Revista | Economía 3 septiembre

Los hábitos saludables en la Comunitat, ¿una quimera?

El 67% de los valencianos está preocupado por su dieta, pero solo el 1% acude al nutricionista para aprender a comer bien. Así lo indica una encuesta de Codinucova

Ilustración: Javier Gracia

Atendiendo a según qué tendencias, puede parecer que la sociedad avanza inexorablemente hacia unos hábitos de vida más saludables. En la Comunitat, la evolución no es tan prometedora como a priori se piensa, pero organizaciones como la Fundación Trinidad Alfonso o Imed se esfuerzan por fomentar la vida sana entre la sociedad valenciana.

El 67% de los valencianos están preocupados por su dieta, pero solo el 1% acude al nutricionista para aprender a comer saludablemente. Así lo indica una encuesta del Colegio de Dietistas y Nutricionistas de la Comunidad Valenciana (Codinucova) a 100 profesionales de la nutrición. Determinan que mientras el 90% de los que acuden al dietista lo hacen para perder peso, el 33 % por motivos de obesidad y el 30% para mejorar su estética, solo el 12 % pasa por consulta para vivir más saludablemente y un insignificante 1% lo hace para aprender a comer. Y todo ello teniendo en cuenta que la percepción de los especialistas ya está sesgada, pues su contacto es con la población quizá más preocupada.

Según el estudio, el desayuno es la peor comida que realizan los niños valencianos a causa de la publicidad engañosa, mientras que la soledad es la culpable de que la peor comida que realizan nuestros mayores sea la cena. Además, tres de cada cuatro jóvenes valencianos de 18 a 30 años comen fuera de casa productos como precocinados, bocadillos o comida rápida. En este sentido, Luis Cabañas, secretario de Codinucova, observa una evolución contradictoria: “Por un lado, parece que crece la preocupación por la salud y los programas de alimentación saludable, pero resulta que tenemos más obesidad, más sobrepeso y la tasa de diabéticos no deja de subir cada año. La gente no sabe cómo comer porque somos el único país de Europa en el que el dietista-nutricionista no está en la salud pública”, explica, mientras denuncia la obligación de la población de acudir a la vía privada para cubrir esta necesidad, algo que no todo el mundo puede permitirse.

“Hasta los 30 años estamos muy supeditados a seguir las recomendaciones de la publicidad y la población de 30 años hasta la jubilación no tiene tiempo para comer mejor”, señala el nutricionista, que corrobora que los niños comen muchos dulces y que la población de 8 a 40 recurre mucho a congelados y comida rápida o procesada. La gente más mayor come sobre todo pan, arroz y cereales en general, lo que implica un déficit de proteína en sus dietas. Otro estudio del Colegio concluye que el 90 % de los pacientes con enfermedades asociadas (enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes tipo 1 o 2…) necesitan un nutricionista que les garantice que están comiendo bien, pero solo el 13 % tienen acceso a uno.
Según datos del Institut Valencià de Seguretat i Salut en el Treball, entre el 30 y el 60 % de los accidentes mortales en el trabajo en la Comunitat vienen ocasionados por patologías traumáticas, es decir, accidentes cardiovasculares que pueden prevenirse con mejores hábitos de vida.

¿Qué pueden hacer las empresas?

En cuanto al fomento de la vida saludable desde las empresas, Cabañas remite a la Declaración de Luxemburgo, el documento que establece los principios básicos de actuación y marco de referencia para la buena gestión de la salud de los trabajadores. Las organizaciones se pueden adherir a esta declaración, la cual pretende, apunta el especialista, “superar las mejoras realizadas en materia de prevención de riesgos laborales” y evolucionar hacia la empresa saludable. “Se debe reducir la accidentabilidad, pero también las enfermedades crónicas”, subraya Cabañas, que también invita a solicitar la incorporación a la Red Europea de Empresas Saludables.

Según la Red Europea de Promoción de la Salud en el Trabajo (ENWHP), por cada euro invertido en promoción de la salud en el trabajo, las empresas se pueden ahorrar entre 2,5 euros y 4,8 euros en absentismo y entre 2,3 y 5,9 euros en costes derivados de una enfermedad. “Ante un pico de estrés en el trabajo buscamos un placer inmediato. Ahí tiene que estar la empresa, que tiene que hacer de la opción más saludable la más sencilla”, afirma Cabañas. Por ejemplo, comprar fruta a granel.

Comprar a granel, clave en el ahorro

¿Es el precio de los alimentos uno de los factores que nos llevan a comer mal? Luis Cabañas señala que esto es una falsa dicotomía: “Se dice que el producto menos sano es el más barato, pero lo que de verdad encarece la compra es no planificarla”. Según aconseja, acciones como comprar productos a granel en un mercado o, ante un pico de hambre, tomar una pieza de fruta, conllevan un ahorro de tiempo, ya que no hay que comprar algo específico; pero también de dinero, pues los frescos son más baratos que los procesados y, además, “dos peras sacian más que cuatro donuts”, lo cual comporta un ahorro económico.

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