Jaume Ripoll, Filmin: “La producción propia indica madurez en las plataformas”

Jaume Ripoll, Filmin: “La producción propia indica madurez en las plataformas”

Jaume Ripoll (Palma, 1977) lleva toda su vida vinculado al cine. Y decir «vinculado» es decirlo suave. Hijo de empresario de videoclubs y salas de cine, de pequeño quería ser actor, estudió para ser cineasta, heredó un videoclub y acabó siendo distribuidor cinematográfico.

Ahora, como cofundador de la plataforma Filmin y director de Atlántida Film Fest, el distribuidor se ha convertido en una persona polifacética, de agenda apretada, pero el motor que le mueve es el mismo: expandir su pasión por las películas allá donde va.

En su primer libro, Videoclub, publicado el año pasado, Jaume transmite, a través de breves pasajes de su vida y episodios que le marcaron, su relación con el cine y el poder transformador que la pantalla ha tenido en su particular viaje personal y profesional.

Durante algo más de media hora, hablamos con el cinéfilo mallorquín que ha contribuido a revolucionar la manera de ver cine y series en España.

-Has pasado por muchas fases profesionales dentro de la industria del cine. Estudiante de cine, videoclubs, distribución, desde hace un tiempo Filmin, Atlántida Film Fest… En este momento de tu vida, ¿cómo es la jornada estándar de Jaume Ripoll desde que se levanta hasta que se acuesta?

Si te soy sincero, no existe una jornada estándar. Antes de la pandemia sí la tenía. Los hábitos estaban más claros, ir a la oficina a las ocho de la mañana, salir a las seis o siete de la tarde. Esta era la jornada habitual cuando no estaba en festivales. Tras la pandemia, trabajamos un par de días en la oficina y el resto desde casa. Todo ha cambiado mucho. Tengo que viajar más porque hay más festivales y propuestas para ir a eventos. Lo que sí hago durante toda la semana son reuniones con el equipo y visionados de películas o de series que queremos firmar. Y hay una parte importante de la jornada, como le ocurre a todo el mundo en este sector, que se basa en contestar correos. No todos ellos son provechosos, y me llevan más tiempo del que probablemente me gustaría.

-En pocos años Filmin llegará a la veintena de edad. Si tuvieras que sintetizar el recorrido de la plataforma hasta ahora, ¿cuáles serían los grandes hitos?

El primero: ponernos en marcha. Puede parecer baladí en el año 2024, pero creo que lanzar la plataforma en 2008 siendo capaces de ofrecer el primer streaming no deja de ser un hito.

El segundo: el gran lanzamiento de la compañía en mayo de 2010 con la suscripción cuando nadie ofrecía suscripción en Europa. Solo LoveFilm en Reino Unido, que es una compañía que acabó comprando Amazon ese mismo año, lo ofrecía en aquel momento.

Después posiblemente Carmina o revienta, porque nos convirtió en algo popular. Y el cuarto hito fue el impulso que tuvimos entre los acuerdos con Metro-Goldwyn-Mayer y la pandemia. Esos dos van de la mano.

Y el quinto te diría Autodefensa, porque la producción propia es un elemento de madurez en las plataformas, y en este caso fue la producción que nos permitió alcanzar nuevo público, Premios Feroz, vender los derechos de emisión en Francia, ganar premios como el de Series Mania

-Además de ser cofundador, en Filmin has asumido la dirección editorial. ¿En qué consiste tu trabajo?

Hay diferentes niveles. Uno es buscar proyectos que sean adecuados para la compañía, tanto ya realizados como en desarrollo o remasterizados, tanto de largos como de series. Negociarlos y programarlos también requiere bastante trabajo. El otro punto importante es el de ordenar, reordenar y poner bonita la plataforma, las colecciones y los canales, como si fuera una librería donde tienes que poner los libros y los stands para que quede bonito y que cuando uno pasea por ahí le den ganas de comprarlos.

-¿Qué es lo que más te llena de tu trabajo?

Firmar una película o serie que me gusta mucho es una de las cosas que más me llena. Y ver los resultados el primer fin de semana del estreno y ver que aquello en lo que has confiado tiene el respaldo del público es algo muy satisfactorio.

-¿Cuándo supiste que querías dedicarte a algo relacionado con el cine?

Yo creo que desde pequeño cuando empecé a ver cintas de VHS en casa. Hay una cosa que no cuento en el libro (Videoclub) y es la primera vez que le digo a alguien que quiero dedicarme al cine. Debía tener unos siete u ocho años, estaba con un amigo de la infancia y me dice: «¿Tú qué quieres ser de mayor?». Le dije que quería ser actor y se puso a llorar. Le pregunté qué le pasaba y me dijo: «Te morirás muy pronto». Él creía que cuando los personajes que salían en las películas morían, aunque fueran de ficción, el actor también moría.

Ese es el primer recuerdo que tengo de algo relacionado profesionalmente con el cine. Dije que quería ser actor, estudié para ser director y acabé siendo distribuidor, o sea que ha habido giros de guion.

-Filmin ha obtenido un prestigio como plataforma independiente que no se deja llevar por las modas. ¿En qué se diferencia del resto de plataformas?

Nos diferenciamos por nuestra diversidad, nuestra profundidad y nuestro carácter heterogéneo. Filmin tiene cuatro pilares muy marcados: cine clásico, las novedades del cine de autor exclusivas, en el sentido más amplio de la palabra, los documentales y las series de calidad. Algo que también nos diferencia es cómo acabamos de estructurarlo todo. No es solo tener cuatro elementos, sino cómo se los ofrecemos a los suscriptores.

-Además de vuestra actividad como plataforma, también os distinguís como distribuidores, un rol en el que además tienes una larga trayectoria. ¿Cómo ha cambiado el mundo de la distribución desde tus primeros años en la industria?

Ha cambiado radicalmente. Al principio, el mundo de lo físico, primero el VHS y después el DVD, tenían un peso importantísimo. Uno, cuando adquiría una película, sabía que el formato físico, tanto el videoclub como la venta directa, iba a suponer una parte importante de la recuperación de la inversión. Las televisiones también tenían un peso diferente al que tienen ahora. Todo esto ha ido evolucionando, hablamos de hace quince o veinte años. Tiene poco que ver.

Y es verdad que ahora, entre finales del 2023 y principios del 2024, estamos volviendo a vivir un momento similar al de la prepandemia para el cine de calidad. El cine que no es de gran formato, por decirlo así, ha conseguido interesar al público. El éxito de Past lives, Anatomía de una caída, La zona de interés, Perfect Days o Fallen Leaves a un nivel importante demuestra que el cine autoral está consiguiendo recuperar a parte del público, por lo que la distribución está funcionando bien. Y quizá el cine que está teniendo más dificultad ahora es el de gran formato: Aquaman, las pelis de Marvel… Ese tipo de películas están en un momento más delicado.

Y en cuanto a la distribución en general, es verdad que ahora hay muchos más distribuidores de los que había antes y se pelean por las películas. Nada tiene que ver la distribución hace treinta años, cuando a lo mejor solo había una revista en papel, con la distribución ahora que hay internet y cuando se proyecta una película en Sundance al momento tienes veintiocho críticas en internet, ciento cincuenta reviews en Twitter y la información es mucho más accesible.

-Hay muchas más opciones, es más fácil para las películas ser distribuidas, pero también tienen muchas más películas con las que competir.

Hay más distribuidoras que nunca, más competencia que nunca y más información que nunca, y eso es bueno y malo para todos, para los creadores y también para los distribuidores.

-¿Cuándo lograsteis ser rentables y cuáles fueron las claves para ello?

En 2016. Fuimos dando pasos y ampliando la base de clientes. Una de las cosas buenas que tenemos nosotros es que el suscriptor es también prescriptor: recomienda la plataforma y eso nos permite llegar a más público. Y cuando adquieres cierto volumen, eso te permite seguir creciendo.

-¿Qué termómetro utilizáis para intuir en cada película cuáles son las ventanas de distribución ideales y el orden en el que deben darse?

Ten en cuenta que hay dos caminos diferentes. Si nosotros somos los distribuidores o si solo somos la plataforma online. La zona de interés, por ejemplo, es una película de la que nosotros solo tenemos los derechos de internet. En este caso es el distribuidor quien decide que la película tiene que tener ciento doce días de ventana desde que se estrena el sábado en cine hasta que llega a la plataforma.

En otras películas, como Yannick, de Quentin Dupieux, que estrenamos en enero, nosotros decidimos que lo mejor era estrenarla directamente en la plataforma porque teníamos un hueco importante de programación. Queríamos llenarlo y pensábamos que si la estrenábamos en cine quizá no tendría demasiado impacto.

Por tanto, tenemos desde estrenos directos en la plataforma hasta ventanas que pueden ser de 112, de 60 o de 90 días. Depende de cada película. Lo determina la oportunidad, algún hueco de calendario, el rendimiento que uno puede prever de la película en cines, cómo ha funcionado en otros países, cómo han funcionado otras películas de ese director en este país…

Por ejemplo, en el caso de Yannick, la película ha funcionado muy bien y ha tenido muy buena taquilla en los cines franceses, pero nosotros creíamos que era muy complicado que una comedia francesa de un director que no ha acabado de funcionar bien nunca en taquilla en España tuviera un rendimiento acorde a las expectativas o superior al que pudiera tener en la plataforma.

-¿Cuál es la importancia y el papel de los festivales de cine para la industria hoy en día?

Los festivales de cine internacionales de clase A son muy importantes para la industria porque es de donde sale la cosecha y la compra de obras y películas para todo el año. Los festivales nacionales son muy importantes para el público porque son prescriptores. San Sebastián, Sitges, Atlántida incluso y otros tantos son una señal de confianza y pueden ayudar al distribuidor a ganar premios. Te ayuda conocer a un público, te ayuda que el director esté allí, pero también te puedo hablar de muchas pelis que no han pasado por festivales y han tenido una respuesta muy buena en taquilla.

Por tanto, no es estrictamente necesario. Celebro que existan. Ayudan y apoyan, pero uno no tiene que sacar conclusiones: que una película funcione muy bien en un festival no significa que vaya a tener ese mismo comportamiento cuando salga del ámbito ultraprotegido del festival.

-La manera de hacer series ha evolucionado mucho desde principios de siglo. También la forma de consumirlas. Desde Filmin, ¿qué análisis sacáis del comportamiento del espectador? ¿Se puede digerir bien una temporada de ocho capítulos que has visto en una maratón de dos días? ¿Se pueden disfrutar y analizar bien las historias cuando se tienen diez series empezadas al mismo tiempo?

Depende del espectador. Yo no le puedo decir al espectador lo que tiene o no tiene que ver. Es como quien compra diez libros, empieza los diez y los tiene en casa los diez sin acabar; o quien va a un bufet libre y se pone todo en el plato, en una especie de mejunje, y acaba comiendo eso. Me parecería un poco prepotente por mi parte decirle a alguien cómo tiene que ver las series. Cada uno decide cómo disfrutarlas. Yo soy el primero que disfruto The Crown y el fin de semana que se estrena en Netflix, que es la competencia, la veo entera. Empiezo el viernes y el domingo ya la he acabado. ¿La disfruto? ¿Me la podría regular más? Puede ser, pero soy de los que si puedo me la acabo.

Esto ha cambiado. Recuerdo la época en la que cambió la forma de ver series y se empezaron a comercializar las temporadas completas de las series en DVD, cuando recibía The West Wing, Alias, The Wire o Buffy y el fin de semana que me llegaba el paquete a lo mejor me veía la serie en tres o cuatro días. La devoraba y la disfrutaba muchísimo. No está mal hacerlo así.

Pero es verdad que ya no solo pasa solo con las series, también pasa con las películas. Hay que darles un tiempo. Lo que sí es un mal síntoma es cuando vas pasando de diez minutos en diez minutos de películas y no eres capaz de darles un voto de confianza. Eso sí creo que es un visionado erróneo. Uno tiene que tener cierta paciencia. A los diez minutos no puedes abandonar un visionado. No has tenido tiempo de que la película cale en ti. Si haces un pacto de relación con esa obra, dale un poco de vuelo. No la abandones tan pronto.

-Comentabas antes que el cine y las series independientes o de autor se encuentran en un buen momento. ¿Qué ha cambiado o cuáles son los factores tras este auge o aumento de la repercusión?

No creo que haya cambiado nada. El cine de autor ha vivido muy buenos momentos. No tengo el concepto de que el cine de autor haya tenido una época mala. Ha tenido años buenos y años malos, como todo. En la creatividad, hay cosechas que se dan por diferentes motivos, a lo mejor hay ciertos directores que no acaban de dar con la tecla un año en concreto, pero en general no tengo conciencia de que haya habido una merma en la calidad del cine de autor, sí quizá en la confianza del público hacia ese cine.

En cuanto a las series, claro… ¿Qué es una serie independiente? ¿Es Antidisturbios una serie con rasgo autoral? Incuestionablemente. Y hablamos de una serie carísima. O La Mesías, por hablar de una serie aún más cara. También lo es Autodefensa. Las tres son series de autor. Y La Mesías tiene veinte o treinta veces más presupuesto que Autodefensa.

En el mundo de las series llevamos décadas en las que los autores han podido hacer obras muy significativas, tanto creadores y directores como guionistas. Y en el cine independiente autoral también. Es cierto que algunos de los que empezaron como autores independientes luego han dado el paso a lo más comercial: Cristopher Nolan, Steve McQueen, por poner ejemplos. Pero esto lo hemos visto antes. Las pelis que hizo Kubrick en sus inicios no tienen nada que ver con las que hizo después. O las de Spielberg, Coppola o Brian de Palma. Es un proceso que no es nuevo.

-En tu libro Videoclub, haces un repaso de la historia del cine a través de tu vida; o un repaso de tu historia a través del cine. ¿Cómo fue el proceso de escribirlo? ¿Tenías cosas apuntadas? ¿Empezaste a construir los capítulos a partir de puros recuerdos?

La primera aproximación del libro consistía en que cada capítulo sería una película. Como si cada capítulo fuera una magdalena de Prout, haciendo una analogía fácil, cada película iba a desbloquear un recuerdo y ese recuerdo me serviría para explicar algo cinematográfico o algún momento del cine vinculado conmigo, como la distribución, la exhibición o el visionado.

Pero me di cuenta de que eso no funcionaba, era un corsé. Unas reglas autoimpuestas que no acababan de resolver la lectura del libro, de ahí que reculara y cambiara ese principio motor de los capítulos por temas concretos: la educación en el cine, el cine tras la pérdida, el cine de musicales, las bandas sonoras, la distribución de cine, los festivales, la comunidad LGTBI, la identidad…

Cada capítulo empieza en anécdota personal, pero con intención de despertar cierto debate en el lector. Se habla del cine tras la pérdida, cierto. Pero porque a mí me ha pasado con amigos o familiares que no sé qué recomendarles o que esas películas prefiero que las eviten. Es un tema que me parece relevante y del que se ha hablado poco.

-De hecho en el libro se entremezclan anécdotas con escenas de películas, sinopsis con ideas, procesos vitales con argumentos cinematográficos; incluso hablas de algunas historias que te gustaría haber contado cuando estudiabas cine.

Intenté ser pudoroso contando mi vida, primero porque tampoco creo que haya mucha gente más allá de mis amigos, mis familiares y allegados a lo que les pueda interesar. No soy una persona pública. Pero sí creí importante explicar parte de mi vida porque eso me ayudaba a dar contexto a aquello de lo que quería hablar en el cine. Yo no soy un teórico cinematográfico. No quería hablar en abstracto, quería hablar en lo personal. Y creo que lo personal como punto de partida para desarrollar esos argumentos tenía validez.

Yo hablé de la muerte de mi parte no por dar lástima, sino porque mi padre fue una persona crucial en mi educación cinematográfica y su fallecimiento desencadena algo importante que es conocer a Juan Carlos Tous, que ha sido mi mentor y es mi actual socio en cine. O cuando hablo de mi identidad sexual, no porque quiera hablar de la homosexualidad, sino porque creo que es importante en cuanto hablamos de un tema muy concreto como el cine LGTBI. Luego está la parte anecdótica o divertida, donde hay toques de humor, con lo de Lloyd Weber o lo del porno, que desengrasan o ayudan a animar e incentivar al lector.

No fue fácil, pero conseguí la confianza de un editor al que le gustó la propuesta. Si el editor me hubiese dicho «uy, no vayas por ahí», entonces posiblemente no habría libro, porque yo no sé escribir de otra manera. Posiblemente pudiera aprender, pero es que tengo un trabajo y no me quiero dedicar a ser crítico o teórico de cine. Ya hay otra gente que lo hace mucho mejor que yo.

-Hay un pasaje del libro en el que describes el momento en el que entendiste la diferencia entre el disfraz y el maquillaje a la hora de promocionar una película. ¿Cómo explicarías esta diferencia?

Es la diferencia entre el tráiler o la campaña que se arregla un poquito y la que se cambia por completo y te hace ver algo que no vas a encontrarte después. El maquillaje realza los gestos; el disfraz engaña al espectador. Y el espectador quiere que aquello que se le enseña sea aquello que se va a encontrar, no algo que no tenga nada que ver.

-También hablas sobre cómo ha cambiado nuestra relación con los “contenidos” y lamentas el imperio de la inmediatez y la viralidad en el que vivimos. ¿Crees que tiene remedio este consumo audiovisual al estilo “fast food”?

Puedo intuir, aunque no sé si es intuición o deseo, que el exceso dará paso a cierto visionado más pausado. Como pasó con la moda del fast food: de alguna manera nos hartamos de eso y acabamos yendo al comercio de proximidad, volviendo a lo «bio», a la parte orgánica. Ya no queremos tanta comida o comida industrial, queremos otro tipo de alimentación. Y puedo intuir que habrá algunos espectadores que se hartarán de ver mucho y ver mucho que se parece y acabarán viendo menos pero que les pueda parecer más provechoso o nutritivo.

-¿Vas a escribir más libros?

(Ríe). No tengo ni idea. Hay algunos capítulos que, una vez publicado el libro, me di cuenta de que me hubiese gustado incluir, como la astronomía o el deporte, que han sido relevantes en mi vida y por tanto me hubiese gustado hablar de ellos y no hablé en su momento. Se ha hablado de sacar una edicición ampliada y corregida del libro, con cuatro o cinco capítulos más, pero no sé si sucederá. Si hubiésemos hablado tú y yo hace dos años y me hubieses preguntado «¿quieres escribir un libro?», te hubiese dicho que no. Pero mira, al final salió. Entonces no lo sé.

-Defiendes un cine que rete y demande un esfuerzo espectador. ¿Por qué?

Porque creo que en la vida los retos culturales nos hacen más inquietos. Y no digo que no sea complementario, me refiero a no ver el cine solo como evasión, sino ver también cine que nos pueda ayudar a reflexionar o pensar en el mundo. Y eso no significa que sea un cine con un alto nivel de exigencia, hay diferentes grados de exigencia… Pero creo que las películas y el arte en general nos pueden ayudar a anticipar hechos vitales, entendernos mejor, entender mejor a los seres humanos, entender mejor otras realidades, otros países, otras culturas.

Esa es una de las virtudes que tiene el cine: que, de alguna manera, si somos capaces de darle una oportunidad, nos da mucho a nosotros. Pero tenemos que poner de nuestra parte como espectadores.

-¿Por qué le cuesta tanto al terror o a la comedia estar presente entre los grandes reconocimientos y galardones de la industria?

No lo sé, se han visto como géneros menores. También le pasa un poco a la ciencia ficción. Los géneros mayores son el drama, el cine de época y curiosamente lo fue el western y no las películas de superhéroes, que podrían ser el equivalente al western actual. En los Goya ha habido más thriller y más terror que en los Óscar. Si vemos el histórico de películas que han ganado, hay muchos thrillers, más que en otros premios como los Bafta o los Óscar. En cualquier caso, creo que hay que valorar y celebrar las comedias y las películas de terror, que además no solo son películas de evasión, sino que hay grandes comedias y grandes películas de miedo.

-El cine es una de las actividades humanas que más roles y trabajos distintos alberga. Como producto artístico colectivo en el que intervienen cientos de personas, es realmente increíble asistir a su creación. ¿Es eso lo que lo hace tan especial?

Creo que hay muchos elementos por los que el cine es un arte único. Por un lado, la confluencia de muchas personas con muchas voluntades artísticas: el cine es un arte de la negociación. Un director es un seductor, pero también un negociador, porque tiene que negociar con los egos, las inquietudes y las voluntades del equipo artístico y técnico, y cada uno con una opinión muy clara. Y también porque no es un director de orquesta, la partitura no está tan clara, marcada o ceñida. El cine al final es el arte de contar historias de forma visual, y es algo inigualable. Tiene virtudes del videojuego, tiene diferentes rasgos de la literatura… Pero el cine es tan popular porque te lo pone más fácil.

-¿Te imaginas tu vida sin el cine?

No, por supuesto que no, pero es que no sería yo. Si me hubiesen quitado la educación del cine sería otra persona y esa persona no se imaginaría su vida con el cine porque no sabría lo que es. Sí que es verdad que da pánico cuando piensas en la vida y en hacerse mayor, en problemas de visión o que te puedan impedir ver películas. No hablo de la muerte, sino del terror de no poder ver películas en vida.

-Para finalizar, una pequeña batería de preguntas rápidas. Empezamos con la última película que has visto en el cine.

La zona de interés.

-Una película sobrevalorada y una infravalorada.

Sobrevalorada: El árbol de la vida; infravalorada: Noche de miedo.

-Una película que te haya sorprendido y una que te haya decepcionado recientemente.

Los que se quedan, de Alexander Payne, me encanta. Y una que me haya decepcionado: Cerrar los ojos, de Víctor Erice.

-Una película de terror que te haya enamorado.

La mujer pantera, de Jacques Tourneur.

-Una película de amor que te haya aterrorizado.

Vortex.

-Una peli clásica que se avanzó a su tiempo.

Network de Sidney Lumet, sin duda, con guion de Paddy Chayefsky.

-Una peli actual que parece de las de antes.

Una peli actual que es menos actual de lo que dice ser es Barbie, de Greta Gerwig.

-Una peli eternamente pendiente que nunca ves.

Lo que el viento se llevó.

-Una peli para alguien que no vea cine y otra para alguien que haya visto mucho cine.

Para alguien que no ve mucho cine, siempre digo que Doce hombres sin piedad es una buena puerta de entrada a ver cine clásico. Y a una persona que ha visto mucho cine le recomendaría La trampa mortal, de Sidney Lumet, con Cristopher Reeve y Michael Caine. Me parece una peli divertidísima.

-Una serie corta para ver entera en un fin de semana.

Autodefensa, aunque está mal que lo diga yo.

-Una serie en la que haya que metabolizar cada capítulo.

Berlin Alexanderplatz, de Fassbinder.

-Una serie con alma de película.

Si hablamos de una serie que fue película: Fanny y Alexander. Si hablamos de una serie que esté a la altura de las películas te diría Antidisturbios.

-Una serie en la que te hayas visto representado.

Looking.

-Un sueño que hayas cumplido, un sueño por cumplir y uno que hayas tenido mientras dormías.

Un sueño cumplido: conocer a Vanessa Redgrave. Un sueño por cumplir: conocer a Ian McKellen. Y un sueño que haya tenido: una discusión con C. Tangana, al que conozco. Ha sido esta mañana porque justo ayer vi el programa de Évole (en el que entrevista a C. Tangana) y hablé con él.

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