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Cuestión de valores: El ejemplo de las Fuerzas Armadas

Arrancamos el último cuatrimestre del año en un momento en el que las noticias casi impulsan a irse de nuevo de vacaciones a vivir la “Dolce Vita” porque parece que la tormenta –además de las DANAS habituales de la época– vaya a ser de cuidado: se agrava el desequilibro de las pensiones; la luz en máximos históricos; el IBEX a la baja; amenaza de estanflación; siguen las dificultades para encontrar personal cualificado por parte de las empresas; la guerra de Ucrania que no cesa; etc.

Cuestiones sin duda difíciles de manejar, pero ante las que hay que asumir responsabilidades y desempeñar el rol que a cada uno le haya tocado, tanto si diriges un Banco Central, como si diriges un país, una compañía eléctrica, trabajas en el sector público o en el privado.

Todos tenemos una responsabilidad.

Y ante tanto pavor, me gustaría resaltar los valores castrenses, de los que todos deberíamos tomar ejemplo. Estos valores imprimen una fortaleza mental capaz de desarrollar misiones altamente difíciles a la par que peligrosas, y jamás hemos visto a un militar echar la culpa al otro de sus circunstancias.

Quizás sea cuestión de valores el hecho de resolver digna y eficientemente los problemas económicos y políticos que se están presentando.

Valor, honor, honestidad y lealtad son sin duda sus pilares básicos. Pero podríamos mencionar algunos más: disciplina, vocación de servicio, entrenamiento férreo, compañerismo, sacrificio, ejemplaridad, excelencia profesional y sentido del deber.

En la sociedad civil ¿no vamos a ser capaces de encontrar en alguno de estos valores la fuerza suficiente como para dar solución a las circunstancias actuales?

Yo pienso que sí, que tenemos esa obligación.

Y siempre es bueno mirar fuera del entorno habitual y ver cómo se entrenan en misiones altamente complejas, porque ahí sí se juegan la vida, no se puede fallar.

Del mismo modo, cada ejecutivo, político, directivo o trabajador, en la responsabilidad que le ha tocado asumir, tampoco puede fallar, porque la suma de cada actuación da un resultado positivo o negativo.

Arrojemos luz a cada problema y a cada noticia negativa, y elijamos a qué cualidad nos vamos a agarrar para ello: valor, honestidad, lealtad, disciplina, vocación de servicio, entrenamiento férreo, compañerismo, sacrificio, ejemplaridad, excelencia profesional o sentido del deber.

Sería muy deseable que este último cuatrimestre podamos dar noticias positivas, depende de nosotros.

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