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Mar Reguant, CSIC: “En España la energía nuclear sobra y no es flexible”

La investigadora alerta de los límites del sistema energético actual y defiende políticas públicas ambiciosas para evitar que la crisis climática se convierta en el gran factor de desigualdad del siglo XXI

Mar Reguant, CSIC: “En España la energía nuclear sobra y no es flexible”

Mar Reguant, investigadora ICREA en el IAE del CSIC

Publicado a 20/01/2026 18:23 | Actualizado a 23/01/2026 11:54

La crisis climática ya no es una hipótesis de futuro, sino una realidad que golpea a nuestro país. Mar Reguant, investigadora ICREA en el IAE del CSIC y miembro del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS), analiza desde la evidencia científica los retos energéticos, sociales y económicos de la transición verde. Experta en mercados eléctricos, subastas de energía y sistemas de emisiones, advierte de los cuellos de botella estructurales —desde la red eléctrica hasta la industria gasintensiva— y alerta de que, sin políticas públicas ambiciosas y justas, el cambio climático puede convertirse en un factor de desigualdad del siglo XXI.

– Afirmas que la crisis climática ya es una realidad y no una amenaza futura. ¿Qué eventos recientes en España te demuestran que estamos en una emergencia y que exige una acción inmediata?

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Cada persona, en su territorio, tiene varios ejemplos. En Valencia, la DANA; los grandes incendios de este verano en Galicia, Castilla y León y Extremadura; la sequía de tres años en Barcelona; o las temperaturas por encima de los 40 ºC durante dos o tres semanas en el sur de España.

– ¿Podríamos definirlos como indicadores de hacia dónde nos dirigimos?

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Efectivamente. La ciencia lo predice y, al contrario que los economistas, es mucho más precisa porque no depende de las personas, es muy matemática. De hecho, ya estaba pronosticado que las danas iban a ser más fuertes, las sequías más persistentes y que las temperaturas iban a seguir subiendo. Como siempre, nos gusta pensar que estas situaciones se producirán mañana, pero están llegando un poco antes de lo que nos gustaría.

«El problema es el coche de combustión»

– Has señalado que el problema climático es principalmente energético. ¿Por qué crees que España sigue dependiendo tanto de combustibles fósiles si las renovables ya son competitivas?

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En el ámbito eléctrico se ha hecho mucho. Se ha dejado de usar el carbón y se ha reducido el consumo de gas natural. El problema es el coche de combustión. Nos está costando mucho llevar a cabo la transición hacia el vehículo eléctrico y debemos acelerarlo. En este punto existe un problema social, porque se trata de un sector que genera muchos empleos.

En el ámbito doméstico, muchos hogares tienen calefacción a gas natural. En los años ochenta y noventa se impulsó su instalación porque era más limpia que el gasóleo y ahora tenemos toda esta infraestructura que debería transitar hacia las renovables.

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– En el ámbito industrial, ¿cuáles son los retos? La industria gasintensiva tiene que descarbonizarse pero, hoy por hoy, no hay un vector que la sustituya.

Estas industrias gasintensivas van a otro ritmo. Tanto desde la UE como desde nuestro país se está hablando de apoyarse en clústeres de innovación para dar el salto.

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La industria intensiva en gas paga por sus emisiones de CO2 principalmente a través del Sistema de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (EU ETS), donde debe comprar derechos por cada tonelada de CO2 que emite, y cuenta con ayudas gubernamentales en España para compensar los costes indirectos de estas emisiones en su factura eléctrica, con apoyo del Gobierno y del Ministerio de Industria, así como ayudas adicionales para mantener la competitividad, buscando la descarbonización a través de tecnologías limpias.

A pesar de todo, es la más difícil de descarbonizar.

Sobre la sustitución del gas por otro vector energético, se ha hecho mucho trabajo. De hecho, parte del acero reciclado y del aluminio reciclado ya puede funcionar de manera eléctrica. Sin embargo, el cemento y la cerámica necesitan temperaturas muy altas y con la electricidad no llegamos.

Se ha hablado mucho de las posibilidades del hidrógeno verde, pero de momento no se produce en grandes cantidades y, en aquellos lugares donde se hace, se emplea gas, con lo que no se están descarbonizando.

Tampoco existe una forma segura de almacenarlo, porque sus partículas son más pequeñas que las del gas. Se puede hacer, pero es más difícil y costoso, y todavía no está claro que se pueda reciclar la infraestructura de gas para el hidrógeno.

Mar Reguant-CSIC-ICREA

La nuclear, depende del país

– En tu opinión, ¿por qué la energía nuclear no es una solución y prolongar su vida útil sería un error estratégico y social?

Depende del país. En el caso de Alemania es una pena que cerraran las centrales nucleares, porque no tiene el sol que tenemos en España y cuenta con mucha industria manufacturera. Con lo cual, han tenido que recurrir al gas e incluso al carbón.

En España tenemos sol y no debemos olvidarnos de la hidráulica.

Sin embargo, la nuclear tiene dos problemas en España. El primero es que nos sobra, como ocurrió el día del apagón, cuando había un exceso de energía nuclear. Además, no es flexible, ya que produce lo mismo todo el tiempo y no modula.

El día del apagón hubiera sido mejor que no hubiera habido centrales nucleares. Yo soy partidaria de utilizar el gas para seguir al sol, porque la nuclear no puede hacerlo. En otoño y en primavera la energía nuclear está muy presente y enviamos la solar a la papelera, ya que en estas dos estaciones del año la demanda de electricidad suele ser menor en comparación con los picos del verano e invierno.

El segundo problema que me preocupa mucho, y que ya ha ocurrido en Italia y en Francia, es que en verano no haya suficiente agua en los ríos o que el agua esté demasiado caliente y no se pueda utilizar cuando más la necesitas.

En Francia fallaron centrales y parte del problema residía en una gran sequía en el sur del país, unida a la falta de agua en los ríos y al exceso de temperatura, lo que obligó a cerrarlas.

Esta situación me preocupa mucho porque no está claro que podamos utilizarlas dentro de diez años de manera continuada durante los veranos por la combinación de sequía y calor.

En mi opinión, no las vamos a tener disponibles cuando más las necesitemos. Ojalá. No soy contraria a la energía nuclear, pero miro los números y, para España, no la veo. Por ello, aunque cueste, mantendría el cierre de las nucleares tal y como está acordado y planificado. Esta es mi opinión basada en la ciencia.

«El cambio nos asusta y siempre cuesta»

– La transición energética genera rechazo en algunos territorios. ¿Es culpa de la ciudadanía, de la política, de una mala planificación o de la falta de comunicación?

Pienso que es una combinación de todos ellos. El cambio nos asusta y siempre cuesta, aunque la solución sea buena. Contarlo bien también es muy difícil porque no tenemos la solución perfecta.
De todas formas, el argumento podría ser que la solución es mejor, aunque no sea perfecta. Frente a quien no quiere cambiar y al que la solución que se le ofrece no le parece perfecta, es muy fácil generar un discurso contrario.

Evidentemente, es normal que en los pueblos afectados haya rechazo, ya sea porque cierra la mina o la planta nuclear, porque tienen 400 molinos en su territorio o porque sus tierras están cubiertas de placas solares; un rechazo que sí entiendo.

– La crisis climática es también una crisis de justicia social. ¿Cómo deberían protegerse los colectivos más vulnerables ante fenómenos como inundaciones o incendios?

Se debe actuar con políticas públicas muy conscientes de esta brecha climática. Olas de calor e inundaciones en edificios en mal estado son algunos de los problemas a los que hay que hacer frente. Además, los barrios más desfavorecidos tienden a estar en zonas inundables.

A mi juicio, la brecha se va a abrir más porque los impactos van a ser extremos. Lo estamos viendo en EE.UU., donde todo es a lo grande. Hay apagones que se prolongan durante una semana y la gente con recursos crea su propia miniciudad.

Otro ejemplo muy claro son las placas solares. Al principio nadie las quería, pero la gente ha hecho sus números y ha comprobado que salen a cuenta, ampliando la brecha, porque quienes no pueden instalárselas se quedan atrás y pagan la infraestructura que otros ya no utilizan.

Acceso básico a la energía

– ¿Y qué puede hacer el Gobierno para prevenir esta situación, teniendo en cuenta que estamos en el Estado del bienestar?

Actualmente estoy desarrollando dos trabajos en el ámbito de la electricidad, mi campo de investigación. Uno de ellos lo llevo desarrollando desde hace años y ahora parece tener más utilidad.

En California trabajé con un grupo que impulsaba institutos o colegios con placas solares y una batería más grande de lo normal. Si bien era muy útil para el día a día, en caso de apagón ese espacio se convertía en un punto de referencia para la población.

En España contamos también con refugios climáticos, que suelen ser el centro de salud o el ayuntamiento. En California lo han llevado un paso más allá: son centros que funcionan incluso si hay un apagón.

Yo investigaba sobre los apagones antes de que ocurrieran. Llevaba años insistiendo en instalar placas y baterías cuando estas fueran algo más económicas, para que el refugio climático siguiera funcionando incluso si se caía la red.

Por otra parte, estoy empezando a trabajar con una empresa para que, mediante los contadores inteligentes, si la gente se tiene que quedar sin luz pueda disponer de un mínimo de potencia contratada. Es decir, contar con un acceso básico a la energía para poner en marcha un pequeño radiador o cargar el móvil.

– Los costes de ciertos riesgos climáticos son incuantificables y las aseguradoras se niegan a cubrirlos. ¿Qué implicaciones tiene esto para la economía y el Estado?

En estados como Florida y California, uno por inundaciones y tormentas y el otro por incendios, hay aseguradoras que consideran el territorio no asegurable y se retiran del mercado.

En España contamos con el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), pero se nos va a quedar pequeño muy rápido. Tendremos que aportar mucho más dinero, pero no sin criterio, vigilando que existan incentivos por hacer las cosas bien, como construir en zonas no inundables.

«Por ahora, no se ha inventado el sol por la noche»

– España ha incrementado la energía solar del 8 % al 20 % en tres años. ¿Qué frena un despliegue más rápido y cómo se podrían superar los obstáculos?

Nos frena la falta de transformación en otros sectores. Por ejemplo, nos sobra solar y no se quiere instalar más porque no se sabe quién la va a consumir. Otro freno es la nuclear, que funciona a pleno rendimiento en primavera y otoño, desaprovechando la solar.

Otra cuestión es que, por ahora, no se ha inventado el sol por la noche. Aquí tenemos buenas noticias, porque las baterías son cada vez más eficientes y la hidráulica también está haciendo un buen trabajo, aunque no es suficiente.

Además, la red sufre cuellos de botella y hay campos solares que no se pueden conectar. Por ello, debe ser más flexible: la solar tiene que ayudar a la red en lugar de meterle presión. Técnicamente es factible, porque la tecnología existe.

– Tal y como has comentado, otro de los retos pasa por incrementar la red eléctrica.

Efectivamente, y este sí es un cuello de botella real. En España hay zonas presionadas por la población y otras por la generación: producen energía, pero no hay forma de engancharla a la red.

«La única forma de ser creíble es distanciándose de EE.UU.»

– Frente al liderazgo de China y la falta de acción de EE.UU., ¿qué papel debe jugar Europa para ser un actor creíble en la lucha contra el cambio climático?

A día de hoy, la única manera de ser creíble es distanciarse de EE.UU. Tanto con Biden como con Trump, EE.UU. lo único que ha hecho ha sido incrementar cada año la producción de petróleo y de gas natural desde hace más de diez años. De hecho, es el mayor productor de petróleo y de gas natural del mundo.

Yo comprendo que es difícil cambiar el modelo, pero crecer tanto con la información que tenemos hoy en día es una vergüenza, es indigno.

– Por último, mirando a 2035, si España avanza correctamente en la energía renovable, ¿cómo imaginas el país y qué riesgos existen si no se actúa ya?

Me imagino un país con muchas renovables, con un urbanismo reinterpretado para el calor, con más problemas, pero con más mecanismos de solidaridad.

– Cuando hablamos de solidaridad, ¿te estás refiriendo a toda la gente vulnerable que puede sufrir el cambio climático?

Será solidaridad entre clases, barrios, entre personas en una misma ciudad, entre regiones, ya sea por falta de agua, ya sea por incendios, pero con un frente unido, ese es mi sueño. Debemos estar todos a una haciendo frente al cambio climático porque estamos en el ojo del huracán.

Firma
Fotografía de Gemma JimenoGemma JimenoLicenciada en CC de la Información por la Universidad del País Vasco, Gemma Jimeno se incorporó a ECO3 Multimedia, S.A., en 1998 como Redactora y ha participado activamente en el desarrollo de diferentes líneas de negocio. Desde hace años desempeña las funciones de Editora de los contenidos informativos, de los diferentes productos editoriales de E3 Media.
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