Cristina Cuadrado, Fundación Pequeño Deseo: "Cada deseo existe gracias a una donación"
La directora general explica cómo los deseos se convierten en una palanca emocional con impacto terapéutico real en niños gravemente enfermos y en sus familias
Cristina Cuadrado, directora general de la Fundación Pequeño Deseo
Cumplir un deseo no es un gesto simbólico: es una herramienta emocional capaz de cambiar la actitud de un niño frente a la enfermedad. Desde hace 25 años, la Fundación Pequeño Deseo trabaja junto a hospitales, familias y empresas para devolver ilusión, fuerza y esperanza a niños y adolescentes con enfermedades graves. Al frente de la organización, su directora general, Cristina Cuadrado, defiende que la ilusión también forma parte del cuidado y que cada deseo cumplido tiene un impacto real en la salud emocional del menor.
– ¿Cómo nació la Fundación Pequeño Deseo y cuál fue la motivación que dio pie a su creación en el año 2000?
La Fundación Pequeño Deseo nació desde una idea profundamente humana: cuando un niño gravemente enfermo recupera la ilusión, recupera también fuerza para seguir luchando. Un deseo no es un premio, sino una herramienta emocional capaz de cambiar la actitud del menor frente a la enfermedad.
Nuestro fundador, Iñaki Orive, que trabaja a nivel privado en el sector de las series infantiles, había hecho voluntariado en EE.UU. en varias organizaciones que tenían este cometido, y vino tan impresionado de la labor que quiso replicarlo en España. Buscó socios y colaboradores y construyó un patronato con gente especializada en el tercer sector, como el Padre Ángel, que se implicó desde el minuto uno, que le ayudó a tener la visión de una ONG; al entonces defensor del Menor, Javier Urra, como psicólogo; a la parte médica con el pediatra Alfonso Delgado Rubio, por aquel entonces, presidente de la Asociación Española de Pediatría.

– La misión de la Fundación es cumplir los deseos de niños y adolescentes con enfermedades graves. ¿Cómo describiría el impacto emocional y terapéutico de estos deseos cumplidos en los menores y sus familias?
Desde hace 25 años trabajamos con esa misma convicción: la ilusión también forma parte del cuidado.
Cuando cumplimos un deseo ocurre algo que trasciende lo simbólico. El niño deja de sentirse definido por su enfermedad y vuelve a conectar con quién es, con lo que sueña, con lo que le hace feliz. Ese cambio emocional tiene consecuencias reales: mejora su estado anímico, aumenta su motivación, refuerza su capacidad de afrontamiento, reduce miedo y ansiedad y genera energía emocional para continuar tratamientos.
Para las familias supone un punto de luz que les devuelve esperanza en momentos extremadamente duros.
El deseo actúa como una palanca emocional con impacto directo en la salud.
«Creamos momentos que marcan un antes y un después»
– ¿Qué criterios y procesos internos siguen para seleccionar y diseñar cada deseo, desde su propuesta hasta su ejecución final?
Cada niño es único y su deseo también. Escuchamos con atención qué le emociona de verdad y construimos una experiencia totalmente personalizada, siempre coordinada con el hospital y adaptada a su situación. No entregamos regalos. Creamos momentos que marcan un antes y un después y a veces tardamos meses en construir esos deseos hasta que los hacemos realidad.
Una vez que nos avisa el hospital, contactamos con la familia y pedimos permiso a los padres que nos sirven de cómplices; entrevistamos de manera anónima a los pequeños y les invitamos a soñar, cuando creemos que ya tenemos identificado su sueño, nos ponemos manos a la obra con el deseo y arrancamos la maquinaria hasta encontrar el momento adecuado para realizarlo.
– La Fundación trabaja en más de 35 hospitales en toda España. ¿Cuáles son las claves para construir y mantener estas alianzas con los centros hospitalarios? ¿Cómo se llevan a cabo?
Los niños y adolescentes enfermos llegan siempre a través de los equipos médicos. Son ellos quienes identifican a los menores que necesitan ese impulso emocional y confían en nosotros como parte del acompañamiento integral. Nuestra presencia está completamente integrada en el entorno hospitalario. Siempre nos adaptamos a la situación médica. De hecho, somos un complemento y son los médicos los que nos dan el feedback del resultado, comprobando, una vez que han vivido los niños o adolescentes el deseo, su cambio de actitud, afrontando la enfermedad y los tratamientos con otra energía. La parte terapéutica y emocional cada vez son más importantes de cuidar, se busca en todo momento el bienestar del menor.
«El impacto es inmediato, tangible y humano»
– ¿Qué papel juegan los donantes, socios y colaboradores (particulares y empresas) en la sostenibilidad de su modelo de acción social?
Cada deseo existe gracias a una donación. Sin ese apoyo económico no hay posibilidad de hacerlo realidad.
Y aquí está el verdadero retorno para quien colabora: su aportación se transforma en bienestar emocional para un niño gravemente enfermo. La empresa no solo financia una acción solidaria; está contribuyendo directamente a mejorar la actitud, la fortaleza mental y la calidad de vida de ese menor.
El impacto no es abstracto. Es inmediato, tangible y profundamente humano.
500 deseos anuales
– ¿Qué retos enfrenta la Fundación en estos momentos para ampliar su alcance o mejorar sus programas?
Nuestro gran reto es poder llegar cada año a más niños. El objetivo de la Fundación es alcanzar los 500 deseos anuales, incluso más, y para ello necesitamos mayor implicación empresarial; recursos económicos estables, procedentes de los socios con sus cuotas mensuales; y ampliación de la red de voluntariado especializado.
Cada nuevo colaborador significa un niño más al que podemos regalarle fuerza.
– ¿Podría compartir alguna historia que ilustre cómo un deseo cumplido ha marcado una diferencia en la vida de un niño o adolescente?
Alberto Palacio, con un sarcoma, cumplió hace diez años el sueño de conocer a su ídolo, un periodista deportivo. Le llevamos a la radio a conocer a Manolo Lama. Años después superó su enfermedad, se hizo periodista y compartió estudio con su ídolo. Se cerró el círculo.
– Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los principales objetivos estratégicos de la Fundación Pequeño Deseo para los próximos cinco años?
Tras haber cumplido más de 7.600 deseos en nuestra historia, queremos poder llegar a muchos más, creando una red sólida de voluntarios y buscando la sostenibilidad financiera.
Nuestro compromiso es claro: convertir cada donación en esperanza real.
Gemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.













