Cambio de estrategias de inversión en los family offices
Santiago de Taranco, CEO y fundador en Alberta Norweg
Finalizado un 2025 que ha sido muy positivo para las bolsas –aunque no por ello sencillo– el año 2026 se presenta como un ejercicio clave para los mercados bursátiles europeos y estadounidenses, tras varios años marcados por una inflación elevada, por las subidas agresivas de tipos de interés por parte de los bancos centrales y por un entorno geopolítico complejo.
Tanto en Europa como en EE.UU., los inversores afrontan el nuevo año con expectativas razonablemente positivas, aunque con importantes diferencias entre ambos mercados.
Las bolsas europeas encaran 2026 desde una posición relativamente favorable en términos de valoración. Los principales índices cotizan con múltiplos más bajos que los estadounidenses, lo que reduce el riesgo de grandes correcciones y abre la puerta a avances graduales. En ese sentido, cabe puntualizar que la renta variable europea presenta un descuento significativo frente a la de EE.UU. en términos de PER (precio/beneficio neto) y en términos de precio/valor contable.
Así, las empresas integradas en el Eurostoxx presentan un PER 2026E de 15,6x (veces) y un multiplicador precio/valor contable 2026E de 1,95x (veces), mientras que las integradas en el S&P 500 estadounidense tienen un PER 2026E de 22,4x y un múltiplo precio/valor contable 2026E de 4,7x. Además y a pesar de que las expectativas de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en la mayoría de las economías europeas se sitúan claramente por debajo del 2 %, entendemos que este crecimiento es suficiente para sostener incrementos moderados de beneficios empresariales.
Así, y desde un punto de vista macroeconómico, el crecimiento de la región en su conjunto seguirá siendo limitado, pero estable. En ese sentido, cabe señalar que la economía de la eurozona no destaca precisamente por su dinamismo, aunque los últimos indicadores macro que se han ido publicando parecen que confirman en gran medida que la desaceleración de esta economía ha quedado atrás. La inflación, por su parte, está bajo control, situándose actualmente en el 2 %, cumpliendo con ello el objetivo establecido por el Banco Central Europeo (BCE), lo que le permitirá a esta institución mantener una política monetaria menos restrictiva, un factor que suele beneficiar el comportamiento de la renta variable.
En el plano geopolítico, Europa continúa muy expuesta a los conflictos internacionales. Sin embargo, este contexto también genera oportunidades, especialmente en sectores como defensa, energía e infraestructuras –el aumento del gasto público en defensa y seguridad y en autonomía estratégica beneficiará la actividad de las compañías europeas que operan en estos sectores–.
En ese sentido, cabe destacar que la potencial finalización de la guerra de Ucrania favorecería el crecimiento económico de la región, reduciendo sensiblemente los costes energéticos, a la vez que la reconstrucción del país ofrecería importantes oportunidades de negocio, especialmente a las empresas del sector de la construcción y a las de infraestructuras.
A nivel empresarial, señalar que el consenso de analistas estima actualmente que el crecimiento del beneficio por acción de las compañías europeas cotizadas se situará en 2026 en el rango del 5 %-7 %, con mayor potencial en sectores como la banca, la industria, la defensa, la energía y en el grupo de empresas de pequeña y mediana capitalización, compañías que, además, deben verse beneficiadas en su comportamiento bursátil por sus valoraciones menos exigentes y por unos gastos financieros más bajos.
Los principales riesgos para el devenir en 2026 de las bolsas europeas provienen principalmente de un menor crecimiento económico del esperado, provocado por un potencial deterioro del entorno económico mundial, de repuntes no proyectados de la inflación, que podrían conllevar un incremento de los tipos de interés y, por tanto, de los costes de financiación de las empresas, y de las tensiones geopolíticas persistentes.
La bolsa estadounidense sigue siendo el principal referente global. En 2026, este mercado mantiene un perfil de mayor crecimiento estructural, apoyado en la fortaleza del consumo, la innovación tecnológica y la profundidad de su mercado de capitales.
El consenso de analistas estima actualmente que el crecimiento del beneficio por acción de las compañías integradas en el S&P 500 podría situarse en 2026 en el intervalo del 10 % al 15 %, impulsado por los de las compañías de tecnología, concretamente por los de las ligadas al negocio de la Inteligencia Artificial (IA), entre ellas las de semiconductores y las de software, así como por los de otros sectores como son el de servicios de información y el de la sanidad.
Sin embargo, la elevada concentración de riesgo que mantienen los inversores en los valores tecnológicos de elevada capitalización, que tienen un elevado peso relativo en los índices, incrementa el riesgo de correcciones ante revisiones a la baja de las expectativas. Además, la Reserva Federal (Fed) podría adoptar una política monetaria algo más flexible y rebajar sus tasas de interés en un cuarto de punto una o dos veces más a lo largo del año para apoyar a un mercado laboral que sigue debilitándose, y siempre que la inflación se modere desde los niveles actuales, cercanos al 3 %.
Ello favorecería a los activos de riesgo. No obstante, como hemos señalado, las valoraciones siguen siendo elevadas, especialmente en el sector tecnológico, lo que implica mayor sensibilidad a decepciones en resultados y a potenciales revisiones a la baja de las expectativas de ventas y beneficios por parte de las compañías cotizadas y de los analistas.
En nuestra opinión, de cara a 2026, las bolsas europeas ofrecen un perfil más defensivo, de menor riesgo, con valoraciones que son, en general, menos exigentes y, por ello, en principio más atractivas, mientras que las bolsas estadounidenses seguirán manteniendo su liderazgo en crecimiento e innovación, aunque con mayores riesgos tanto por las elevadas valoraciones, así como por la elevada concentración de las apuestas de los inversores en un grupo reducido de grandes compañías del sector de la tecnología. Esperamos, por tanto, que 2026 vuelva a ser un año positivo para las bolsas occidentales. No obstante, el ejercicio puede volver a ser complejo y volátil, como lo fue 2025.
Santiago de Taranco, CEO y fundador en Alberta Norweg
Óscar Salazar, Managing Director de European Funds en Euro-Funding
Mayte Carvajal, Mentora de Negocio y RRHH para empresarias
Olivier Micheli, Presidente y CEO en Data4