, añade Pérez.

Aido también es un “socio de excelencia” en la puesta en marcha de nuevos desarrollos. Así, presta su asesoramiento, apoyo y know how a distintos sectores, entre ellos, al sector de la iluminación : “Si este sector quiere lanzar una nueva línea de iluminación exterior que cumpla con toda la normativa de contaminación lumínica, nosotros como centro acreditado, podemos asesorarles sobre qué tipo de luz necesita, cómo condiciona el diseño de la luminaria, etc.”.

Desde hace unos años, Aido ha identificado sus nichos de conocimiento específico en el desarrollo de aplicaciones ópticas y fotónicas que mejoran la productividad de las empresas –concretamente en tecnologías de Análisis Hiperespectral, Impresión Avanzada y Recubrimientos, Ingeniería Óptica, Fabricación Láser, Metrología Óptica, Visión Artificial, Óptica Oftálmica, Sensores y TIC Media– para poderlos aplicar al mayor número de sectores posibles, por lo que  “el abanico de aplicaciones que se nos abre es inmenso”, reconoce Emilio Pérez.

Como ejemplo menciona el sector agroalimentario “que, a priori no estaba contemplando, ni utilizando este tipo de tecnologías, pero que ahora está viendo las ventajas que aportan, entre otros aspectos para el análisis del producto, mediante tecnologías de espectroscopía o imagen hiperespectral que permiten obtener información que de otro modo no estaba disponible o se valoraba subjetivamente”, indica. Otros sectores que están confiando en los desarrollos de la óptica y la fotónica aplicada a la cuantificación de los resultados son también el farmacéutico y el cosmético.

Imagen hiperespectral

De hecho, los responsables de Aido, consideran que una de las líneas que va a “explotar” en los próximos años es la imagen hiperespectral. “Los componentes que la hacen necesaria son cada vez más accesibles para que las aplicaciones sean rentables para la industria”, confirman.

En esta línea de conocimiento, el centro tecnológico, integrado en Redit, admite tener un posicionamiento “muy bueno”, “por nuestro conocimiento en la óptica básica, por nuestros más de 20 años en soluciones reales industriales de visión artificial y por nuestro conocimiento en otros campos tan dispares como es la espectrometría”, asegura Simón.

El director de I+D+i de Aido aclara que la imagen hiperespectral permite determinar la composición de los objetos que están en una imagen o discriminar entre objetos de composiciones distintas, “es como meter la química dentro de una imagen”. A modo de ejemplo, indica que en una planta de reciclaje, ante multitud de tapones –todos negros–, solo con la imagen, sin tener que analizarlos, podemos ser capaces de determinar la composición química de los mismos y separarlos. “La teoría era muy conocida pero los componentes no estaban al alcance para hacer una aplicación industrial robusta y efectiva en costes, en estos momentos este paso está cerca, y nosotros estamos trabajando con multinacionales –tanto españolas como internacionales– del sector agroalimentario y del médico, para lograr aplicaciones reales en imagen hiperespectral orientadas a líneas de fabricación”, resume Simón.

2015-mayo-Redit-Aido-Santiago-Simon“Debido a que cada vez se trabaja con sistemas de gran complejidad (control de procesos a gran velocidad, en entornos muy agresivos, con detalles muy finos,…) la visión artificial convencional va perdiendo peso para evolucionar a este tipo de tecnologías con las que aunamos muchas más patas del conocimiento, desde el diseño óptico hasta la sensórica, los sistemas de imagen, el software, la clasificación estadística o el conocimiento en química de recubrimientos, el resultado: aplicaciones de imagen hiperespectral, mucho más complejas, que requieren un conocimiento muy especializado, por lo que no están al alcance de gran parte de las ingenierías”, entiende el experto de Aido en I+D+i.

Y es que estar lo más próximos posible tanto al conocimiento como a la empresa, es la clave del centro tecnológico. En este sentido, Emilio Pérez explica el modelo: “Lo primero que necesitamos es captar conocimientos para posteriormente trasladarlos a las empresas a base de realizar proyectos y prestar asesoramiento y tecnología”.

Para nutrirse de conocimiento, el centro tecnológico lleva a cabo proyectos propios, subvencionados en convocatorias europeas, nacionales y regionales a los que acude en concurrencia competitiva. “Una vez generado el conocimiento, al cabo de dos-tres años de maduración y desarrollo, obtendremos planteamientos que den soluciones a los posibles problemas de las empresas, de ahí que también debamos estar en contacto permanente con las empresas para saber cuáles son y serán sus principales problemas y dificultades, para orientar el conocimiento a una previsible demanda”. En este sentido, Aido asegura mantener un equilibrio entre ingresos por facturación a las empresas y financiación pública.

Pérez entiende que las sinergias entre centros tecnológicos y el tamaño “tienen su importancia. Por ello, iniciamos un proceso de fusión con ITI e ITE, pero la iniciativa no fructificó”. En este sentido, admite que “estamos abiertos a todo” y estudiarán la mejor fórmula para mantener sus capacidades y posicionamiento.

Respecto a la política industrial, Pérez reclama un mayor apoyo económico a las líneas de I+D+i, especialmente a la investigación aplicada, ya que España adolece de una línea de I+D aplicada –que el Estado deja en manos de cada autonomía–, mientras sí dispone de líneas de apoyo a la investigación básica. “En el ámbito autonómico, hay dos aspectos. Por un lado, el apoyo a los propios institutos que, aunque en los últimos años ha descendido bastante el presupuesto, no nos podemos quejar si miramos la serie histórica, pero sería bueno volver a aumentarlo cuanto antes; pero por otro lado, está el apoyo a las empresas, que este sí ha desaparecido. Nuestras empresas –continúa– están acostumbradas a hacer I+D+i apoyándose en incentivos y subvenciones a fondo perdido, de lo contrario la demanda cae considerablemente”.

Contratar de nuevo

Preguntado sobre qué cantidad podría ser la óptima para incentivar la demanda, el director de Aido cree que debe depender de la enjundia del proyecto.“No es lo mismo apoyar un proyecto que supone cierta innovación, donde a lo mejor con un 20 % a fondo perdido es suficiente, que un proyecto de gran envergadura, donde hay mucho más riesgo y hay que evaluar la apuesta de la empresa, con lo que la ayuda podría alcanzar el 50 %. El apoyo debería estar vinculado al tipo de proyecto, igual que se evalúan los proyectos europeos, no ofrecer café para todos”, resume.

No obstante, Emilio Pérez admite que se “empieza a notar cierta alegría, algo más de interés” por contratar proyectos de I+D+i. Los sectores que mejor funcionan son los que tienen que ver con el consumo y la salud (agroalimentario, farmacéutico, químico, cosmético, médico…). “Los primeros en tirar de la demanda son las empresas de mayor tamaño, las que cuentan con más riñón y liquidez, porque si no encuentran líneas de apoyo, pero el proyecto entra dentro de sus posibilidades y estudio económico, apuestan por el contrato directo, pagan por los servicios o el desarrollo”, añade Santiago Simón. “El empresario –recalca– sabe que tiene que innovar, sacar producto nuevo y ser competitivo, pero tienen que darse las circunstancias para ello”. Pérez considera que su sesgo exportador “da pie a ver cómo se están haciendo las cosas fuera”, lo que puede servir como “acicate o estímulo” para plantearse de nuevo proyectos de I+D.

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