ODS 2030: ¿La Agenda (In) Sostenible?

Periodista y director de Comunicación y RSC
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La presente Agenda es un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad. También tiene por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de la libertad. Reconocemos que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema, es el mayor desafío a que se enfrenta el mundo y constituye un requisito indispensable para el desarrollo sostenible”. En septiembre de este año se cumplió un lustro de la puesta en marcha por parte de Naciones Unidas del llamado “nuevo contrato social” en el planeta, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una guía para gobiernos y organizaciones de todo tipo que supone un reto de organización para la Humanidad a todos los niveles.


“Hagámonos partícipes de la petición de António Guterres e incorporemos la filosofía de los ODS a nuestra cotidianidad”

La Agenda marchaba lustrosa, nunca mejor dicho. Sin embargo, la COVID-19, “una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes”, según un reciente informe de la ONU de balance sobre el avance de los ODS, amenaza las vidas y los medios de subsistencia de millones de personas y somete a los Objetivos a una presión y tensión sin precedentes tras sus primeros cinco años de ejecución. El coronavirus ha expuesto y exacerbado las desigualdades e injusticias existentes, asegura el organismo planetario. Prácticamente todos los indicadores han caído con estrépito desde que llegó la pandemia y seguramente se perderán décadas de crecimiento sostenible si la enfermedad sigue generando injusticias sociales, económicas y, por qué no, también medioambientales.

La cuestión en este momento es saber qué hacer. Los ODS es –o era– uno de los pocos elementos de cohesión planetaria y humana que existen –o existían– hoy en día ante los desbarajustes ideológicos y políticos que acontecen por doquier. De momento no hay negacionistas –ni habrá, espero– que rebatan el contenido de la Agenda pero la pesadumbre de los acontecimientos patológicos en los cinco continentes amenaza con derrumbar una de las ilusiones más compartidas por los seres humanos en uno de los períodos más largos de paz y prosperidad tecnológica que se haya visto jamás.


“Se perderán décadas de crecimiento sostenible si la enfermedad sigue generando injusticias sociales, económicas y medioambientales”

En la era de la sostenibilidad, nuestros descendientes futuros, tanto humanos como robots, no nos perdonarían que no perdurara en el tiempo una Agenda tan sólida y aceptada por tantos actores a nivel mundial. Debemos, por lo tanto, no cejar en nuestro empeño de aplicar a nuestra actividad diaria todos los objetivos y metas que hayamos propuesto en nuestras organizaciones y, por qué no, objetivos y metas también que nos hayamos marcado a nivel personal. El secretario general de las Naciones Unidas ha hecho un llamamiento a renovar la ambición, la movilización, el liderazgo y la acción colectiva de inmediato, no solo para vencer la COVID-19, sino para recuperarnos de una manera mejor y conjunta.

Hagámonos partícipes de la petición de António Guterres e incorporemos la filosofía de los ODS a nuestra cotidianidad. Además de las ventajas sociales y medioambientales, la economía agradecerá una gestión de crecimiento íntegro y, sobre todo, que nos permita permanecer en el tiempo. Rousseau decía que todo hombre es útil a la humanidad por el simple hecho de existir. Lenguaje inclusivo a parte, me atrevería a matizar al pensador nacido en Ginebra y a afirmar que en el año 2020 y sucesivos toda persona será útil a la humanidad por el simple hecho de contribuir a la Agenda 2030. No sé si ahora habrá Revolución –como la francesa– pero el mundo no será lo que merecen generaciones futuras si no somos sostenibles.

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