Tipos negativos: ¿Qué significan para el inversor?

Cofundador y presidente de Colectual
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¿Qué hay detrás de un tipo de interés negativo y por qué alguien es capaz de comprar una cosa para venderla después por menos dinero?. Desde hace poco más de dos años, en los países occidentales empezó a hablarse con cierta frecuencia de los tipos de interés negativos. Hasta entonces era algo que pocos sabían que se habían dado antes en Japón, una economía lejana y de la que tenemos pocas noticias.

El concepto ‘tipo de interés negativo’ parece una contradicción. El tipo de interés es el precio del dinero y los precios parece que siempre tienen que ser positivos. El precio representa el valor de una cosa, que puede ser mucho, poco o nada, pero que valga menos que nada no es fácil de comprender.

Corren tiempos revueltos en el mundo de las inversiones. Las incertidumbres económicas (guerra comercial USA-China, debilidad del crecimiento económico, Brexit, sectores con problemas…), unidas a incertidumbres políticas tanto en la UE como en varios de sus países miembros (UK, España o Italia), conforman un escenario donde los inversores buscan donde “refugiarse”, hasta que vengan momentos mejores.

Nadie sabe cómo pueden acabar de resolverse los conflictos abiertos, pero mientras tanto, los inversores buscan “activos refugio” que les permitan al menos limitar las pérdidas posibles. Así, una buena parte de las emisiones de deuda pública europea tienen rentabilidades negativas, incluso para plazos muy largos (el bono alemán a 10 años cotiza al -0.66%).

Y tienen esos precios negativos, porque hay demanda de esos títulos por parte de inversores institucionales (fondos de inversión o de pensiones, bancos…), que prefieren tener esa ‘pérdida máxima’ antes que invertir en otros activos que les parecen más arriesgados.


Se puede ganar dinero con tipos negativos si las expectativas apuntan a que en el futuro van a ser más negativos y la rentabilidad diferencial será positiva.

Por otro lado, esa pérdida máxima sólo se materializa si el bono se cobra a vencimiento del título, pero como son activos que cuentan con bastante liquidez, permiten que el inversor salga del refugio cuando encuentre una oportunidad de inversión que considere mejor

Un ejemplo puede ayudar a comprenderlo mejor. Supongamos que un inversor (pongamos un banco) hubiese comprado el día 2 de enero pasado, deuda pública española a 2 años.  Lo habría hecho con una rentabilidad del -0.23% (negativo, sí, algo aparentemente absurdo). Sin embargo, si decidiese hoy vender ese título, considerando que esa misma deuda a dos años cotiza al -0.50%, lo que en realidad habría tenido es una ganancia del 0.27% (27 puntos básicos en la jerga del sector), en esta operación.

En resumen, que se invierte en activos a tipo negativo cuando constituyen la alternativa menos mala que otras, y generalmente se hace en un activo refugio que pueda contar con liquidez cuando lo necesite. Además, se puede ganar dinero con tipos negativos si las expectativas apuntan a que en el futuro van a ser más negativos y la rentabilidad diferencial será positiva.

Como vemos, a veces los inversores institucionales tienen que recurrir a inversiones aparentemente sin sentido (tipos negativos) cuando no tienen opciones que consideren mejores para invertir. Por fortuna, un ahorrador o un inversor normal no necesitan esta clase de soluciones complejas y disponen de opciones de inversión que tienen una interesante rentabilidad y que no dependen de las coyunturas económicas o políticas que comentábamos antes.

El “crowdlending” es una de estas opciones. Permite que un inversor obtenga una excelente rentabilidad en plataformas como Colectual, registrada en la CNMV y especializada en préstamos participativos a Pymes responsables para proyectos concretos. Así el inversor obtiene rentabilidad y a su vez, apoya a un desarrollo económico más sostenible.

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