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El bienquedismo no será suficiente para afrontar con éxito la transición energética

Resulta cada vez más evidente que la -necesaria e irrenunciable- transición hacia un nuevo modelo energético que se base en las energías renovables no va ser una carrera al sprint. Más bien, se intuye que será todo lo contrario. Una prueba de fondo en todo regla.

En los últimos días se está comentando, especialmente desde tierras germanas, que la descabonización energética se puede completar para el año 2035. Yo, sin embargo, me muestro  considerablemente menos optimista, respecto a tan ambicioso objetivo. De hecho, creo que el proceso de reducir a cero las emisiones de carbono -especialmente de CO2- se va a demorar bastante más en el tiempo.

Algunas dudas de las energías ecofriendly

No obstante, pronósticos y quinielas aparte, lo que parece bastante evidente es que todos los países interesados en completar con éxito esta transformación ecológica van a necesitar recurrir a otras energías menos ‘ecofriendly’. Al menos, hasta que se definan todas las incertidumbres que rodean a las renovables y sea posible y viable una energía 100% ‘verde’. En este sentido, a día de hoy son, todavía, múltiples las dudas en relación al almacenamiento energético de las energías renovables y la existencia de una solución factible que lo permita.

Pues bien, desde Europa parece que el concepto está bastante claro. Así lo demuestra la Comisión Europea y su intención de otorgar al gas y la energía nuclear – de forma temporal, repito temporal– la etiqueta de ‘verde’. Todo un ejercicio de practicidad y de realismo desde Bruselas.

Ahora bien, como era de esperar, la polémica y las diferencias entre los distintos países miembro se han hecho evidentes. Destacar dos bandos principales. Por un lado, Francia: firme defensor de la energía nuclear –toda una superpotencia mundial en este aspecto. Por otro lado, Alemania: partidaria de que el gas sea reconocida como verde –como alternativa a la nuclear, tan denostada por los teutones-.

Dos posturas diferentes, dos soluciones distintas para facilitar y hacer real la transformación energética hacia un modelo verde.

Pues bien, la postura del Ejecutivo español, a día de hoy, es la del rechazo sistemático de ambas. Todo un ejercicio de dignidad y ‘bienquedismo’ que, sin embargo, choca frontalmente con la realidad.

En un contexto en el que precio de la luz se ha disparado –acaparando titulares día tras día hasta la saciedad-, pretender afrontar la transición energética renunciando a la nuclear y al gas -al mismo tiempo que se pretende que la factura de luz baje- es sencillamente utópico.

Dada la inexistencia de Gas en España  y el precio al que este se encuentra, la renuncia por sistema hacia la energía nuclear es un lujo que, sinceramente, no nos podemos permitir. La transición energética hacia una energía 100% renovable probablemente tampoco.

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ECO3-octubre-2021

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