Economía social e inversiones socialmente responsables

Francisco Álvarez

Francisco Álvarez

Presidente ejecutivo de Ética Family Office

Respetado lector, se puede constatar que, últimamente, los medios de comunicación se ocupan cada vez más de la llamada “economía social” y de las inversiones “socialmente responsables”. Por ello, me parece oportuno dedicar unas líneas a estos importantes temas.

Las inversiones financieras relacionadas con aspectos éticos, sociales o medioambientales tienen una historia que empezó con los cuáqueros en EEUU allá por el siglo XIX, una secta religiosa que tomó la decisión de no invertir en empresas que tuviesen relación con el tabaco, con el alcohol y con las armas.

El tema de las inversiones llamadas “éticas” volvió a surgir con fuerza durante la guerra del Vietnam, y aún con más fuerza cuando en EEUU se hizo una campaña para que los estadounidenses no invirtiesen sus ahorros en empresas que colaborasen con el apartheid en África del Sur.

En la década de los 70 se empezó a concretar en Francia lo que hoy llamamos “economía social”, concreción que fue completada por el Consejo Walon en Bélgica unos años después. La Unión Europea (UE) creó también el Comité Económico y Social, y en España tenemos una ley de Economía Social, que fue promulgada en el 2011.

Informe Ciriec

Para tener una idea de la situación en la que nos encontramos con respecto a la economía social, aconsejo la lectura del interesante informe recientemente publicado por Ciriec, organismo europeo encargado de verificar que se respetan los fundamentos y la correcta aplicación de los principios que sustentan la economía social y sus derivados, como son la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

El informe del Ciriec demuestra que no se respetan totalmente los principios básicos de la economía social, por lo que podríamos colegir que la práctica está aún muy lejos de los fundamentos.

Aunque el ejercicio de simplificar es a veces peligroso, creo que podemos afirmar que la economía social se caracteriza por la aplicación de los principios siguientes: primacía de las personas, servicio social antes que lucro, autogestión empresarial, solidaridad, justicia distributiva, decisiones democráticas en las empresas, respeto de la dignidad humana, responsabilidad claramente definida, transparencia, cooperación empresarial, y respeto del medio ambiente.

Creo que merece la pena volver a leer los principios anteriores. ¿Por qué digo esto? Porque la repetición permite comprobar que estos principios chocan frontalmente con muchas de las prácticas y de los principios del modelo económico vigente, por lo que es normal que el informe Ciriec haya concluido que, en general, la economía social no se aplica en Europa. Y que lo de la RSC o la RSE lo aplican verdaderamente muy pocas empresas.

Inversiones socialmente responsables

Dicho esto, los principios de la economía social son el decorado en el que se ha desarrollado últimamente todo lo que concierne las ISR; es decir, las inversiones socialmente responsables. Sobre todo a partir del momento en el que la ONU publicó una especie de decálogo que caracteriza a las ISR. Y es así como se han creado muchos fondos de inversión que llevan el adjetivo “ético”, “solidario” o “socialmente responsable”; adjetivos bonitos, que muchas veces son utilizados únicamente para aparentar.

Se puede verificar esta afirmación haciendo un examen de los fondos de inversión llamados “éticos” o “socialmente responsables”, tomando como referencia el decálogo de la ONU antes citado, o los principios, muy similares, elaborados por la Ocde o por Unicef.

Si dichos principios se aplicasen estrictamente, una gran mayoría de estos fondos no deberían llamarse “éticos”, “solidarios” o “socialmente responsables”. Hay que saber también que existe una enorme confusión, porque muchos fondos se apoyan en lo que caracteriza la responsabilidad social corporativa o empresarial, pero sólo en algunos de sus aspectos; no en todos.

Además, un fondo puede, quizás, respetar inicialmente todos los principios, pero ¿qué organismo se encarga de hacer regularmente una auditoría que permita verificar que dicho fondo sigue respetando los principios?

Animo a los interesados a que accedan por internet a la información que existe sobre los índices que incluyen a las empresas que utilizan la sigla ISR, y podrán verificar que cada índice tiene sus particularidades.

Estos índices fueron creados a finales del siglo pasado y principio de este. Los más conocidos son el Calbert Social Index y el Domini 400 Social Index, pero también existen el Dow Jones Sustainability Group Index y el FTSE 4 Good. Y hasta un índice recientemente creado e China, que se llama Taida Environmental y que incluye únicamente a las empresas chinas que respetan el medio ambiente, aunque dichas empresas traten a sus empleados a zapatazos. Muchas de las empresas que forman parte de estos índices son generadoras de malestar, no de bienestar social.

Marco regulatorio

Para terminar me parece oportuno trascribir dos comentarios extraídos de una circular de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (Cnmv): “La denominación ‘ética’ de algunos fondos no significa que los demás fondos no se gestionen aplicando principios éticos. Lo importante es que en el folleto se describan los principios sobre los cuales se va a realizar la gestión y que se respeten dichos principios”.

En segundo lugar, “cada inversor tiene su propio concepto de la ética, de la ecología y de la responsabilidad social, por lo que se entiende que cada institución de inversión colectiva que utilice la denominación ‘ética’, ‘ecológica’ o ‘responsabilidad social’ puede tener su propio ideario ético, ecológico o de responsabilidad social, que será diferente del resto de las instituciones de inversión colectiva”.

Pues eso: que cada cual haga lo que quiera, pero eso sí, describiéndolo en un folleto…

Creo que la economía social, y las inversiones socialmente responsables, se merecen un marco regulatorio y de supervisión mucho más concreto que el actual.

Los que defendemos la razón de ser de estos temas, debemos trabajar para que, en particular, existan inversiones verdaderamente éticas, inversiones socialmente responsables de verdad -que existen-, aunque sean pocas por el momento.

Tiene que haber más y ello depende de nosotros, verificando que los productos financieros que nos venden respetan en su totalidad los principios éticos, solidarios y de responsabilidad social que, desgraciadamente, según el Ciriec, no se respetan.

www.eticafamilyoffice.com

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