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El auge de Trump y la Doctrina «Donroe»: el poder primero, el caos después

De Groenlandia a Venezuela, pasando por Irán y la frontera mexicana, la nueva estrategia de Trump redefine la coerción global y multiplica los riesgos geopolíticos y económicos.

El auge de Trump y la Doctrina «Donroe»: el poder primero, el caos después
Publicado a 09/02/2026 18:23 | Actualizado a 10/02/2026 9:52

Si la Doctrina Monroe fue el enunciado fundacional del concepto de un «hemisferio como patio trasero estadounidense» (y, con el tiempo, como perímetro de seguridad), los últimos movimientos de la Administración Trump sugieren que asistimos a una mutación «dospuntocero» del principio: la Doctrina Donroe. Pese al caos generado, el movimiento no es tan solo un giro retórico, sino que trata de configurar una arquitectura de presión simultánea —comercial, militar, diplomática y doméstica— que reordena prioridades con una lógica simple: tratar de lograr una soberanía estadounidense sin coste político interno y con un margen de maniobra externo a golpe de hecho consumado.

Las señales son coherentes y, por eso, inquietantes. Las últimas semanas se han visto granadas por diferentes escaladas y «pausas» calculadas en Europa —a cuenta del control de Groenlandia—; una intervención sin precedentes en Venezuela que culminó en el secuestro de Nicolás Maduro; movimientos que apuntan a un posible salto de fase en Irán; y una rejerarquización explícita de la defensa que vuelve a colocar el hemisferio occidental y el Indo-Pacífico por delante del «teatro europeo». Son muchos los focos que atender a nivel internacional, pero, en paralelo, cree la tensión interna en los Estados Unidos alimentada por el ciclo de redadas de la política antinmigración del Gobierno.

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En términos de método, la nueva doctrina Donroe funciona como una política de «tensión productiva». Trump busca llevar cada tablero al borde del coste inasumible —a priori, para el otro — y después ofrecer un carril de salida que parezca negociación, pero que en realidad consolide una ganancia de posición. El problema para el resto —incluida la economía global— es que este tipo de estrategia escala muy bien… hasta que deja de hacerlo. Y entonces todo salta por los aires.

Escenario 1 — Groenlandia: el Ártico como ultimátum a Europa

Groenlandia ha pasado de idea recurrente a motor de un cambio metido con calzador. La Administración Trump ha encuadrado el control (o la tutela efectiva) de la isla como un asunto de seguridad nacional frente a Rusia y China, tensando el vínculo transatlántico y forzando a Europa a medir hasta dónde llega su capacidad de resistencia. El Gobierno danés, aliados estratégico estadounidense, se veía forzado a acudir a la mesa de negociación para rebajar tensión con los EE.UU.tras semanas de fricción dialéctica.

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Pero la escalada no ha sido solo retórica, se han utilizado amenazas arancelarias como mecanismo de coerción política, vinculando explícitamente un acuerdo con Groenlandia a condiciones comerciales, según el briefing de la House of Commons Library. En el Foro de Davos, la Administración moduló el tono y habló de «marco» para avanzar, mientras se congelaban temporalmente los aranceles anunciados, en una secuencia que encaja con el patrón Donroe: tensionar–pausar–institucionalizar.

En las páginas de Economía 3 lo contábamos, enmarcándolo en la siguiente fotografía: para Washington, Groenlandia se integra «de facto» en el perímetro de seguridad estadounidense, incluso a costa de incomodar a socios europeos. La clave, sin embargo, estriba en que lo ocurrido en Groenlandia no es una excentricidad, sino un mensaje. Un ensayo general sobre cómo se renegocia el equilibrio OTAN–UE cuando el ancla americana decide que «aliance» se traduce como «vasallaje».

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En el horizonte, el riesgo de escalada del conflicto es medio. No porque sea improbable una anexión formal, sino porque es plausible la consolidación de una tutela funcional. Por el momento, se han llegado acuerdos ampliados de presencia, infraestructura, «seguridad» y control logístico que, sin cambiar soberanías sobre el papel, cambien la realidad. El daño, sin embargo, está hecho.

Escenario 2 — Venezuela: la captura de Maduro y el «corolario» hemisférico

La captura de Nicolás Maduro —y su esposa— en una operación militar estadounidense en Caracas abre un capítulo de altísimo voltaje diplomático y jurídico. La House of Commons Library subraya la incertidumbre sobre el grado de implicación posterior de EE.UU. en la política interna venezolana. El Center for Strategic and International Studies (CSIS) lo califica, sin rodeos, como un acontecimiento extraordinario y plantea el dilema inmediato: transición, gobernanza y estabilidad.

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A nivel interno, la prensa norteamericana vincula el movimiento a una narrativa deliberada de regreso al hemisferio, señalando que la Casa Blanca ha acuñado un marco propio como actualización del impulso monroísta. Agencias como Reuters ya anticipaba en diciembre que la Estrategia de Seguridad norteamericana revivía ese enfoque y endurecía el mensaje hacia Europa, reordenando prioridades hacia el hemisferio y el Indo-Pacífico.

Desde este punto de vista, Venezuela opera como demostración de capacidad y voluntad: si el hemisferio vuelve a ser «zona de interés vital», el listón de la intervención se rebaja. Eso sí, deberán cumplirse para ello tres condiciones que parten de lograr una legitimación interna vía seguridad, drogas o «orden». Por otra parte, deberían lograr una ventana operativa y un premio estratégico tangible (ya sea en materia de energía, migración o disuasión regional).

La lectura más sólida es que la Administración ha querido probar que la coerción no es solo comercial. Y eso reconfigura de inmediato la percepción de riesgo en toda América Latina, incluido México, que ya ha expresado preocupación ante la retórica de intervención y despliegues.

En los meses que están por venir, el riesgo de escalada es alto. No tanto por el estallido de un conflicto clásico, sino por la desestabilización regional y las posibles reacciones en cadena. De materializarse, sentaría un precedente que otros actores interpretarán como licencia para sus propias «operaciones especiales».

Escenario 3 — Irán: de la disuasión a la tentación del «cambio de régimen»

Si analizamos las perspectivas en Irán, es importante señalar que todo puede cambiar de un día a otro, pero por el momento existen indicios que apuntan a que la situación puede saltar de coerción controlada a incendio regional. Trump ha anunciado públicamente que está valorando opciones que incluyen ataques selectivos para «inspirar» protestas y crear condiciones para un cambio político. El debate no es nuevo, pero el contexto sí: se dan las condiciones de represión interna, presión de aliados regionales y una fatiga diplomática del régimen iraní.

El think tank estadounidense Atlantic Council ponía sobre la mesa un dilema clave: si el objetivo se desplaza hacia el maximalismo —un cambio de régimen, por ejemplo—, los riesgos de escalada aumentan y la eficacia de las medidas se vuelve menos predecible; la prudencia dictaría que lo aconsejable es mantener unas demandas más acotadas y combinar las sanciones con disuasión sin precipitar acción directa.

La doctrina Donroe aquí se enfrenta a su mayor contradicción: proyectar fuerza puede generar obediencia en escenarios de asimetría; en Oriente Medio, esa fuerza tiende a crear multiplicación de frentes. Algo que los EE.UU. han vivido ya en conflictos como el del vecino Iraq o Afganistán.

El riesgo de conflicto, por tanto, es alto. No porque la intervención sea segura, sino porque la mera preparación (o percepción de preparación) puede activar respuestas defensivas.

Escenario 4 — China: el rival sistémico que ordena el tablero… sin aparecer en el titular

China es el «elefante silencioso en la habitación» del último mes. No siempre protagoniza el ruido, pero está en el trasfondo de los movimientos en Groenlandia, de la rejerarquización de defensa y de la presión industrial. El CSIS subraya que la nueva Estrategia de Defensa mantiene la disuasión sobre China en el Indo-Pacífico como un vector crítico.

Sin embargo, China es un rival formidable, por lo que el patrón Donroe con Pekín suele ser distinto, más transaccional, menos teatral. No es casual, el coste de escalada real es mayor y el rival tiene una capacidad simétrica (comercial, tecnológica, militar). Cuando Trump retrocede o modula es, a menudo, porque enfrente hay un actor capaz de devolver daño económico. Esa lógica, aplicada a Europa, tiene una lectura incómoda: la UE solo es «rival» cuando actúa como bloque. Por el momento, no somos peligrosos, aunque sí molestos.

El gran peligro no es un choque inmediato, sino la acumulación de decisiones tácticas que empujan a un desacople más brusco (en aspectos como la tecnología, semiconductores o la inversión) con efectos duraderos. Y, mientras tanto, en Taiwán afilan los sables. Por si se diera el caso.

Escenario 5 — México y el perímetro fronterizo: la coerción como diplomacia rutinaria

El hemisferio occidental, en la mentalidad Donroe, va más allá de Caracas. La presión sobre México —con una creciente retórica de despliegue, lucha contra los cárteles y el endurecimiento de la politica fronteriza— funciona a su vez como política exterior y doméstica. Cada movimiento al sur puede justificarse como seguridad interna al norte.

La Texas Public Radio recogía que responsables mexicanos interpretan un patrón insistente de Trump al plantear opciones militares en conversaciones bilaterales. Lo cual se traduce en implicaciones directas para las empresas, que ven peligrar sus cadenas de suministro, energéticas y logísticas. Para Trump el comercio no es un marco; es un arma.

Escenario doméstico — ICE: la fractura interna como segundo frente

Es precisamente en este punto donde los planes de Trump podrían irse al traste. También es este un aspecto que muchas lecturas geopolíticas subestiman. Y es que no hay doctrina exterior sostenible si el interior se desestabiliza. Y el último mes ha sido la demostración de la inestabilidad interna que atraviesan los Estados Unidos, esta vez a cuenta de su política migratoria y las operaciones que el ICE —siglas en inglés de Servicio de Inmigración y Control de Aduanas— está llevando a cabo.

En todas las cabeceras mundiales se han reportado las últimas semanas los choques diarios entre manifestantes y agentes, con episodios de violencia que se traducen por el momento en dos muertes de ciudadanos estadounidenses a manos de las fuerzas antinmigración. Por el momento, y pese a los intentos de la Administración por evitar «inflamar» la situación, los sables continúan en alto.

En clave Donroe, las acciones del Gobierno estadounidense en materia doméstica han de leerse más allá de la ejecución de una política migratoria: supone una señalización de poder. Y esta estrategia tiene un coste que se traduce en desconfianza, multiplicación de frentes y tensión de las relaciones entre estados. A su vez, abre la puerta a un conflicto político que puede tomar forma de disturbios sostenidos o de crisis constitucional por determinadas competencias. Dependerá de que se produzca una repetición en la que cada incidente alimenta el siguiente.

No estamos en disposición todavía de sacar conclusiones. Quedan aún muchas piezas por moverse. Tras el ruido, los nubarrones dibujan una imagen de declive relativo y de la necesidad estadounidense de reafirmar su poder y voluntad de hacerlo valer rápido.

El problema es que, en un mundo interdependiente, la política del hecho consumado ya no se detiene en las fronteras del Estado ni en los márgenes de la diplomacia clásica. Sus efectos regresan amplificados en forma de volatilidad económica, inseguridad estratégica y conflicto social. La pregunta, por tanto, no es si la doctrina Donroe funciona a corto plazo —porque, en muchos casos, lo hace—, sino cuánto tiempo puede sostenerse antes de que el coste acumulado, dentro y fuera de Estados Unidos, haga saltar por los aires el delicado equilibrio que dice querer proteger. Alea iacta est.

Firma
Fotografía de Borja RamírezBorja RamírezGraduado en Periodismo por la Universidad de Valencia, está especializado en actualidad internacional y análisis geopolítico por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en las ediciones web de cabeceras como Eldiario.es o El País. Desde junio de 2022 es redactor en la edición digital de Economía 3, donde compagina el análisis económico e internacional.
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